El asombroso futuro del cine cutre

<p>Lo hemos visto cientos de veces. <strong>El texto «Hollywood está acabado» acompañando un vídeo breve elaborado con inteligencia artificial donde se mezclan los personajes de algunas películas taquilleras,</strong> como cuando de niños volcábamos todas nuestras figuritas de acción sobre la misma alfombra. Lo que estas piezas confiesan en realidad es que Hollywood es invulnerable, al menos en el imaginario de sus autores. En realidad todo el mundo consciente de este cambio de paradigma tecnológico tiene la mirada puesta en la meca del cine, como si fuese un palacio a punto de derrumbarse. Cuando quizás lo más interesante ya esté sucediendo a nuestras espaldas.</p>

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 La respuesta a la amenaza de la Inteligencia Artificial se encuentra en el pasado, en el Hollywood más clásico de los grandes estudios  

Lo hemos visto cientos de veces. El texto «Hollywood está acabado» acompañando un vídeo breve elaborado con inteligencia artificial donde se mezclan los personajes de algunas películas taquilleras, como cuando de niños volcábamos todas nuestras figuritas de acción sobre la misma alfombra. Lo que estas piezas confiesan en realidad es que Hollywood es invulnerable, al menos en el imaginario de sus autores. En realidad todo el mundo consciente de este cambio de paradigma tecnológico tiene la mirada puesta en la meca del cine, como si fuese un palacio a punto de derrumbarse. Cuando quizás lo más interesante ya esté sucediendo a nuestras espaldas.

The Asylum lleva casi treinta años siendo la fábrica de cine cutre más eficiente de todos los tiempos. Presumen de lanzar veinticinco películas al año, a las que denominan con orgullo «mockbusters«, plagios chapuceros diseñados para convivir con el estreno del momento y poder parasitar su éxito. Por poner un ejemplo, son ellos los que consiguieron que un mes antes de estrenarse Transformers (Michael Bay, 2007) ya estuviese disponible en DVD Transmorfers (Leigh Scott, 2007). No son los primeros en llevar a cabo estas maniobras fraudulentas, los de mi quinta recordamos las cochambrosas secuelas de Alien y Terminator que volaban desde Italia hasta nuestros videoclubs. Pero sí son los únicos que han hecho de esta estafa una seña de identidad juguetona, conscientes de que existen espectadores ahí fuera que celebran la cochambre como si fuese una forma de comedia.

A día de hoy los degustadores de basura corren el peligro de quedarse huérfanos. Quién le iba a decir a The Asylum que acabaría brotando una tecnología baratísima capaz de imitar a la perfección el aspecto final de las películas multimillonarias. Un milagro tan redondo que parece soñado por ellos mismos hace veinte años, en la misma tarde en la que se les ocurrió intercambiar dos consonantes del título de una película de Michael Bay. ¿Cuántos meses tardará su cine, y el de cualquier productora humilde, en ser indistinguible de las películas que estrena Disney en temporada alta? ¿Qué le quedará a Hollywood cuando la espectacularidad esté al alcance de todos?

La respuesta quizá esté el pasado, en la época más gloriosa de los grandes estudios, en la que el capital humano, los autores en el horizonte y las estrellas en el firmamento, era lo que diferenciaba Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) de un western olvidable rodado en el mismo poblado con la misma cantidad de extras y caballos. En este futuro que estoy vaticinando si Hollywood quiere seguir brillando quizás tenga que volver a ser dorado.

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