<p>El aura impositiva del trumpismo también está sacudiendo las esferas culturales de Estados Unidos. A <strong>la decisión de la Ópera Nacional de Washington de abandonar el Centro Kennedy</strong> -<a href=»https://www.elmundo.es/cultura/2025/12/18/6944579d21efa0a9138b4573.html» target=»_blank»>renombrado hace unos días como Trump-Kennedy Center</a>- por «la pérdida de confianza de los donantes a raíz de la llegada de Donald Trump al poder», en palabras de su directora, Francesca Zambello, se ha sumado <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/2025/08/25/68abf4c0e85ece1e398b4582.html» target=»_blank»>el ultimátum</a> que el republicano ha lanzado a <strong>la mayor institución cultural, educativa y científica del país: el Smithsonian</strong>. O pone fin a cualquier conato de <strong>«ideología impropia»</strong>, o se enfrentará a severas consecuencias en forma de drásticos recortes presupuestarios.</p>
La Ópera Nacional de Washington abandona el Kennedy Center ahogada en deudas tras el desembarco del Gobierno en su sede, mientras vence el ultimátum de la Casa Blanca al Smithsonian: o abandona cualquier «ideología impropia», o dejará de recibir financiación
El aura impositiva del trumpismo también está sacudiendo las esferas culturales de Estados Unidos. A la decisión de la Ópera Nacional de Washington de abandonar el Centro Kennedy –renombrado hace unos días como Trump-Kennedy Center– por «la pérdida de confianza de los donantes a raíz de la llegada de Donald Trump al poder», en palabras de su directora, Francesca Zambello, se ha sumado el ultimátum que el republicano ha lanzado a la mayor institución cultural, educativa y científica del país: el Smithsonian. O pone fin a cualquier conato de «ideología impropia», o se enfrentará a severas consecuencias en forma de drásticos recortes presupuestarios.
El plazo vence el martes. Trump y su equipo han exigido a la organización con sede en Washington -compuesta por 21 museos y galerías, 14 centros de investigación y el Zoológico Nacional- que entregue toda la documentación disponible sobre sus operaciones con el objetivo de erradicar una narrativa que no encaja con su forma de entender la historia.
Desde el Gobierno sostienen que la versión que ofrecen los museos del Smithsonian resalta en exceso episodios oscuros de la historia de EEUU, como la esclavitud y la segregación racial, en lugar de exaltar el glorioso pasado de la nación. «Queremos tener la seguridad de que ninguno de los directivos de los museos Smithsonian confunde el hecho de que EEUU ha sido una de las mayores fuerzas para el bien en la historia del mundo», escribió un miembro de la Administración al actual secretario del Smithsonian, Lonnie Bunch, a quien el Ejecutivo pretende apartar.
Trump intenta aplicar al Smithsonian la misma estrategia que en el Tribunal Supremo: inundar la institución de adeptos a su causa para controlarla desde dentro, incluso después de abandonar la Casa Blanca. Hasta seis puestos de la Junta de Regentes del Smithsonian podrían quedar vacantes este año, y el presidente quiere asegurarse de situar a personas afines en ellos.
La situación tampoco está siendo fácil para la Ópera Nacional de Washington. Zambello avanzó a The Guardian en noviembre que la compañía estaba estudiando abandonar su sede en el Centro Kennedy tras el desplome de los ingresos de taquilla y la fuga de donaciones. El año pasado, Trump se nombró a sí mismo presidente del centro y designó a varios aliados como miembros de su junta directiva. En diciembre, ese mismo órgano votó a favor de rebautizar la institución como Centro Conmemorativo de las Artes Escénicas Donald J. Trump y John F. Kennedy.
La Ópera Nacional explicó que «el nuevo modelo de negocio del Centro Kennedy exige que las producciones estén totalmente financiadas por adelantado, un requisito incompatible con el funcionamiento de una compañía de ópera», y que «los servicios de apoyo centralizados que anteriormente proporcionaba el centro se han reducido o eliminado».
Ahora, la institución busca independencia y operar lejos de la sombra del trumpismo.
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