El triunfo de Daniel Crespo a golpe de corazón y la contrariedad de Morante de la Puebla en El Puerto de Santa María

La noticia antes de la corrida y, por tanto, antes de la propia noticia -que fue el triunfo entusiasta y casi rotundo, a golpe de corazón, de Daniel Crespo con el gran lote de la muy mal enlotada y desigual corrida de El Juli-, era que Morante de la Puebla había colgado el cartel de «No hay billetes» para esta su tercera cita en El Puerto de Santa María, la única tarde que faltaba de las cuatro con su nombre anunciado. Un póquer histórico, un hito. Máxime en una plaza de semejante capacidad [10.500 espectadores]. Veinticuatro horas antes había virado el viento a Sur y hacía un calor de caldera, el recalmón que abrasa la tierra. Los abanicos batían en los tendidos repletos. La felicidad no fue plena con la suerte ajena a Morante. Que firmó, sin embargo, lo mejor, demasiado pronto.

 El portuense sale a hombros con un gran lote de El Juli en la tercera cita de «No hay billetes» del maestro, que salda su tarde con una delicatessen pero disgustado.  

La noticia antes de la corrida y, por tanto, antes de la propia noticia -que fue el triunfo entusiasta y casi rotundo, a golpe de corazón, de Daniel Crespo con el gran lote de la muy mal enlotada y desigual corrida de El Juli-, era que Morante de la Puebla había colgado el cartel de «No hay billetes» para esta su tercera cita en El Puerto de Santa María, la única tarde que faltaba de las cuatro con su nombre anunciado. Un póquer histórico, un hito. Máxime en una plaza de semejante capacidad [10.500 espectadores]. Veinticuatro horas antes había virado el viento a Sur y hacía un calor de caldera, el recalmón que abrasa la tierra. Los abanicos batían en los tendidos repletos. La felicidad no fue plena con la suerte ajena a Morante. Que firmó, sin embargo, lo mejor, demasiado pronto.

Enorme trincherazo de Morante
Enorme trincherazo de MoranteCIRCUITOS TAURINOS

En el tiempo comprendido entre las 20.18 y las 20.24 -o sea, seis minutos-, Morante había dibujado una delicatessen para abrir boca, muy suave y despacio. El toro de apertura de la corrida de El Freixo -abrochadito, fino, hechuradísimo, un cuello formidable- hacía las cosas por abajo, gateando. A falta de un empuje cierto, una vida mayor, soltarse o salirse de la muleta, la calidad primaba, esa embestida izquierda… A las 20.18 ya citadas, un cambio de mano, precisamente por ese pitón, señalaba el camino como broche de un prólogo que alumbró tres trincherazos excelsos, anticipo de una trinchera que sería de otro mundo. Y, entonces, seis naturales siderales -esa muleta puesta y posada en el suelo- desembocaron en un pase de pecho que definía Rafael el Gallo: «El pase de pecho nace donde muere el natural». Puso MdlP la piedra angular de la obra y el cénit a la vez, pues la sostuvo el pulso, la fe, la torería, las muñecas, pero la rica embestida no remataba, algo afligida, todo lo que el maestro proponía con los vuelos de la pureza. Una estocada pasada, de tan lenta ejecución como todo, rubricó la delicada pieza y la oreja.

Natural de Manzanares al especial segundo de El Freixo
Natural de Manzanares al especial segundo de El FreixoCircuitos Taurinos

A las 20.48, las mulillas arrastraban a un toro especial que ni la gente vio ni José María Manzanares entendió en su plenitud. O viceversa. Pitorrón, vareado, suelto de salida y luego siempre, sus exquisiteces venían hechas con mimbres mansitos. Pero ese modo de volcar la cara -desde el primer lance-, reducirse, querer coger la muleta con el hocico, hollando el ruedo… Lo que necesitaba eran dos o tres más por serie y no tanto paseo. Pero Manzanares apostó por pasearse, la faena fue derivando, entonada, hacia la querencia, y al natural, incluso al final, quedó la sensación de lo que pudo haber sido y no fue. Todavía, si entierra la espada, tapa la cosa. Un pinchazo en la suerte de recibir, una estocada muy contraria, un descabello. Ovación de consolación. Del toro no se enteraron.

Daniel Crespo sacudió las dos orejas del estupendo y redondo tercero -Nítido se llamaba- con el mismo entusiasmo que había desplegado en su actuación. Eran las 21.20 y la plaza del Puerto hacía sonar las palmas por bulerías para su paisano. Presidió todo la determinación -desde el quite por saltilleras- en pos del triunfo, y a veces ese calambre de la necesidad de quien apenas torea. No las posibilidades del fondo del bravo hasta la muleta, después de arrollar tanto en capotes.

Pero cuando Crespo prologó la faena, en un larguísimo pase de pecho, el toro hizo así. DC creció sobre su mano izquierda, cuando enganchó más la embestida y tocó menos que cuando atacó con la derecha. Fluyó entonces el toreo al natural más categórico. Desde su verticalidad de ciprés, jugó la muñeca. Bramó El Puerto. Tanto con los naturales como con las bernadinas apuradísimas. Empujó con el corazón por delante la estocada y, cuando se pone el corazón en todo, existe la recompensa.

La fortuna desatendió a Morante de la Puebla y, a la vez, le salvó en un par de momentos críticos. Sobre todo, cuando al arrancar la faena a las 21.33, el torito -de tipo muy similar al anterior de su lote- se durmió en la suerte, lo acorraló contra la barrera y escapó de milagro. De un modo más airoso, libró con una serpentina el arrebolado saludo -a una mano primero, por arrebatadas verónicas después, todo muy cerrado en tablas- y la cogida. Nada arredró el valor de MdlP frente a semejante porquería de toro, con perdón. No tanto por fuera como protestó alguna gente -que también- como por su podredumbre interna: ningún poder, ninguna entrega, siempre durmiéndose en la muleta. Allí en los medios. Un largo esfuerzo estéril, también con el acero. La contrariedad invadió la expresión del genio.

El quinto saltó con más cuerpo para confirmar lo raramente que se enlotó la corrida de El Freixo. Fue toro durete. Incluso en la durísima muleta de Manzanares. Anoté un oportuno quite de Morante -siempre tan bien colocado- a Trujillo a la salida de un par. Poco más entre mucha tralla por parte de los contendientes. Las agujas del reloj marcaban casi las diez, y se había hecho eterno.

A las 22.31, la afición paseaba a hombros de Daniel Crespo después de cortar una oreja al buen sexto, que embistió mejor por la mano menos buena del torero: la derecha. El entusiasmo lo presidió todo y Crespo no se dejó nada en el tintero, a golpe de corazón, con el gran lote de la corrida de El Freixo.

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