«El mundo editorial es paternalista, condescendiente y gafapasta, pero las ventas me defienden»

<p><strong>Elísabet Benavent</strong> (Gandía, 1984) ha sacado novela y lo que pasó después no les sorprenderá: <i><strong>Esnob</strong></i>, que así se titula, está cómodamente instalada en lo alto de las listas de más vendidos y allí seguirá durante meses. Desde que en 2013 autopublicó en internet el debut de la saga de <strong>Valeria</strong>, la escritora valenciana se ha convertido en un fenómeno editorial, ha vendido más de 4,5 millones de libros en todo el mundo y Netflix adapta su obra como si fuera maná caído del cielo (vistos los datos, probablemente lo sea). Pese a quien pese (y a muchos les pesa toneladas), la novela romántica es el club de la lucha de la literatura: nadie habla de la novela romántica… pero la devora media España.</p>

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 Sus novelas románticas han vendido más de 4,5 millones de ejemplares y las series sobre ellas son un éxito, pero no se fía: «En 10 años igual curro en el Mercadona»  

Elísabet Benavent (Gandía, 1984) ha sacado novela y lo que pasó después no les sorprenderá: Esnob, que así se titula, está cómodamente instalada en lo alto de las listas de más vendidos y allí seguirá durante meses. Desde que en 2013 autopublicó en internet el debut de la saga de Valeria, la escritora valenciana se ha convertido en un fenómeno editorial, ha vendido más de 4,5 millones de libros en todo el mundo y Netflix adapta su obra como si fuera maná caído del cielo (vistos los datos, probablemente lo sea). Pese a quien pese (y a muchos les pesa toneladas), la novela romántica es el club de la lucha de la literatura: nadie habla de la novela romántica… pero la devora media España.

Citando a Calamaro, ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor?El amor lo engloba casi todo, lo que pasa es que cuando hablamos de amor nos centramos demasiado en el amor romántico. El amor, aunque suene supermoñas, es el motor que nos mueve, pero no es sólo el amor romántico: es el amor por nuestra vocación, por el planeta, por los animales, por nuestra familia, por nosotros mismos. Desde luego, si tuviera que hacer un ranking probablemente no le daría el número uno al amor romántico.¿A cuál se lo darías?Yo creo que el amor a la familia y los amigos estaría en el puesto número uno porque el amor romántico, incluso cuando funciona muy bien y dura para siempre, se transforma en algo así, esa persona se convierte en tu familia, en tu mejor amigo y en un confidente. Esa idea del amor apasionado que tenemos por los libros y las películas estaría más abajo porque es muy volátil.En esta novela das la voz a un hombre por primera vez y es un capullo.Es un esnob que no se ha tenido que hacer preguntas nunca, todo le ha salido a pedir de boca, ha tenido siempre una red de seguridad y le han llevado en palmitas. Tiene desde muy joven la idea de que quiere ser un tiburón de las finanzas con una mujer que pida una excedencia cuando se casen para tener dos hijos, un perro y un chalet. Piensa que con desear las cosas basta, pero es un malcriado y los malcriados no manejan bien la frustración y por eso se desmorona el castillo de naipes en el que vive. Es el puro privilegio. No se ha hecho preguntas porque la sociedad está montada de una manera en la que no sólo es que los hombres como él no tuvieran que hacérselas, sino que era raro que ni tan siquiera se plantearan la posibilidad. Así es el sistema heteropatriarcal y creo que la revolución es empezar a hacerse preguntas por ambas partes: hombres y mujeres.¿Llevas la cuenta de los libros que has vendido?No suelo tener en cuenta las cifras porque me parecen algo bastante aleatorio. En esta profesión sabemos dónde estamos hoy, pero no tenemos ni idea de dónde estaremos mañana. Hay que vivir al día y eso supone ponerte dificultades a ti misma y aprender, porque si una coge una fórmula que funciona y la repite hasta la saciedad no se pone en prueba, no se hace preguntas y al final cansa. La clave para que esto funcione es ponerse constantemente en duda.No sé, diría que ya ha funcionado.Si te digo la verdad, me entra vértigo cuando pienso en la cantidad de libros que son cuatro millones y medio. Entonces prefiero no pensar en ello, para no tener la tentación de creerme alguien y, así, seguir tratando a la lectora de tú a tú. Si piensas en cuatro millones y medio… Buf, son cifras poco manejables que, si les das importancia, te acaban comiendo. Como escritora, y creo que sucede en todas las profesiones artísticas, hay una hazaña derivada que tienes que lograr y es mantener el ego controlado. El ego es un animal que cuanto más le das de comer más hambre tiene y el trabajo del artista es no darle de comer. Y aún así ladra.¿Te ladra mucho?Yo lo mantengo bastante encerrado y con una cadena muy corta, pero también te diré que el ego bien entendido te aporta amor propio y yo no me manejo bien ahí. Tengo bastante síndrome de la impostora. Empecé a escribir sin pretensiones, ninguna, cero, y de golpe me he encontrado con este éxito disparatado. Partamos de la base que entiendo el privilegio que supone poder vivir de lo que más me gusta hacer, que es escribir, pero todos los escritores pecamos de cierta timidez. Es bastante paradójico porque es un oficio en el que te metes porque vas a trabajar sola delante del ordenador y teniendo relación tan solo con tus personajes, pero si te va bien sales catapultada de esa habitación solitaria y te lanzas frente a un montón de personas. Te tienes que acostumbrar a hacer entrevistas, a hablar en público, a gestionar relaciones sociales con desconocidos… Lo que más me ha costado es superar esa timidez, esa personalidad de andar por casa, pero, bueno, he ido haciendo callo.¿Y has amansado el síndrome de la impostora?No. Me ataca sobre todo los días previos y los días posteriores al lanzamiento de nueva novela. Las dos semanas previas, a todo el mundo que me pregunta le digo que es mi peor novela y los días siguientes no me atrevo a entrar en redes sociales porque me da miedo lo que puedan estar diciendo. Luego, poco a poco, me voy relajando porque haces las paces con el periodo de creación y, oye, me he esforzado, lo he hecho lo mejor que he podido y te reconoces el esfuerzo que has invertido.¿Por qué existe ese menosprecio cultural hacia la novela romántica?La verdad es que no lo sé. Supongo que se tilda de frívola porque históricamente se ha relacionado con la mujer y todo lo femenino de alguna manera ha sido apartado a un segundo plano, a una cosa complementaria y menor, algo que no mueve el mundo como los grandes temas masculinos. Yo no digo, en absoluto, que la romántica mueva el mundo, pero tampoco lo mueve el thriller y no se desprecia así. Lo que defiendo es que se puede hacer entretenimiento de calidad y que la literatura de entretenimiento no tiene por qué ser de segunda categoría.Es un prejuicio que se da especialmente en la literatura. Por ejemplo, nadie en su sano juicio discute que ‘Notting Hill’ es una obra maestra.Cierto, pero aun así hay grandes comedias románticas de los 90 a las que no se ha dado el valor que tienen, especialmente si las han escrito o dirigido mujeres. Por ejemplo, Nora Ephron es una grandísima escritora, una grandísima guionista y una grandísima directora, una mujer inteligente y adelantada a su tiempo que enfocaba lo romántico desde un prisma supermoderno en los años 90, pero nunca aparece en las listas de las mejores de su tiempo. No es casualidad.Pero con la novela romántica el desdén es muy superior.Sí, sí. A muchos críticos y escritores le parece una frivolidad, un complemento, como quien se pone un lazo en la cabeza que no es necesario. El entretenimiento en masa a día de hoy es necesario tenga el apellido que tenga: novela negra, fantástica, romántica… La romántica, además, es un entretenimiento que mira hacia fuera, busca la inspiración en lo que nos rodea y es un espejo de la evolución social porque refleja el papel de la mujer hoy en día y cómo son las nuevas relaciones.¿Te joden esos prejuicios o te ríes de ese esnobismo mientras nadas en tu piscina de billetes como el Tío Gilito?[Risas] No me vas a creer, pero soy una persona muy preocupada. Siempre estoy agobiada con de qué voy a vivir dentro de 10 años si esto se acaba. Bueno, me iré al Mercadona, no pasa nada.

La escritora valenciana, en la sede madrileña de su editorial.A ver, diría que esa posibilidad ya ha quedado atrás…No me quejo para nada, pero nunca se sabe. Tampoco estoy para retirarme a vivir de las rentas. En cuanto al menosprecio, al principio sí que me molestaba porque llegas con toda la ilusión del mundo, con todos tus sueños y percibes esa mirada por encima del hombro t ese paternalismo del mundo editorial: «Deja a la niña que cuente sus historias de amor». Luego he conocido gente majísima, escritores de otros géneros que te consideran una igual y que compartimos nuestras dudas y nuestros miedos, pero es un mundo muy gafapasta, muy condescendiente y en el que notas muchos murmullos cuando entras a una fiesta literaria. Yo he llegado a un evento y he escuchado a un escritor muy respetado, con un tono muy sarcástico, decir: «Mira, ya estamos todos los grandes literatos». No tengo que defenderme de nada, yo trabajo y ya está. Supongo que me defienden las ventas. El público es soberano, decide lo que lee y nadie es quién para decirle que su criterio es malo.¿Qué porcentaje de hombres hay entre tus lectores?Ahora mismo calculamos que hay un 94% de mujeres y un 6% de hombres. A la mayoría de hombres aún les da vergüenza hablar de amor por el papel social que se les ha inculcado, esa presión por responder al cliché de una masculinidad que a veces ha sido muy tóxica, muy agobiante y asfixiante también para el hombre: «Los niños no lloran, los niños no pueden ser emocionales, el hombre tiene que llevar siempre la voz cantante en una relación, eres un calzonazos si dejas que ella opine…». Hay una presión social muy fuerte que conduce a que el hombre no consuma historias de amor. Es algo social y aprendido.Pero cabría pensar que ese tabú se habría ido rompiendo.Yo creo que, poco a poco, estamos poniéndolo ya en duda. Empiezan a venir chicos a las firmas que me dicen: «En tus redes sociales siempre generalizas en femenino». Y es cierto. Sé que hay chicos también entre mis lectores, pero si siempre hemos generalizado en masculino y yo tengo una mayoría femenina, lo suyo es generalizar así.Cuando Netflix adaptó ‘Valeria’, su éxito generó cierto escándalo por la claridad con la que trataba la sexualidad y el deseo femeninos.Hay mucho prejuicio y mucho tabú y como los tabúes no son buenos, hay que poner el foco sobre ellos. Pero en el caso del sexo, un foco como los de la policía, que no deje ni un centímetro a la sombra porque detrás de ese silencio crece una desinformación que se vuelve tóxica. Aun así, lo que pasó con ‘Valeria’ me sorprendió porque pensaba que estábamos un poquito más avanzados, pero no fue difícil localizar cuál era el problema: lo que ofendió fue que presentábamos a cuatro mujeres deseantes, que no eran el objeto de deseo de un hombre, sino que eran ellas las que deseaban, buscaban su propio placer y lo expresaban con la naturalidad y la crudeza con que lo expresamos en la intimidad con nuestras amigas. El placer femenino ha estado bastante marginado en la ficción, todavía hoy existe muchísimo desconocimiento sobre él y ahora va a peor porque las nuevas generaciones se están educando con el porno que es el peor escenario que nos podemos plantear las mujeres.¿Han intentado empujarte a escribir otros géneros?¿Sabes quiénes son los peores con eso? Los periodistas. Me lo preguntan siempre en las entrevistas y no como lo has planteado tú, sino en plan: «¿Cuándo vas a escribir algo serio? Ya has jugado suficiente, ¿no te apetece hacer cosas de persona mayor?». La editorial, por contra, siempre me ha dicho que escriba lo que más feliz me haga.También le está haciendo bastante feliz a ella, sospecho.Todos contentos [risas]. De todos modos, yo escribo lo que quiero, no lo que creo que se va a vender más. Cuando uno intenta escribir algo pensando en el mercado es ortopédico, lo importante es que te salga de una manera fluida y orgánica. Me siento muy cómoda en mi género. Todos los escritores tenemos dentro una novela pendiente de otro género, que a lo mejor no saldrá jamás, pero eso no significa que aspiremos a más, que la romántica me parezca poco. Significa que nos hacemos preguntas porque somos curiosos y grandes lectores, pero yo me siento muy cómoda con este género que, además, reivindico. Así que no he sentido esa presión fuera de las entrevistas. Además, es una pregunta que se hace bastante más a mujeres de la misma manera que a las mujeres se nos pregunta si lo que contamos es autobiográfico.¿Te lo preguntan mucho?Muchísimo, con cada novela, y yo siempre digo lo mismo: «A mis compañeros de novela negra nunca les habéis preguntado si tienen un cadáver en el jardín». Ah, y otra que siempre me hacen y también es absurda es qué opinan mis padres o mi pareja de que escriba escenas sexuales explícitas. Como si yo necesitara su beneplácito para hacer lo que estoy haciendo y para hablar de sexo. Mis padres, aunque son bastante tradicionales, se ríen bastante cuando la gente les dice: «¡Madre mía, lo que escribe tu hija!». De alguna manera se piensa que la mujer, al escribir, parte de lo íntimo hacia lo universal y cuando un hombre habla de amor va desde lo universal a lo íntimo. Y no es cierto. La herramienta de trabajo de un escritor es la imaginación y es lo que yo uso el 99% el tiempo.Has publicado ya 24 novelas. ¿A qué velocidad escribes? ¿Te obligas a cumplir un horario?No funciono con jornada laboral estándar porque lo he intentado y no me funciona, pero me encantaría. Echo un poco de menos los tiempos de oficina por tener rutinas, que creo que son muy sanas. Hasta el momento he publicado un libro cada año, pero ahora vamos a espaciarlos un poco más, uno cada año y medio o así, porque han ido apareciendo nuevos proyectos audiovisuales en los que cada vez estoy más involucrada y los quiero vivir y aprender. Si manda el tic-tac del reloj de la fecha de entrega, dejas de disfrutar de las cosas y yo últimamente he hecho las paces con mi profesión. Piano, piano, si va lontano. Hay que disfrutar del proceso. Cultura

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