<p>Treinta años ha tardado <strong>Noah Wyle</strong> (Los Ángeles, California, 1971) en estar en la cresta de la ola. Era un actor reconocido tras 11 temporadas de <i>Urgencias</i> y papeles en el cine como <i>Algunos hombres buenos</i>, de Rob Reiner, pero ha sido con <i><strong>The Pitt</strong></i>, la serie dramática que acaba de estrenar su segunda temporada en <strong>HBO</strong>, cuando realmente se ha instalado en su parnaso.</p>
El actor estadounidense atraviesa el momento más dulce de su carrera gracias al éxito de unos de los fenómenos televisivos de la temporada: The Pitt
Treinta años ha tardado Noah Wyle (Los Ángeles, California, 1971) en estar en la cresta de la ola. Era un actor reconocido tras 11 temporadas de Urgencias y papeles en el cine como Algunos hombres buenos, de Rob Reiner, pero ha sido con The Pitt, la serie dramática que acaba de estrenar su segunda temporada en HBO, cuando realmente se ha instalado en su parnaso.
El Globo de Oro y el premio Emmy a mejor actor de drama, sumado al de mejor drama como productor ejecutivo, le ha dado una validación inesperada a estas alturas. No es de extrañar que considere «una bendición» lo que le está pasando.
Es miércoles y, entre escena y escena, Wyle interrumpe el rodaje en los estudios de Warner para sentarse a charlar con un grupo de periodistas, con EL MUNDO entre ellos. Vestido, claro está, con su uniforme médico.
- Tanto el creador de la serie, Scott Gemmill, como John Wells, productor ejecutivo, reconocen que hubo dudas a la hora de hacer otro drama médico. ¿No hubo temor a ser redundantes tras Urgencias?
- Cuando nos reunimos para hablar de hacer otra serie médica, el miedo a estropear nuestro propio legado fue tan grande que nos separamos y pasamos un año entero sin volver a tocar el tema. Hasta que sentimos que la necesidad era real. Siento que The Pitt tiene vasos comunicantes con Urgencias, pero desde el principio lo sentimos como un animal diferente.
- ¿En qué lugar cree que deja la serie el estado actual del sistema sanitario de su país?
- Creo que Urgencias representaba muy bien nuestro sistema sanitario de entonces y esta serie también lo hace con el actual. Hemos intentado no ser políticos ni tendenciosos, sino representativos. La serie es honesta. Está centrada en la experiencia de los profesionales, no tanto en los pacientes. Reflejamos solo la realidad de una sala de urgencias en Pittsburgh.
- Se habla de The Pitt como parte del renacimiento del drama médico. ¿Por qué cree que conecta ahora con el público?
- Porque rompe el cinismo del espectador actual. Hemos eliminado el artificio: no hay música que te diga cómo sentirte, la cámara se mueve sin avisar. Todo ocurre delante de ti. Eso obliga a una atención activa. Especialmente para los jóvenes, acostumbrados a detectar la manipulación emocional. Esta clase de honestidad genera una implicación distinta.
«The Pitt conecta con el público porque rompe con su cinismo. Hemos eliminado el artificio y la manipulación emocional»
- Les han acusado de ser excesivamente gráficos. Algunas escenas, como la del parto en la primera temporada, tuvieron un impacto considerable.
- Sí, hicimos que explotaran algunas cabezas (risas). Pero hay dos experiencias universales para todos los seres humanos: el nacimiento y la muerte. Se han mostrado miles de veces en el cine y la televisión. Lo que hicimos fue ralentizar ese proceso hasta el tiempo real. El mundo se detuvo. Y, sin embargo, así es como ocurre en realidad: así se entra en la vida y así se sale. Que hoy eso resulte incómodo o tabú dice mucho más del momento que vivimos que de la serie. Para mí, fue casi un ejercicio educativo.
- Tras el éxito de la primera temporada, ¿han vuelto con presión añadida?
- Ninguno esperaba que la serie fuera tan importante para el público. Quizá popular o bien recibida por la crítica, sí, pero no un refugio para los espectadores como un recordatorio de humanidad, cuidado y decencia en tiempos muy oscuros. Entendemos que esto ya no es solo una serie, es un bálsamo. No podíamos relajarnos, teníamos que trabajar el doble.
- ¿Por qué cree que un reconocimiento como el Emmy le ha llegado ahora y no antes? ¿No será que ahora domina más el oficio?
- Porque antes no me lo merecía (apunta con ironía y una sonrisa). No lo sé. El Emmy fue una validación hermosa, pero no la prueba de una actuación perfecta. He hecho trabajos sólidos antes, y otros actores han hecho trabajos extraordinarios sin ese reconocimiento. Los premios son un juego de azar en muchos sentidos. Ahora bien, también es cierto que he trabajado 30 años para mantener mi técnica afilada hasta el punto de que ahora es prácticamente a prueba de bombas. Puedo trabajar de madrugada, en cualquier continente, en mi cumpleaños o bajo la lluvia. Todo lo que necesito es acceso a un café negro y lo demás aparece. Tengo esa sensación de confianza, de haber cruzado un umbral.
- Nadie sabe cuánto puede durar una serie de streaming. ¿A usted qué le pide el cuerpo?
- Es un pequeño juego que nos gusta hacer en el tráiler de maquillaje. Yo pregunto: «¿Durante cuántos años queréis hacer esto?». Y todos dicen: «20». Y yo respondo: ‘No, no, veinte no’. Luego digo: ‘¿Qué tal tres?’. Y ellos contestan: ‘No, no, ¿y 12?’. Y así vamos. La verdad es que durará mientras se sostenga por sí sola. Esta temporada va a ser clave para determinarlo. Si el público sigue conectado, la serie tiene futuro.
- Eso significaría estabilidad laboral en Hollywood, un bien cada vez más escaso en la industria. ¿Cuánto ha cambiado desde que empezó a trabajar?
- La situación actual, en términos de estabilidad laboral, hace que mucha gente se plantee irse de la ciudad. Es una pregunta compleja, porque si echo la vista atrás, hace 30 años, cuando trabajé por primera vez en este estudio, el recinto estaba lleno. Tres décadas después, cuando rodamos la primera temporada, éramos la única serie en este lugar. Al principio, parecía un pueblo fantasma. Ahora hay mucho menos trabajo que en los últimos ocho años. Gran parte de esa producción se fue de Los Ángeles en busca de incentivos fiscales: a Georgia, Nueva Orleans, Oregón, Atlanta. Y durante la huelga, esos lugares fueron aún más lejos: Seychelles, cualquier sitio donde pudieran esquivar leyes laborales y sindicales. Ese es el verdadero problema.
- ¿Es la situación tan crítica como algunos la pintan?
- No es un escenario apocalíptico porque este siempre ha sido un negocio de altibajos. Yo crecí en Los Ángeles, mi padre era productor de cine. Era un sistema de abundancia o de escasez. Un año comíamos bien si había una película en marcha, y si el proyecto se caía, no. Es una montaña rusa.
- ¿Qué significa The Pitt para usted, a nivel personal?
- Ha sido la respuesta a una oración. Nunca pensé que volvería a estar en esta posición de privilegio.
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