Juan Luis Arsuaga: «Me irrita que cuando pido servicios públicos, los políticos me den tolerancia. La tolerancia no quita la fiebre»

Atapuerca convirtió a Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) en una criatura singular, casi mitológica en este país: un científico estrella, un pensador popular. Desde entonces, hace ya más de 30 años, un suspiro para el dueño del cráneo que le cambió la vida, pero una barbaridad para los vivos, se ha convertido en divulgador de referencia. En su último libro, ‘La respuesta’, se pone el disfraz de anciano de la tribu para, analizando la evolución humana, contestar a las grandes preguntas de la existencia.

 Asume el rol de antropólogo estrella para lanzar un mensaje: «Nunca ha habido en España tanto tribalismo. Es una involución grave y evidente»  

Atapuerca convirtió a Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) en una criatura singular, casi mitológica en este país: un científico estrella, un pensador popular. Desde entonces, hace ya más de 30 años, un suspiro para el dueño del cráneo que le cambió la vida, pero una barbaridad para los vivos, se ha convertido en divulgador de referencia. En su último libro, ‘La respuesta’, se pone el disfraz de anciano de la tribu para, analizando la evolución humana, contestar a las grandes preguntas de la existencia.

Como soy hombre de gustos sencillos, las grandes preguntas me las enseñó Siniestro Total: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Hay una variante de la filosofía vasca que yo prefiero: ¿quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos a ir a comer? Esta es mucho más importante y tiene mucha miga porque es una lección de epicureísmo, que es la filosofía en que yo creo y está perfectamente definida ahí. Se podría cambiar lo de comer por qué ópera o museo vamos a ir a ver, pero la idea principal es la misma: ¿quiénes somos, de dónde venimos y qué hacemos con nuestra vida? Porque el problema existencial de las dos primeras cuestiones, que además ya las hemos contestado, está muy bien, pero el problema gordo es, una vez que ya estamos aquí, ¿qué diablos hacemos con todo esto?
¿Todas las preguntas tienen respuesta?
Todas las preguntas científicas sí, porque es lo que las define. La pregunta sólo es científica si puede ser contestada. Y las filosóficas, la mayoría también. Lo que pasa es que a veces permiten más autoengaño.
¿Vivimos tiempos oscuros para la ciencia con este rebrote del negacionismo y la conspiranoia?
No. De verdad creo que no. Al menos, en España. Aquí no tenemos terraplanistas. Son cuatro y yo los considero unos cachondos que lo dicen por joder. Hay un componente de cachondeo. Ojalá conociera un terraplanista que se lo creyera de verdad, me fascinaría. Luego, el creacionismo en España no tiene respaldo, no hay discusión al respecto, y sí hay algo de negacionismo medioambiental, pero es que lo que menos me interesa del medio ambiente es el cambio climático.
¿Por qué?
Porque el cambio climático ya no merece la pena discutirlo porque hay unos datos irrefutables y unos aparatos que se llaman termómetros. ¿Para qué discutir lo indiscutible? Conocí a un político de derechas que siempre me discutía el cambio climático porque consideraba que era lo que le correspondía. Luego ascendió, le tocó gestionar las cuencas hidrográficas, empezó a ver los datos y los gráficos de la cantidad de agua embalsada y me dijo: «Soy del PP, pero esto va muy mal». De todas formas, tengo que dar un curso de negacionismo porque la gente no sabe serlo y hasta para ser negacionista hay que estudiar para hacerlo bien.
¿Qué les enseñaría?
¿Usted quiere ser negacionista? Bien, yo le explico los argumentos que tiene que utilizar, pero no utilice chorradas de cuñado como que este año ha llovido mucho. Bueno, mire, es que toda la precipitación está medida y, a final de año, si quiere hacemos las cuentas. Esas chorradas a lo mejor si funcionan a nivel muy elemental, pero a poco contacto que tenga la gente con la realidad no se las puede tomar en serio. Si vives en Barcelona, sabes que tienes un problema con el agua y con la sequía, no necesitas siquiera datos. En otros países, especialmente Estados Unidos, sí tienen un problema con esto, pero en España no hay negacionistas y lo vimos con el Covid. Mucho antivacunas de boquilla, pero allí fue todo el mundo a pincharse. Teníamos que haber hecho una cola especial para negacionistas en la que se les proporcionase un antifaz para evitarles el ridículo a los pobres.
¿Por qué cree que aquí no ha calado ese fenómeno?
Es curioso porque hemos sido un país muy conservador y muy católico, pero con esto somos tremendamente racionales. No conozco a ningún movimiento negacionista de verdad en España. No lo hay, aunque a lo mejor lo va a haber y no creo que llegue por la extrema derecha, pese a las chorradas que dicen.
Entonces, ¿por dónde?
Por el mundo islámico. En nuestra extrema derecha, no veo a Abascal yendo por ahí, no le interesa lo más mínimo esa batalla porque no se puede ganar aquí. Por ejemplo, en Estados Unidos sí, pero no por el negacionismo en sí mismo. El negacionismo va en una cesta junto a otra serie de contenidos y, aunque es muy vistoso, es casi lo de menos. Es lo que más se ve, pero en ese movimiento ultra reaccionario ser terraplanista es lo de menos entre otras ideas mucho más peligrosas. En Estados Unidos está asociado al fundamentalismo cristiano y allí es muy normal que vayan los padres a quejarse al instituto porque han dicho a sus hijos que venimos del mono. Si algo así pasara aquí, habría una carcajada general.
Bueno, aquí hay polémica con temas como la educación sexual.
Pues, mira, eso me parece bien. No porque yo esté en contra, sino porque cómo se educa en el sexo es una cuestión compleja, en la que puede haber distintas posturas razonables e interesantes para que la gente debata, pero sobre la tectónica de placas no hay nada que debatir. En España es impensable que venga un padre a protestar porque a su hijo le han explicado que los continentes se mueven y eso va en contra de la Biblia. En Estados Unidos es habitual ese argumento, que es como si yo digo que va en contra de Los tres mosqueteros. ¿Usted tiene un libro? Me parece muy bien, todo el mundo puede tener un libro, yo también tengo varios, pero no me venga con tonterías.
Como anciano de la tribu, ¿qué mensaje quiere transmitir al resto?
Lo primero, que se acaben las tribus. Ojalá fuera sólo la tontería esa de la prioridad nacional, es mucho más grave porque está extendiéndose a todo. La política es ahora eminentemente identitaria, aquí todo el mundo tiene una identidad. Nunca había visto tanto tribalismo. No hay provincia que no tenga un partido político local con argumentos del estilo de «No somos menos que nadie» o «A esta provincia no se la humilla». Unas simplezas que las escucha y… joder, ¡qué nivel! Pero si no os quiere humillar nadie. Lo acabamos de ver en Andalucía y ha funcionado. Es una involución evidente, pero lo que me interesa científicamente es por qué cala.
Arsuaga posa en la entrada de su despacho.
Arsuaga posa en la entrada de su despacho.Sergio Enríquez-Nistal
¿Y por qué cree que cala?
Porque está en los genes, porque tenemos un instinto tribal que permanece por más que nos civilicemos. Además, hay muchos tipos de tribus. El equipo de fútbol o la religión, sin ir más lejos. Estamos programados por la evolución para ser muy sociales y por ello necesitamos pertenecer a una tribu. A mí, particularmente, me gusta más la de los amantes de la ópera, que es una tribu que también te conecta con otras personas, compartes momentos y, si me apuras, hasta haces negocios. Está en nuestros genes. Tú, por ejemplo, eres del Atlético de Madrid. Griezmann se fue al Barcelona, dijo que siempre había querido jugar allí, pero luego volvió arrepentido y mira cómo lloraba el público en su despedida. ¿Por qué? Porque estamos deseando tener ídolos y héroes en la tribu. Asociarse está muy bien, porque hay mucha gente sola, pero a mí me gustan más los amigos de la jardinería o del sushi que los de las banderas.
¿Sigue pensando que el hombre es bueno por naturaleza?
Esa es la paradoja. El ser humano acomete constantemente actos de heroísmo, de solidaridad y de cooperación. Ocurre una desgracia, hace falta sangre y todo dios dona. Tres litros, si hace falta. Incluso para otra tribu… siempre y cuando no sea una tribu enemiga. Si hay una catástrofe en Grecia y hace falta sangre de un grupo rarísimo, allá vamos todos con el brazo. Lo que pasa es que, aunque partimos no teniendo nada en contra del resto de tribus, somos muy fácilmente azuzables contra lo diferente.
Ha hablado antes del Islam. Ahí sí estamos viendo que se azuza la confrontación.
El islamismo tienen que evolucionar porque está en la Edad Media. Toda acción desencadena una reacción de la misma intensidad en sentido contrario. En general, el problema de la inmigración en España creo que no es de xenofobia y de exclusión, es de verborrea.
¿Qué quiere decir eso?
Al ciudadano normal, como soy yo, que no nos echen discursos. Cuando voy con mi nieta a Urgencias quiero que me atiendan. Punto. La xenofobia se combate mejorando los servicios públicos. «No, mire usted, tiene que ser tolerante…». Ni tolerante ni hostias, si vengo con la niña con 39 y medio de fiebre, no puedo esperar aquí 24 horas. Lo que me irrita es que cuando pido servicios públicos me den tolerancia, cuando, además, los que me ofrecen los servicios públicos en su mayoría no los usan porque tienen alternativas privadas. No es cosa de razas sino de servicios.
De acuerdo, pero ciertos sectores aprovechan ese colapso de lo público para señalar y culpar a los inmigrantes.
Claro, porque se lo ponen fácil. Fíjate que yo no estoy hablando de grupos ni de razas, digo que tardaron en atender a la niña porque había mucha gente, no muchos magrebíes o muchos colombianos. A mí esa parte me da igual, lo que exijo son medios. ¿Cómo se combate esa ola antimigratoria? Con medios. Si tú llegas al hospital, está repleto de sijs con su turbante y te atienden en 10 minutos, nadie va a decir que hay demasiados sijs. La trampa de los políticos es que me vendas tolerancia como solución, la tolerancia no quita la fiebre. Yo estoy en contra de la de cualquier forma de tribalismo, pero el problema de la sanidad o el de la vivienda no se solucionan echándome un discurso porque, además, tú no tienes problemas de vivienda ni de colegio. Entonces, no le pidas al ciudadano que aguante o que sea tolerante, dale soluciones que es tu deber. Y así es cómo se acaba con la intolerancia.
¿Hemos evolucionado tanto como creemos? Porque leyendo el libro, desde la Prehistoria hasta Ábalos, el 90 por ciento de conflictos y delitos los originan las ansias de poder y de sexo.
El estatus, al fin y al cabo. El mejor puesto, la pareja más guapa, el mejor sueldo… Una cosa que me interesa muchísimo es el tema de las siglas. La gente se vuelve loca por un cargo con siglas como Dircom o CEO. Ya no quiere ser consejero delegado, quiere ser CEO. La ambición nos mueve porque está en nuestros genes. Nuestros genes nos dicen que arriba se vive mejor y es verdad. Eso que nos dicen de que los millonarios sufren mucho no se lo cree nadie. Lo único que nunca perdonaré al colegio de Escolapios al que fui en Bilbao… Bueno, en realidad no es lo único.
¿Tiene muchas cuentas pendientes con ellos?
A ver, tengo una relación regular con los curas. Crecí y viví en el País Vasco de los años de ETA y el vínculo entre ambos, lo que vi allí, no me invita a sentir un especial cariño hacia la Iglesia Católica, por lo que vi allí. En cuanto a la educación del colegio, lo que no les perdonaré nunca es que me dijeran que los delincuentes duermen mal por la noche. Eso es mentira, duermen de puta madre, no como la gente honrada que, aunque tenga la conciencia tranquila, no duerme porque su empresa va a cerrar, se va a quedar en la calle, tiene dos hijos y no puede pagar la hipoteca. Esa mentira no la perdono.
¿Qué gran pregunta queda por responder?
La que más me interesa aún sin respuesta es si hay vida en otros planetas de esta galaxia, pero eso lo vamos a saber. Es contestable porque es una pregunta científica, pero no es metafísica y la ciencia es muy buena haciendo su trabajo.
¿Y por hacer?
Si yo tuviese una nueva pregunta, sería Premio Nobel. No soy tan inteligente. Lo que tiene mérito y merece todos los premios de la Corona es plantear algo que nadie ha pensado antes. Los premios Nobel son los que hacen las preguntas porque la ciencia te garantiza que te la contesta. Dale tiempo o, mejor, dale recursos y te la contesta.

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