<p>Leer hoy <i>Generación X</i>, 35 años después de su publicación en 1991, es una experiencia curiosa. <strong>La obra de Douglas Coupland está a la vez completamente vigente y absolutamente desfasada</strong>. Algunos pasajes de <i>Generación X </i>podrían estar escritos y ambientados aquí y ahora; otros caducaron hace mucho.</p>
Leer a Douglas Coupland 35 años después de su publicación en 1991es una experiencia curiosa. La novela está a la vez completamente vigente y absolutamente desfasada
Leer hoy Generación X, 35 años después de su publicación en 1991, es una experiencia curiosa. La obra de Douglas Coupland está a la vez completamente vigente y absolutamente desfasada. Algunos pasajes de Generación X podrían estar escritos y ambientados aquí y ahora; otros caducaron hace mucho.
Cuentos para una cultura acelerada era el subtítulo del libro seminal de Coupland, un ajuste de cuentas con la sociedad de consumo de finales de los 80 y principios de los 90. Si American Psycho de Bret Easton Ellis exhibía la podredumbre moral de los 80 más derrochones, Generación X, publicado pocos días después, proponía abandonar toda ilusión en la prosperidad y ejercer de observador pasivo de una civilización en la fase terminal de su descomposición. En su momento, su mezcla de frustración consumista (no money), actitud punk (no future) y pasotismo puro y duro (no me apetece) hizo de Generación X el símbolo literario de una generación que hoy, a decir de las siguientes, consume groseramente, retoza en el neoliberalismo más salvaje y toma decisiones por encima de sus posibilidades.
Me pregunto si Andy, Doug y Claire, los protagonistas del libro de Coupland, siguen empanados e interiormente muertos en su secarral californiano o si finalmente terminaron dirigiendo, respectivamente, Nike, Microsoft y Calvin Klein. En 1991 estaban los tres contándose fábulas sobre el estado de un mundo en el que la Unión Soviética se desintegraba, internet era un embrión y Kate Moss, una novedad. Generación X se articula en torno a esas historias y a un glosario de neotérminos couplandianos que, nada sorprendentemente, siguen en su mayoría vigentes.
Para Coupland, la «apatía-fama inducida» es la creencia de que ninguna actividad merece la pena, a menos que te pueda hacer muy famoso y la «negativa del ahora» consiste en autoconvencerse de que solo el pasado es memorable y solo el futuro podría llegara serlo nuevamente.
Nihilismo pop, sí. Hace 35 años de aquello. Hoy todo es distinto y todo es igual. Tengo la impresión de que la poca relevancia cultural actual de Douglas Coupland, un autor fundamental para entender los 90, no está lejos de la actitud de los personajes de su libro más celebrado: no le apetece ser alguien. El escritor sigue viviendo en Vancouver (se lo he preguntado a Chat GPT, eso a él seguro que le divierte) y publicando de vez en cuando, con la tranquilidad, supongo, de no ser ya parte del zeitgeist. También le he preguntado a la IA cuánto dinero tiene. Cinco millones de dólares, según ella. Generación X ni siquiera fantaseaba con una tecnología así de avanzada. Y así de vaga. Para Coupland, la «nostalgia de ultracorto plazo» hace que la semana pasada parezca hace mil años. Generación X a veces parece de hace dos mil. Y otras, de hoy mismo. Seguimos entretenidísimos mirando cómo todo se descompone. El caso es que no termina de hacerlo. El fin del mundo, según Coupland, según The Walking Dead y según yo, no es un instante, sino una época larga. Esta.
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