Michael Sarnoski, director de ‘La muerte de Robin Hood’: «Robin Hood utilizaba su propia leyenda como un arma para perpetuar la violencia»

El cine nació con Robin Hood. La primera adaptación con maneras de clásico la rodó en 1922 Allan Dwan con un Douglas Fairbanks en leotardos que ni el propio Errol Flynn pudo superar una década más tarde. Y desde entonces, un centenar largo de revisiones, relecturas, copias, versiones y hasta disparates han completado la leyenda de una leyenda más grande que la propia vida y que, en efecto, cualquier otra leyenda. La última de ellas, La muerte de Robin Hood, la firma Michael Sarnoski y la protagoniza un Hugh Jackman agonizante y, admitámoslo, exageradamente cruel. De repente, la historia tantas veces repetida del buen ladrón adquiere el gesto turbio de un criminal acosado por sus fechorías y, otra vez, su propia leyenda.

 El director desmonta de la mano de Hugh Jackman explora el poder de las narrativas para desmontar el mito del buen ladrón en una nueva versión del héroe de los bosques de Sherwood  

El cine nació con Robin Hood. La primera adaptación con maneras de clásico la rodó en 1922 Allan Dwan con un Douglas Fairbanks en leotardos que ni el propio Errol Flynn pudo superar una década más tarde. Y desde entonces, un centenar largo de revisiones, relecturas, copias, versiones y hasta disparates han completado la leyenda de una leyenda más grande que la propia vida y que, en efecto, cualquier otra leyenda. La última de ellas, La muerte de Robin Hood, la firma Michael Sarnoski y la protagoniza un Hugh Jackman agonizante y, admitámoslo, exageradamente cruel. De repente, la historia tantas veces repetida del buen ladrón adquiere el gesto turbio de un criminal acosado por sus fechorías y, otra vez, su propia leyenda.

«Lo que me interesaba explorar era el poder de las narraciones», comenta el director desde el otro lado del zoom por aquello de justificar su osadía. Y sigue: «Si nos fijamos, el propio Robin Hood utilizaba las historias que se contaban de él como una arma de poder para perpetuar su violencia. Su prima, la priora del convento que le traicionó y causó su muerte según el texto canónico, hacía algo parecido, pero en sentido contrario. Ella curaba con sus historias. Pues bien, es precisamente esto lo que hace tan actual el relato de un bandido y un asesino que pasó a la memoria de todos como el héroe de Disney que todos recordamos. Vivimos rodeados de narrativas gracias a internet y las redes sociales con las que construimos mitos y creamos a buenos y malvados; con las que nos encasillamos en nuestras ideologías echando mano de mentiras y bulos si es preciso. Nuestros perfiles de Instagram no hacen nada más que mitificarnos y fabricar una falsa leyenda de nosotros mismos. Vivimos empeñados en ser protagonistas y en tratar a los demás únicamente como personajes secundarios de una historia que nos pertenece. Deberíamos asumir la responsabilidad de las historias que nos contamos».

¿Alguien tenía alguna duda de que Robin Hood habla de nosotros?

La película, tal y como promete el título, narra los últimos días del héroe. Un momento, ¿del héroe? El personaje de Jackman, algo lejos del mito popular, se acerca más al que los historiadores no deslumbrados aún por la construcción romántica describen como un simple bandido y un asesino consumado. «En realidad», vuelve Sarnoski, «la idea no era tanto: ‘Voy a sorprender contando justo lo contrario’. Tampoco es un estudio histórico a la búsqueda de la verdad que desmienta el bulo tan querido por Hollywood. Mi intención, si se quiere, es más modesta. La idea era convertir a dos personajes, Robin y la Priora (a la que da vida Jodie Comer), en dos seres humanos despojados de la leyenda que les envuelve, pero, a la vez, muy conscientes de esa leyenda. Robin se ve a sí mismo como realmente es al mismo tiempo que brega con la culpa de todos los crímenes cometidos y con la culpa de, en efecto, su leyenda». Queda claro.

El director, que antes lo fue de películas como Pig y Un lugar tranquilo: Día 1 insiste en la descripción de personajes solos, desesperados y con una rara vocación suicida. «Me fascina empezar justo en el momento en el que está todo perdido. Es un poco como narrar al revés. Se empieza por un tipo que está espiritualmente muerto, que se dice a sí mismo: «Acepto mi destino. Para bien o para mal, he terminado». Lo que sigue es una exploración que diría pura por comprender el mundo y a los que le rodean. Sabemos que debemos aceptar la oscuridad y la tristeza de nuestras vidas, pero aún así debemos seguir adelante y mantener la esperanza. Pocas veces antes en la historia de la humanidad creo que este mensaje es más pertinente», dice y le creemos.

La leyenda de Robin Hood alimentó como ningún otro mito el cine popular, y optimista por definición, desde sus inicios hasta ahora mismo. «Bien está entonces que la leyenda de la propia leyenda ilumine ahora estos otros tiempos algo más oscuros, concluye.

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