2000, el año en que se averió el pop

<p>El 2000 empezó con<strong> Christina Aguilera</strong> dominando las listas de éxitos de Estados Unidos con <i>What a Girl Wants </i>y terminó con las<strong> Destiny’s Child </strong>y su <i>Independent Woman </i>encumbrado como número 1 durante tres meses. Pero si hubo un hit incontestable aquel año fue el <i>Breathe </i>de <strong>Faith Hill</strong>, la primera canción <i>country </i>que llegaba al podio desde los años 60 y que escucharía una <strong>Taylor Swift </strong>de 10 años (sería la razón por la que les pediría a sus padres que la llevaran a Nashville, la meca del <i>country</i>). Pero el 2000 marcó un punto de inflexión en la música pop y no precisamente de celebración de un nuevo milenio: <strong>la complejidad de las canciones disminuyó significativamente</strong>, según las conclusiones del estudio científico<i> Trayectorias y revoluciones de la melodía popular basadas en las listas de éxitos estadounidenses de 1950 a 2023,</i> publicado en la revista <i>Nature</i>.</p>

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 Un estudio científico revela que la complejidad de las canciones se ha reducido en las últimas décadas  

El 2000 empezó con Christina Aguilera dominando las listas de éxitos de Estados Unidos con What a Girl Wants y terminó con las Destiny’s Child y su Independent Woman encumbrado como número 1 durante tres meses. Pero si hubo un hit incontestable aquel año fue el Breathe de Faith Hill, la primera canción country que llegaba al podio desde los años 60 y que escucharía una Taylor Swift de 10 años (sería la razón por la que les pediría a sus padres que la llevaran a Nashville, la meca del country). Pero el 2000 marcó un punto de inflexión en la música pop y no precisamente de celebración de un nuevo milenio: la complejidad de las canciones disminuyó significativamente, según las conclusiones del estudio científico Trayectorias y revoluciones de la melodía popular basadas en las listas de éxitos estadounidenses de 1950 a 2023, publicado en la revista Nature.

Los investigadores de la Universidad Queen Mary de Londres, Madeline Hamilton y Marcus Pearce, han desarrollado un completo análisis de las canciones que han escalado hasta el top cinco de la lista Billboard- la referencia en Estados Unidos- desde los años 50 hasta la actualidad. Y han constatado dos momentos de declive en la complejidad melódica de los temas: el año 1975 y el 2000. «Aunque la complejidad de las melodías populares parece haber disminuido en las últimas décadas, esto no sugiere que la complejidad de otros componentes musicales -como la calidad o las combinaciones de sonidos- también haya disminuido», matizan. De hecho, ese declive melódico podría deberse a un aumento de la sofisticación de otros elementos musicales, como un mayor número de notas tocadas por segundo o una mayor calidad del sonido gracias a los instrumentos digitales.

A pesar de que el informe de Universidad Queen Mary es aún preliminar y se adentra en un campo en el que los estudios científicos son aún limitados e incompletos, sí arroja ciertas pistas sobre la evolución musical de las últimas décadas. Su metodología determina la complejidad de una melodía por elementos como la rítmica, el rango e el intervalo de tono, la densidad de notas (así como su duración y variabilidad), la sincronización… De ahí sus conclusiones basadas en la estadística: desde 1950 hasta 1974 las melodías tenían una complejidad teórica relativamente alta, que decrece en 1975 y aún más en el 2000.

Si Elvis fue el Rey de los años 50, los Beatles y los Rolling Stones dividieron los años 60 y los Bee Gees, Elton John y Stevie Wonder triunfaron en los 70. A partir de 1975 se produce el primer punto y aparte en la complejidad melódica, debido al ascenso de nuevos géneros como la new wave, el disco y el rock de estadio. Sin embargo, ese descenso no fue tan acusado como el del 2000.

¿Escuchamos peor música en el nuevo milenio? «El estudio es incapaz de asignar juicios de valor a la música que analiza. Atribuir estas constataciones a que la música más reciente es mala o a que sus oyentes tengan mal gusto sería ir más allá de la evidencia científica hacia los reinos de las opiniones subjetivas», advierten Hamilton y Pearce. También reconocen las «limitaciones» de su propio análisis, que solo incluye las cinco canciones más populares de cada año, por lo que no puede representar la música pop occidental en toda su extensión. «Se necesita un conjunto de datos de melodías mucho más grande para verificar la validez del estudio», apuntan. Y añaden que la complejidad de una pieza musical no está relacionada con el placer que provoca: «Más bien, los oyentes prefieren piezas de complejidad intermedia«.

La música fácil no es más que un signo de los tiempos modernos para el filósofo y crítico musical Mark Fisher, uno de los grandes teóricos británicos fallecido en 2017 y del que se recupera una de sus demoledoras conclusiones: «Estamos abrumados por el ritmo rápido de la cultura moderna y el progreso tecnológico y, por lo tanto, no tenemos la capacidad mental para disfrutar o crear arte verdaderamente complejo o novedoso».

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