Dani Rovira: «Antes me obsesionaba que los demás pensaran que era guay y simpático, pero ahora me suda la polla»

<p><strong>Dani Rovira </strong>(Málaga, 1980) es una estrella extraña porque nunca quiso serlo. Le llegó casi por accidente, cuando el descomunal éxito de <strong>’Ocho apellidos vascos'</strong> le transformó de cómico popular en carne de <i>paparazzi</i>. Durante años se peleó contra una fama que detestaba y le abrumaba, se encerró en sí mismo y desconfió del mundo entero, pero ahora, una década después, al otro lado del túnel ha emergido un tipo tranquilo, amable y en paz con la vida.</p>

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 Le ha costado muchos años y mucha terapia, pero la estrella que más detesta la fama ha encontrado la paz: «Fue muy duro, pero al fin he aceptado quién soy».  

Dani Rovira (Málaga, 1980) es una estrella extraña porque nunca quiso serlo. Le llegó casi por accidente, cuando el descomunal éxito de ‘Ocho apellidos vascos’ le transformó de cómico popular en carne de paparazzi. Durante años se peleó contra una fama que detestaba y le abrumaba, se encerró en sí mismo y desconfió del mundo entero, pero ahora, una década después, al otro lado del túnel ha emergido un tipo tranquilo, amable y en paz con la vida.

Curiosamente, su nueva película, ‘El Campeón’ [estreno en Netflix el 12 de julio], cuenta una historia similar a la suya. En este caso, la de un joven futbolista del Atleti incapaz de gestionar la celebridad sin la ayuda de un psicólogo que, quién mejor, interpreta Rovira.

¿Eres futbolero?Lo era.¿Te has borrado?Me he apuntado a otras cosas que hacen que no me dé tiempo a todo y el fútbol ha bajado bastantes escalafones en mi orden de prioridades, pero desde muy niño hasta los 20 años era muy futbolero, compraba el Marca los fines de semana, me apuntaba a la Liga Fantástica y discutía con los colegas cuando mi equipo, el Real Madrid, perdía. Dejó de interesarme según me empezaron a interesar otras cosas.¿Cuáles?El cine como espectador, la literatura, la música, quedar a tomar un café con un amigo y hablar de la vida… Todo eso me apetecía muchísimo más que estar viendo un partido de fútbol. Me gusta mucho practicar deporte, pero siempre preferiré salir con la bici a subir los montes de Málaga que quedarme a ver el Tour de Francia. Como decía Valdano, el fútbol es la más importante de las cosas que no son importantes, así que es de lo primero que te puedes quitar cuando necesitas tiempoO sea que hacer esta peli absolutamente atlética no te ha supuesto un conflicto.No. Cuando era niño, el Málaga estaba en Segunda B y me hice del Madrid, como mi padre, pero ya no siento pasión por el fútbol. Me parece guay, creo que tiene una parte social muy bonita y hay gente que puede relacionarse de manera sana y emocionante a través del fútbol, como pueden ser dos amigos o un abuelo y un nieto. Todo eso me parece de puta madre. Luego, obviamente, todos sabemos que el fútbol tiene una parte obscena en lo económico y muy poco educativa, que es la que me abomina: violencia, xenofobia, machismo… Tiene un montón de cosas que no molan, pero tampoco son culpa del fútbol. ¿Un martillo es bueno o es malo? Si con ese martillo cuelgo un cuadro de tus padres cuando eran jóvenes y te emocionas, es buenísimo. Si lo cojo y te abro la puta cabeza, es muy malo. El fútbol es igual, es bueno o malo según el uso que tú le des en la vida.El fútbol y el cine no mantienen una relación fluida. Siempre se habla de ‘Evasión o victoria’ y, para mí, hay una obra maestra que es ‘Días de fútbol’, pero poco más.Esas son las dos mismas películas en las que pienso yo cuando hablo sobre esto. ‘Días de fútbol’ es indiscutible, una de las mejores comedias de este país, pero es cierto que el deporte en sí es secundario. Al final, el deporte siempre ha sido una especie de herramienta que se ha usado en las películas para contar otras historias porque para hacer una película meramente de deporte ya está el deporte. Si tú ves una peli de fútbol y lo que dices es que las escenas de juego no son reales, pues, chico, ponte un partido de fútbol. En ‘El campeón’ estamos usando el fútbol como excusa para hablar de la relación entre dos personas como en ‘Días de fútbol’ es una excusa para hablar de un grupo de amigos emocionalmente anormales o, vete a saber, demasiado normales.Tu personaje es un tío triste y en los últimos años has hecho varios de ese perfil. ¿Estás hasta las narices de ser simpático?No, pero igual no lo soy tanto como se cree. Es un tipo triste que se refugia en el conocimiento porque es un torpe social, sufre ansiedad y arrastra muchos traumas de la infancia. Yo, que llevo siendo carne de terapia 10 años, defiendo que somos las heridas que sufrimos de niños y, muchas veces, para arreglar problemas de adulto lo que tienes que afrontar es el saco de traumas que todos arrastramos desde la infancia. Yo también lo hago y por eso estos personajes que tienen una profundidad que, a lo mejor, no tiene uno de comedia me resultan tan atractivos. Esto de la fama y las expectativas al principio no tienes herramientas para combatirlo e intentas ser esa persona que todo el mundo espera, el cómico simpático y gracioso, pero en el momento en que aceptas quién eres, ya dices: «Chico, soy así y si el desubicado eres tú, yo no te voy a ubicar».¿Quién has aceptado que eres?Un tío muy discreto al que la popularidad ha hecho aún más discreto porque no me gusta exponerme, pero cuando estoy en un ambiente relajado como ahora sí me muestro con bastante naturalidad. Si tú quieres ver mi esencia, busca la normalidad conmigo. Si vienes a mí en plan fenómeno fan, como Dani Rovira el actor famoso y me tratas diferente, primero te voy a decepcionar, porque yo soy carne de decepción. Además, seguramente no actúe con normalidad contigo, porque tú tampoco lo estás haciendo conmigo, y use herramientas para quitarte de en medio porque no me interesa alguien loco a mi lado. Esto lo entiendo ahora, pero antes era una lucha porque me obsesionaba que los demás pensaran que era guay y simpático. Ahora me suda la polla si alguien me encuentra por la calle y dice que soy un soso, un borde o que vaya decepción se ha llevado. Pues, chico, esa decepción es tuya, no mía.Es que has tenido momentos de una fama absolutamente disparatada.Disparatada e ingestionable. Intentas sobrevivir como puedes, pero la realidad es que sólo lo arregla el tiempo. Van pasando los años, la espumita baja y tú vas aprendiendo un poco a llevar todo eso, pero ha sido muy duro. Muy, muy duro. Ya te digo: terapia, ansiedad, no salir de casa… Y te cambia mucho el carácter porque al final todo el mundo te está diciendo todo el rato lo guapo que eres.¿Te vuelves un poquito gilipollas aunque intentes evitarlo?Sí, sí. Hay un poco de endiosamiento y seguramente habrá habido momentos en esos años donde todo era una puta locura en los que me haya comportado como un gilipollas con alguien. En realidad son mecanismos torpes para intentar sobrevivir, escudos que te vas poniendo porque nadie, absolutamente nadie, te prepara para esa fama y ese asedio. Se va gestionando poco a poco, pero lo que me pasa a mí es que yo no sé ser famoso, ni sé ni quiero serlo. Una cosa es la fama y otra es el éxito. Obviamente, me encanta tener éxito en mi curro como te gustará a ti que te lean mucho o a un panadero que le digan que su pan es el mejor del barrio y vender todas las barras cada día. Lo que pasa es que hay ciertos curros de cara a la galería que trascienden, crean fama y te desmontan la vida. Yo no voy a dejar de dedicarme a lo que me apasiona porque odie la fama, asumo que es una cuota que va intrínseca, pero tampoco quiero aprender a ser famoso. Yo quiero ser yo y esa negativa a acomodarte a lo que supone la fama muchas veces te lleva a pelearte con la profesión, con la gente y con los medios de comunicación, en plan: «Déjame en paz, yo lo único que quiero es pasar el verano descalzo y con una birra frente al mar, no quiero otra cosa».

Rovira, escubriendo el amor de nuestros fotógrafos por los espejos.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTALLa película se centra en lo difícil que es confiar en los demás cuando eres muy famoso. ¿Te ha pasado?Soy muy refranero y, aunque me parece un refrán muy triste, tiene parte de verdad el de ‘piensa mal y acertarás’. Según los años que lleves en este mundo, vas aprendiendo a tener ojo. Cuando no te han traicionado nunca, crees que la traición no existe… hasta que abusan de ti. Claro que he tenido gente en mi entorno que ha salido rana, ese tipo que era tu mejor amigo y de repente descubres que es un hijo de puta interesado. Nunca estás a salvo de eso, pero a lo largo de los años he ido cuidando mucho de quién me rodeo, tanto a nivel laboral como personal y es muy raro que ya me la claven, pero te cierras. A la gente que viene nueva la miras como «bufff»… Digamos que sale más gente de mi círculo íntimo de la que entra. Es protección.Tu nuevo espectáculo, ‘Vale la pena’, gira en torno a la salud mental y la terapia.Hablo de esto prácticamente durante todo el show. Estamos viviendo un momento social en el que por fin se está poniendo el foco en la salud mental. Si vas a terapia, ya no quedas estigmatizado y mola porque equilibrado, lo que se dice equilibrado, no está nadie. Entre el que le falta medio hervor y al que le sobra una pedrada, en ese tramo, estamos todos. El que no tiene tic tiene toc, el que no tiene problemas con la ira los tiene con comer compulsivamente, el que no tiene ansiedad tiene depresión o trastornos de la personalidad. Es guay que por fin se ponga el foco en esto.Has bajado el ritmo ostensiblemente en los últimos años, ¿por qué?Yo creo que va todo de la mano: la madurez, la terapia, la enfermedad… Ten en cuenta que mi estreno en el cine fue ‘Ocho apellidos vascos’. Es como si me apunto a una escuela de surf, me meto en el agua el primer día y viene un tsunami. Medio lo navegué, pero hasta hace poco seguía sacándome algas del culo. Luego, no quería hacer ‘Superlópez’ porque me daba miedo que lo reventara. ¡Mi miedo era el éxito! Hubo una época donde me daban envidia compañeros como Quim Gutiérrez o Ernesto Alterio, que son pedazos de actores, curran, pero no era un acontecimiento cada vez que estrenaban una peli. Así que, claro, no sé si conscientemente, pero bajé un poco el perfil porque empecé a hacer las cosas que realmente me llenaban. ‘Ocho apellidos vascos’ ha provocado lo que ha provocado y estoy feliz de haber formado parte de esa aventura loca, pero…¿Pero?En mi fuero interno hay otras películas, como ‘100 metros’, que me han dado muchísimas más satisfacciones. Para mí el éxito ya no consiste en el taquillazo. Si llega, pues muy bien, porque además el trabajo de gestionarlo yo ya lo tengo hecho y un segundo taquillazo no creo que me afectara. El éxito está guay porque la fama te ayuda a ser un tío que vende y llenar un teatro. No voy a renunciar a eso, no voy a ser hipócrita, pero para mí esta profesión ya va por otro lado. Si has tenido un día de mierda y te pegas dos horas riéndote en una peli mía o tienes una enfermedad como la esclerosis múltiple y te ayuda ver ‘100 metros’, todo compensa. Para mí eso es el puto éxito.¿Cuánto te ha cambiado la mirada la enfermedad [Dani superó un linfoma de Hodgkin en 2020]?Mucho. Te cambia la mirada porque al final lo obvio, que antes o después vas a morir, es tan obvio que lo obviamos y te crees que vas a vivir para siempre. Pasé una pandemia, pasé un cáncer, voy cumpliendo años… Llega un momento en el que le ves las orejas al lobo y aceptas que el lobo existe. De jóvenes la muerte nos pilla muy de lejos y el aprendizaje que me dio la enfermedad fue amar bien la vida porque si hay una cosa que va a suceder seguro es que vas a morir. No sabemos cuándo ni cómo, así que aprovecha cada día como si pudiera ser mañana… porque puede ser mañana, existe esa posibilidad. El cáncer me ha enseñado a disfrutar y a vivir en positivo. No le tengo miedo a la muerte, tío.¿Nada?Nada. Lo tenía más antes de enfermar. Eso no significa que me quiera morir, pero si mañana me pasa algo y me queda una semana de vida, aunque pensaría que es una putada, diría: «Tío, he vivido y ha merecido la pena». He llegado a lugares mentales, emocionales y sociales, he vivido cuatro o cinco vidas con respecto a cualquier otra persona y quiero seguir haciéndolo, pero no me da miedo la muerte ni mucho menos. Si mañana llega una plaga y me dicen que sólo se puede proteger al 2% de la humanidad, me sacrifico, me fumo un porro en la playa y ya está, que venga la ola. Cultura

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