Ciencia UNAM ha dedicado artículo a explicar este fenómeno y sus implicaciones para las diversas regiones del país. Ciencia UNAM ha dedicado artículo a explicar este fenómeno y sus implicaciones para las diversas regiones del país.
Ciencia UNAM ha dedicado artículo a explicar este fenómeno y sus implicaciones para las diversas regiones del país.
- Redacción AN/ SBH
29 May, 2026 12:33

En los últimos meses, gran parte del mundo sintió los estragos del clima extremo, con olas de calor históricas y patrones de lluvia inusuales. Detrás de muchas de estas anomalías se encuentra un poderoso fenómeno que es mucho más que una irregularidad pasajera: una compleja interacción entre el océano y la atmósfera capaz de dictar el clima de todo el planeta. Se trata del fenómeno de “El Niño”, cuyas versiones extremas hoy preocupan a la comunidad científica internacional.
Las fluctuaciones climáticas asociadas a este fenómeno ocurrieron de forma natural durante miles de años. Los primeros registros formales de estas variaciones de temperatura fueron documentados en 1892 por el capitán peruano Camilo Carrillo, quien detectó una corriente marina cálida en las costas de Perú.
Habitualmente, las aguas del Pacífico frente a Sudamérica son frías, alrededor de 4 °C, y ricas en nutrientes gracias a la corriente de Humboldt. Sin embargo, los pescadores peruanos notaron que, ocasionalmente y cerca de la época de Navidad, las aguas se volvían inusualmente cálidas. Por su coincidencia con la festividad que celebra el nacimiento del niño Jesús, bautizaron esta corriente anómala como “El Niño”.
Décadas más tarde, los científicos nombraron “La Niña” al fenómeno contrario, caracterizado por un enfriamiento anormal de estas aguas.
La ciencia detrás del fenómeno
Para entender a “El Niño” hay que mirar hacia el Pacífico ecuatorial y los vientos alisios. En condiciones normales, estos vientos soplan constantemente de este a oeste, empujando las aguas cálidas hacia Asia y Oceanía. Esto permite que, en las costas de América, asciendan aguas profundas, muy frías y ricas en nutrientes, en un proceso biológicamente vital conocido como surgencia o afloramiento.
Durante “El Niño”, los vientos alisios se debilitan o cambian de dirección, lo que provoca que el agua cálida deje de viajar hacia el oeste y se estanque o regrese hacia el Pacífico central y oriental. Esta enorme masa de agua eleva su temperatura varios grados y transfiere una inmensa cantidad de energía a la atmósfera.
El resultado es un reacomodo climático global. “El fenómeno no sólo puede generar más lluvia, sino además redistribuirla”, explicó la doctora María Luisa Machain Castillo, investigadora de la UNAM. Zonas que habitualmente son lluviosas, como Indonesia o Australia, sufren sequías severas, mientras que las costas de Perú y Ecuador experimentan precipitaciones torrenciales e inundaciones.
Las versiones extremas: el despertar del “Niño Godzilla”
El calentamiento global añadió un factor de alerta a la dinámica del océano. En años recientes se registraron episodios tan potentes que fueron denominados “Super Niño” o “Niño Godzilla”. Este último término fue popularizado entre 2015 y 2016 por la agencia estadounidense NOAA, tras registrar anomalías en la temperatura del mar superiores a los 2.5 °C por encima de lo normal.
“No es un término científico, pero ayuda a dimensionar la magnitud de estos eventos extremos”, señaló la doctora Machain sobre el apelativo de Godzilla.
Los impactos de un Niño extremo son devastadores. El calentamiento del océano reduce drásticamente el ascenso de aguas frías, colapsando la disponibilidad de nutrientes y la productividad del fitoplancton, base de la cadena alimenticia marina. Esto provoca el declive de poblaciones de peces, aves y mamíferos marinos, además de afectar gravemente a la industria pesquera.
Además, el calor oceánico funciona como combustible para los ciclones tropicales, permitiendo que se intensifiquen rápidamente, un factor crítico para las zonas costeras. El año del “Niño Godzilla” también trajo sequías severas en regiones como África oriental.
El impacto actual en México
Para anticipar lo que depara un planeta cada vez más caliente, los científicos estudian microorganismos fosilizados en los sedimentos del fondo marino. Estas “fotografías” biológicas del pasado permiten reconstruir el clima de hace miles de millones de años y entender cómo se adaptará El Niño en el futuro. Los hallazgos demuestran que mirar hacia las profundidades marinas es esencial para predecir el clima del mañana.
Fuentes:
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