Amaia Montero y sus chicos

Podría cantar Pop, de la Oreja de Van Gogh, en cualquier momento. Y no soy fan del grupo. Como dice Chuck Klosterman en su magistral ensayo Los noventa (Península), me sé la letra de canciones que ni siquiera me gustan. También me sé las idas y venidas de Amaia Montero y sus chicos.

 Lo realmente pop de La Oreja es la narrativa que ha culminado con Amaia volviendo al grupo, no sabemos si para devolverlo a lo más alto o para destruirlo desde dentro. O para las dos cosas, porque el fenómeno LODVG es bien contradictorio  

Podría cantar Pop, de la Oreja de Van Gogh, en cualquier momento. Y no soy fan del grupo. Como dice Chuck Klosterman en su magistral ensayo Los noventa (Península), me sé la letra de canciones que ni siquiera me gustan. También me sé las idas y venidas de Amaia Montero y sus chicos.

Por supuesto, y no sólo para escribir esta columna, he estado muy al tanto del reaparecer de Montero al frente de La Oreja en una esperadísima gira. En las horas posteriores, mi móvil se inundó de fotos y vídeos del acontecimiento. Y de memes. Y de discusiones sobre si Amaia estaba bien o mal. Si aguantará el tour o no. Si guapa y diosa, acabada y patética o todo lo anterior.

Qué distinta suena Pop ahora: «Eres la reina del pop, una diva sin nombre un montón de ilusión». En su momento, el año 2000, era una canción irónica. En el videoclip, una versión «plastificada» de La Oreja de Van Gogh la interpreta, pero también vemos cómo es el grupo «real» el que realmente pone los instrumentos y la voz. Los otros sólo hacen playback. La Amaia plastificada es excesiva, artificial, rubia y cardada; la real es una chica normal, con su cazadorita vaquera y su media melenita castaña. Estaban todos en los 20. Hoy frisan los 50 y ya no son una pandilla de Donosti, sino una diva (con nombre) y algunos chicos más.

Lo realmente pop de La Oreja es la narrativa que ha culminado con Amaia volviendo al grupo, no sabemos si para devolverlo a lo más alto o para destruirlo desde dentro. O para las dos cosas, porque el fenómeno LODVG es bien contradictorio. Es un conjunto mayoritariamente masculino pero su cantante, una mujer (hola, Blondie), concentra el 95% de la fama. Jamás han recurrido al público gay, pero tienen como lideresa a una de las representantes más claras de algo que esa cultura aprecia: la diva trágica.

En el imaginario de la cultura gay (masculina, blanca, burguesa y/o normativa), la diva trágica es una figura fundamental. Aunque hoy ya no hace falta refugiarse en ese arquetipo para sobrevivir en un mundo cruel. El Molina de El beso de la mujer araña, que se evadía con el recuerdo de una estrella de Hollywood (Sonia Braga en la película de 1985; Jennifer López en la de 2025), ahora es de centro-derecha, hace Hyrox y le grita «guapa» y «reina» a Amaia Montero en Bilbao. Y te amenaza en X si te ríes, porque, como dijo uno ahí (@holasoysilver), Amaia «invoca a Satán intentando versionar a Sinéad O’Connor».

Muchas divas trágicas del pop se tienen que conformar con ser veneradas como mascotas exóticas por hombres que ya no las necesitan para fabricarse un refugio interior. Amaia Montero podría terminar ahí, si es que no lo está ya. Esos fans también estarán ahí, para ella, en lo bueno y en lo malo. Pero dudo que estén para el resto de La Oreja. La reina del pop es Amaia, se le nota en la cara, tiene mucho poder.

 Noticias de Cultura

Recomendación