En el primer acto de El Público, cuatro caballos blancos entran al Gabinete del director con sus trompetas doradas para reclamar la verdad de su pasión desatada. Y, sin embargo, un quinto equino esperaba a las puertas para cuando Lorca ya ni estuviera. No, al menos de cuerpo presente. Con las botas y los pantalones refulgentes de puro dorado, entró galopando sobre la arena del escenario para derribar los muros de toda pasión contenida. Su nombre, Guitarricadelafuente.
El protagonista de la película de Los Javis hizo vibrar a más de 15.000 seguidores en el Movistar Arena
En el primer acto de El Público, cuatro caballos blancos entran al Gabinete del director con sus trompetas doradas para reclamar la verdad de su pasión desatada. Y, sin embargo, un quinto equino esperaba a las puertas para cuando Lorca ya ni estuviera. No, al menos de cuerpo presente. Con las botas y los pantalones refulgentes de puro dorado, entró galopando sobre la arena del escenario para derribar los muros de toda pasión contenida. Su nombre, Guitarricadelafuente.
El alicantino, subido a la ola del renacer lorquiano con el fenómeno de La bola negra, apareció en el Movistar Arena de Madrid con las mismas intenciones que los caballos del poeta granadino: hacer florecer las pasiones más íntimas de los más de 15.000 seguidores que le esperaban en el recinto de la capital. Y también para derribar los muros de una crisis de la vivienda que parece afectar por igual a todos los que se reunieron para acudir al concierto.
Si podía quedar algún atisbo de aquel chico tímido que se escondía tras una guitarra, sentado sobre un taburete en sus primeros conciertos por salas minúsculas de España, definitivamente ha acabado por esfumarse. Guitarrica sigue teniendo ese aspecto de querubín, esa innata dulzura de chico bueno, pero ha descubierto que con el erotismo puede conseguir todo lo que quiera sobre un escenario. Hacia donde él se mueva, todos van detrás. Si él se contorsiona, el público chilla. Y si aparece a pecho descubierto, sus seguidores arden.
Ese cambio para potenciar lo sensual está también en el repertorio que despliega en su espectáculo. De las 18 canciones que lo componen, una decena salen de su último disco, Spanish Leather, que el alicantino toca casi completo -solo quedan fuera Los chicos del club y Sonata nº 9 de los heavies de Gran Vía– y solo dos pertenecen a su primer álbum: Mil y una noches y Caballito. Además, esta última queda desprovista de cualquier inocencia cuando un potente Guitarrica se sube a su pie de micro para cabagarla en lugar de cantarla.
Lo mismo se puede decir de El Conticinio, la primera canción que un veinteañero Álvaro escribió hace casi una década, cuando su nombre apenas sonaba en algunos feeds de Instagram, que mantiene toda su intimidad al ritmo de su guitarra, pero se cierra con una mayor potencia electrónica y con la voz del artista proyectada por el autotune, nada habitual en él. Ese tema está además empaquetado entre la llameante Futuros amantes y Poses con su celebradísima línea de «no hace falta ser marica para salir en Vogue». Y, a juzgar por cómo resonó, tampoco para cantarla.
No habían pasado ni quince minutos del espectáculo -que empezó un cuarto de hora más tarde de lo previsto- y el artista valenciano ya había despachado Full Time Papi, Calypso, Futuros amantes, Conticinio y precisamente Poses. «Hemos venido esta noche a quemaros las pestañas. Esta noche es el fin de un camino en la piel que hoy sale a relucir. Esta piel dorada y estas botas doradas que hoy ponen su fin en Madrid», dijo el artista, que dedicó su segundo mensaje a los acampados por la vivienda en la Puerta del Sol.
Lo hizo cuando sonó la canción que lleva el nombre de la céntrica plaza madrileña. «Esta canción va para toda la gente que está allí ahora», aseguró. Y aún volvería a ello con una videollamada en la que Samantha Hudson, en su tienda de Sol, llamó a acudir a la manifestación que se celebrará este sábado a las 12 en la capital tras haber decaído los dos decretos anti desahucios del Gobierno en el Congreso.
Sonaron Mataleón con su «hoy me escapo como un potro buscando la flor de loto» -ah, los caballos-, ABC y los primeros toques de Soldadito español. Y el quinto caballo, Guitarrica, se cogió a la trompeta -primero lo había hecho a una armónica, una guitarra española, una guitarra eléctrica, un bajo y un teclado- que le acompaña en La bola negra. Hubo silencio absoluto hasta que llegó el estribillo de La nieve, la canción principal de la película de Los Javis que el alicantino protagoniza, y todo el público se sumó a cantarlo. Cuando acabó, la ovación resonó en todo el Movistar.
Y la locura que desata el gran fenómeno cinematográfico de este otoño allá por donde va volvió a desatarse durante Agua y Mezcal, cuando las pantallas del escenario mostraron a Guitarrica en el foso junto a Miguel Bernardeau, su inseparable compañero en La bola negra, y Carlos González, otro de sus protagonistas. En la grada, ovacionada antes de empezar, la bailaba Yenesi, la tercera integrante de la película que estaba entre el público.
«Esta va a ser una de las últimas canciones que quiero cantaros esta noche y es muy especial porque siempre he dicho que sin ella nunca estaría cantando aquí con todos vosotros. Esta va para todos los de mi pueblo que están aquí cantando conmigo», afirmó Guitarrica antes de Guantanamera, su primer éxito, sentado en una silla. Como en sus inicios, pero revolviendo la arena que cubría el escenario con los tacones de sus botas.
De negro apareció el artista para un poderoso y emocionante bis con Tramuntana y Babieca!. Entre la lluvia de confetis, todos bailaban. Tuvo que cantar una canción fuera de repertorio y ya con las luces encendidas –Sixtinain– de la insistencia que le puso el público. Los muros habían sido derribados. Y la pasión fluía a borbotones.
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