Un Sant Jordi de Nobel, con el glamur que da tener a la autora de moda de las letras coreanas, Han Kang, paseando y firmando libros en Barelona. Una delicatessen que solo recuerdan los veteranos que vieron a José Saramago en 2004: tenía 81 años y acababa de publicar su mítico Ensayo sobre la lucidez. Si aquel año Saramago causó auténtica expectación (era la primera vez que un Nobel daba el pistolezado de salida a la Diada literaria), Han Kang tiene mucha competencia internacional, empezando por la británica Ali Smith, el best seller Joel Dicker o la francesa Amélie Nothomb con su fiel legión de fans en Barcelona…
Lucía Solla Sobral y el fulgurante éxito de Comerás Flores, Eduardo Mendoza y su polémica con Puigdemont o David Uclés, polémico per se, protagonizan el arranque de un Sant Jordi que busca de nuevo batir su propio récord en Barcelona
Un Sant Jordi de Nobel, con el glamur que da tener a la autora de moda de las letras coreanas, Han Kang, paseando y firmando libros en Barelona. Una delicatessen que solo recuerdan los veteranos que vieron a José Saramago en 2004: tenía 81 años y acababa de publicar su mítico Ensayo sobre la lucidez. Si aquel año Saramago causó auténtica expectación (era la primera vez que un Nobel daba el pistolezado de salida a la Diada literaria), Han Kang tiene mucha competencia internacional, empezando por la británica Ali Smith, el best seller Joel Dicker o la francesa Amélie Nothomb con su fiel legión de fans en Barcelona…
Aunque Kang empezaba a firmar a mediodía en la Central del Raval, desde las 7.30 h de la mañana ya había lectores haciendo cola en la calle. La editorial había advertido que solo firmaría 100 ejemplares, aunque había más de 200 personas esperando en las callejuelas del Raval. Otra norma: nada de fotos ni selfis. Sonreía con corrección asiática, acompañada de una intérprete que le escribía los nombres de los fans, como el de Xcaret, joven mexicana que le ha regalado una bonita postal del cosmos, porque «en su libro habla mucho de astrofísica, de creación y destrucción». «Qué inspirador, gracias», ha contestado Kang.
Hacía tiempo que no se recordaba un debut tan espectacular como el de Lucía Solla Sobral: su Comerás flores ya es un fenómeno editorial reflejado en la larga cola de lectores con el libro de portada amarilla. Desde primera hora no ha dejado de firmar, eclipsando al televisivo Vicente Vallés, a su lado en paseo de Gracia.
Pero de quien más se viene hablando desde la pasada semana es de Eduardo Mendoza, la «superestrella» en palabras de Sergio del Molino, que firmaba casi a su lado. Arropado por el presidente de Planeta, Josep Crehueras, Mendoza ha llegado unos minutos antes a la firma de su nuevo libro, La intriga del funeral inconveniente (Seix Barral), tan divertido como él.
«Hoy es el día de los lectores», ha dicho al sentarse a la mesa rodeado por cámaras de televisión. Y es que el bueno de Mendoza se ha convertido en la diana de los independentistas más radicales que, simplemente, no entienden su sentido del humor: retahíla de insultos en redes, los cachorros de Junts apelando al boicot y los ultras marginales incluso pidiendo quemar el libro.
¿Qué hizo Mendoza para desatar la furia independentista? En la rueda de prensa de presentación de su libro comentó: «Hay que decir el Día del Libro. Voy a empezar a hacer la campaña: fuera Sant Jordi. Era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer». Lo dijo con su característica ironía, pero algunos lo interpretaron como un ataque al santo patrón de Cataluña, empezando por Carles Puigdemont que en su «exilio» en Waterloo avivó la controversia calificando a Mendoza de «resentido» contra Cataluña. Precisamente el escritor que le ha dado a Barcelona el más bello de los títulos: La ciudad de los prodigios.
Pero desde que se publicó La intriga del funeral inconveniente, hace dos semanas, ya lidera la lista de los más vendidos y se perfila como uno de los títulos de la jornada, la mejor manera de sellar una polémica estéril. Esa es la «venganza» (por usar las palabras del ex president) del escritor: un feliz Mendoza ha seguido haciendo felices a sus lectores (hace un año el jurado del premio Princesa de Asturias destacó que el escritor es un «proveedor de felicidad» para quien le lee; seguramente, no Puigdemont).
Otro de los autores nacionales que más expectación levanta es David Uclés, que ya es casi un barcelonés más. Porque su oda a Barcelona, La ciudad de las luces muertas, ganó el premio Nadal y ha resucitado el interés por su anterior La península de las casas vacías, todo un fenómeno que sigue entre los libros más vendidos. «Esto es un sueño», ha confesado Uclés ante una larga cola de lectores. «Este Sant Jordi es diferente y más con esta novela que celebra Barcelona, la literatura y a los escritores que han pasado por la ciudad».
Ali Smith, que ayer ejerció de pregonera en el Saló de Cent, ya ha aprendido catalán, al menos para exclamar un sentido «Visca Sant Jordi!». «¡Mirad esto! Hay millas y millas de gente con libros y rosas. Yo lanzaría Sant Jordi al resto del planeta. El mundo cambiaría si fuera una librería gigante«, reivindica la pregonera más entregada con la fiesta y una multitud se sus fans, que le traían varios de sus títulos. «Oh, nunca me he sentido como una estrella de rock. Pero aquí…. Solo me falta la guitarra», bromea. Y sigue firmando.
Libreros y editores esperan repetir -y hasta superar- el récord del año pasado, cuando se vendieron más de dos millones de libros y se facturaron 26 millones de euros. La jornada soleada acompaña.
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