<p>Cada año sucede lo mismo. En los <strong>Goya </strong>protestan de lo que les apetece y el siempre creciente ejército de ‘clonlumnistas’ conservadores de mediana edad se indigna porque no se quejan de lo que ellos quieren que se quejen. Esta vez no les gustó Palestina porque querían Irán, Adamuz y el precio de la vivienda. Yo también, por cierto, pero luego defiendes perseguir seriamente la multipropiedad especulativa y te llaman loco bolivariano. </p>
Cada año sucede lo mismo. Los actores protestan y los ‘clonlumnistas’ conservadores se indignan porque no se quejan de lo que ellos quieren que se quejen
Cada año sucede lo mismo. En los Goya protestan de lo que les apetece y el siempre creciente ejército de ‘clonlumnistas’ conservadores de mediana edad se indigna porque no se quejan de lo que ellos quieren que se quejen. Esta vez no les gustó Palestina porque querían Irán, Adamuz y el precio de la vivienda. Yo también, por cierto, pero luego defiendes perseguir seriamente la multipropiedad especulativa y te llaman loco bolivariano.
En realidad, lo que no les gusta es que los actores, que no el cine, sean mayoritariamente de izquierdas. Todo gremio tiene su ideología dominante y no dejamos de coger taxis por ello, pero sólo el cine es juzgado constantemente por la suya. ¿Qué mejor año que uno con una película maravillosa sobre religión, ‘Los domingos’, y otra hermosísima sobre tauromaquia, ‘Tardes de soledad’, para que no moleste a quién vota Luis Tosar o a quién reza Oliver Laxe? Pero, nada, no hay manera. Como amante del fútbol, agradezco que la tontería no sea contagiosa y me da exactamente igual que el PP sea la opción progresista en el vestuario de mi equipo. Mientras ganen, pueden ser terraplanistas. Que no se descarta.
Claro que hay muchas más cosas que Palestina por las que protestar, pero habrían cobrado eligieran la causa que eligieran. Pasa cada año y se repite el argumentario: se centran en los fracasos y no en los éxitos, destacan unas subvenciones bajas a nivel europeo, obvian el retorno que genera la industria en puestos de trabajo e impuestos, afirman que todo está coordinado por una fuerza superior (intuyo que Pedro Sánchez ahora, pero no sé quién sería antes) y venden una censura que no es tal. Leonor Watling no va a perder un solo trabajo por rechazar, con perfecta explicación, la chapa propalestina ni Jaime Lorente ha desaparecido tras sus enganchones con Sánchez y Rufián. Eso es un mito.
Lo gracioso es que nuestros ‘clonlumistas’ lo saben, pero también saben, y en esto les entiendo, que el de los Goya es un fin de semana resuelto año tras año con un mismo texto que, además, garantiza el clic y el aplauso de su público objetivo. Igual que saben que caen en lo mismo que critican, pues ellos también protestan sólo de lo que les apetece y no leerán clamar a casi ninguno cuando en los premios de influencers más populares se homenajea a Vito Quiles y se llama hijo de puta al presidente del Gobierno. Hacen bien, la queja es libre, pero menos turras.
De todos modos, el tiempo va a su favor. Todos los que hacemos entrevistas a actores y actrices sabemos que las nuevas estrellas, cada vez más controladas por sus agencias y más preocupados por las redes, se meten en política lo justo, tirando a nada. En unos pocos Goya, sólo habrá morritos y bailes. Todos contentos. O no, porque, entonces, en vez de recuperar la columna archivada, darle dos retoques y a cenar, tocará trabajar. Igual se quejan más.
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