<p>Hay autores que, con los años y las obras, terminan construyendo su propio mundo. A base de repetir estéticas y temáticas, inquietudes y obsesiones, terminan creando su propio planeta de ficción. En cada nuevo libro, cada nueva película o cada nueva serie, vuelven a ese lugar y lo completan con nuevos personajes y nuevas historias. Eso hacen Woody Allen, Ryan Murphy o Almodóvar. Y luego están los creadores de inventiva y ambición desbordantes que, casi desde su primera obra, aspiran a esa creación total. <strong>George R.R. Martin es uno de ellos</strong>. También, uno de los muchos autores que han competido por ofrecer la fantasía medievaloide más atractiva. Con un pie en el mundo artúrico, otro en la mitología clásica y las obras de Tolkien, el pionero, siempre en la mesilla de noche, varios escritores han creado obras con pretensiones de creación total: <strong>su propio mundo</strong>. Narnia, la Tierra Media, Poniente.</p>
Como un buen caballero medieval, es consciente de a qué amo sirve y se inclina ante él, pero sin hacerle una reverencia servil y patética
Hay autores que, con los años y las obras, terminan construyendo su propio mundo. A base de repetir estéticas y temáticas, inquietudes y obsesiones, terminan creando su propio planeta de ficción. En cada nuevo libro, cada nueva película o cada nueva serie, vuelven a ese lugar y lo completan con nuevos personajes y nuevas historias. Eso hacen Woody Allen, Ryan Murphy o Almodóvar. Y luego están los creadores de inventiva y ambición desbordantes que, casi desde su primera obra, aspiran a esa creación total. George R.R. Martin es uno de ellos. También, uno de los muchos autores que han competido por ofrecer la fantasía medievaloide más atractiva. Con un pie en el mundo artúrico, otro en la mitología clásica y las obras de Tolkien, el pionero, siempre en la mesilla de noche, varios escritores han creado obras con pretensiones de creación total: su propio mundo. Narnia, la Tierra Media, Poniente.
El caballero de los siete reinos es la tercera serie de HBO ambientada en el Poniente creado por George R.R. Martin. Juego de tronos fue la primera, la más grande y la que estableció las reglas conceptuales y visuales de lo que se concibió, también desde el principio, como la evolución natural de una de las sagas literarias de capa, espada y magia más populares del mundo. Poniente necesitaba su serie. Y luego, otra. Y luego, otra más.
Basada en Los cuentos de Dunk y Egg, novelas menores de Martin, El caballero de los siete reinos se sabe satélite de Juego de tronos y precuela humilde de la superproducción de HBO. Sin embargo, la serie apuesta, aunque no demasiado, por una de las vías de explotación más arriesgadas pero también más apetecibles de una propiedad intelectual: subvertirla. Esto es: respetar las reglas básicas del mundo previamente establecido pero habitarlo con cierta libertad.
Esto se ve claramente en una escena de su primer episodio, en la que un plano muy escatológico se contrapone con (y finalmente se impone a) el tema musical de Juego de tronos, esa ya clásica melodía de Ramin Djawadi con la que ahora muchas parejas de novios entran en sus banquetes de boda. Pero tranquilos, que no estamos ante una salvajada a lo Monty Python, sino ante una ficción que intenta tener su propio carácter sin socavar los cimientos del mundo en el que se desarrolla.
Las aventuras del caballero errante Dunk (Peter Claffey) y el niño Egg (Dexter Sol Ansell) bien podrían haberse conformado con ser una subtrama de Juego de tronos (como aquella que terminó con Natalia Tena desapareciendo de la serie sin explicación ninguna) pero han conseguido tener entidad propia. Su showrunner, Ira Parker, bregado en La casa del dragón (¡y en Better Things!), reivindica con estilo esa personalidad. Para ello, por un lado, dota a su serie de cierto orgullo proletario, no comprometiendo su presupuesto en escenas que no podría permitirse y, por otro, incluye un peculiar sentido del humor que, si bien está en todas las adaptaciones de George R.R. Martin, aquí es más patente y más limpio. La química entre Peter Claffey y Dexter Sol Ansell hace el resto.
Así, esta nueva serie recorre con respeto el mundo imaginado por George R.R. Martin y explotado audiovisualmente por HBO. Como un buen caballero medieval, El caballero de los siete reinos es consciente de a qué amo sirve, pero también sabe lo que es la dignidad. Se inclina ante Juego de Tronos sin hacerle una reverencia servil y patética. Su contrato es de vasallaje, no de esclavitud.
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