Hyperpop, la revolución más loca del pop: «Es la música de la nueva generación»

<p>Los puretas que odian el reguetón están de suerte… O no tanto. Hay un subgénero musical que asoma la cabeza y entusiasma a los chavales. No se trata del urbano de Quevedo ni del electro pop de Aitana ni del flamenco-fusión de Omar Montes. Hablamos del <strong>hyperpop</strong>. Un estilo que algunos consideran <strong>la evolución futurista de lo popular </strong>mientras que a otros simplemente les suena igual que el sonido de un alienígena empeñado en dar berridos.</p>

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 Es la revolución más loca del pop. Nació en internet, suena acelerado y funciona como una promesa de libertad. Convertido ya en fenómeno de masas internacional, cada vez más artistas patrios abanderan este género  

Los puretas que odian el reguetón están de suerte… O no tanto. Hay un subgénero musical que asoma la cabeza y entusiasma a los chavales. No se trata del urbano de Quevedo ni del electro pop de Aitana ni del flamenco-fusión de Omar Montes. Hablamos del hyperpop. Un estilo que algunos consideran la evolución futurista de lo popular mientras que a otros simplemente les suena igual que el sonido de un alienígena empeñado en dar berridos.

«Cada vez que vamos a una ciudad por un concierto de MDA nos llegan 15 o 20 chavales diciendo que ellos también hacen música. Y son niños tranquilos, de 17 o 18 años«, dice Borja Pilato, cofundador de Cero en Conducta. La promotora y sello de origen valenciano se ha impuesto como una de las mayores referencias españolas del género por su trabajo con muchos de los cantantes que lo abrazan actualmente o que lo han hecho en el pasado. «También recibimos muchísimos emails cada día», añade sobre el furor generado por estos ritmos entre la Generación Z.

La realidad es que los jóvenes ya no están tan pendientes del reguetón. Y es normal. Su nuevo entretenimiento tiene múltiples elementos que lo hacen conectar con los adolescentes. Por ejemplo: los tempos acelerados, las voces retocadas digitalmente (tienden a resultar particularmente agudas) o la inclusión de una gran cantidad de estímulos sonoros y visuales en el conjunto.

«Hay algo de horror vacui, mucha información en las canciones», explica Nina Emocional, artista y productora. «Estamos en un momento de inputs constantes, hay algo que logra que estemos todo el tiempo atentos. Para mí, el hyperpop es la música de una generación. Es verdad que cuando la escuchas por primera vez pones distancia porque no la entiendes. Es un lenguaje que no hablas. Pero después, y sin saber por qué, hay una melodía catchy [pegadiza] que se te queda en la cabeza y que recoge esa parte más viral de internet», añade.

Para Nina Emocional, una de las características que más la motivan a la hora de trabajar en este estilo es el código de «todo vale» que lo rige. «Es el género donde me siento más libre porque defiende la experimentación. No hay errores. En ese juego creativo, tiene sentido que se rompa con la estructura convencional de una canción o con el virtuosismo vocal e instrumental. El hyperpop supone una búsqueda constante del modo de expresar nuestras emociones e identidad a través de la tecnología», detalla.

El origen del hyperpop se sitúa hace más de una década en Reino Unido. Fue entonces cuando la discográfica PC Music comenzó a producirlo convirtiéndose en la principal referencia. En el género hay figuras internacionales como Charli XCX, AG Cook, 100 Gecs, Arca, Grimes o la fallecida Sophie. También han experimentado con él Caroline Polachek o Rosalía, que lo introdujo en sus canciones Bizcochito y Diablo. En España, además de la ya citada Nina Emocional, destaca el hyperpop de MDA, Rojuu, Putochinomaricón, María Escarmiento, Sticky MA, Luna Ki y Rakky Ripper.

«Hay algo de horror vacui, mucha información en las canciones»

Nina Emocional. Artista.

Estas dos últimas, además, lograron acercar su trabajo a un público masivo participando en el Benidorm Fest, el concurso que elige al representante de España en Eurovisión. Quizá fuero demasiado pronto: las dos cantantes fueron duramente criticadas por el uso del AutoTune, el programa que retoca las voces y que es otro de los elementos imprescindibles del hyperpop.

«Para mí fue un salto grande el exponerme a gente de fuera de mi pequeño nicho y, sobre todo, a otros rangos de edad. Me encontré con un choque cultural porque muchos no entendían el estilo o no consideraban que fuera buena música», dice Rakky Ripper sobre la experiencia.

Esa alusión que hace al nicho tiene una gran relevancia. El hyperpop es el lugar donde convergen personas de la comunidad queer, tiktokers y otros outsiders. La identificación con su cultura es clave entre sus fans. Ser hyperpop se convierte en una necesidad que muchas veces prevalece sobre el sonido.

«Sentía que me hacía volar. Era un género muy ligado a la fantasía y la comunidad LGTBI»

Rakky Ripper. Artista.

«Cuando empecé a hacer este tipo de música sentía que me hacía volar. Era un género muy ligado a la fantasía y a un entorno muy concreto en el que nos movíamos en la comunidad LGTBI. Artistas como Charli XCX o Sophie nos unieron en tiempos oscuros como la pandemia. Han sido siempre un espacio seguro y de disfrute para nosotres», afirma Rakky Ripper señalando que «han pasado muchas cosas» y que ya no se siente tan identificada con el devenir actual del hyperpop.

En este sentido, apunta un dato curioso Rosa Fernández, directora de música en España de la compañía tiquetera Dice. «El hyperpop ha sido un género circunscrito a internet; en un inicio vimos que cuando lo traspasabas al directo funcionaba peor. En España no había una correlación entre el éxito online y el éxito de venta de entradas. Al final son fórmulas de producción muy asociadas a los videojuegos, a quedarte en tu cuarto y generar comunidad en internet», dice.

Fernández explica que la oferta en directo de este género musical sigue sin tener «tanta resonancia», pero sí cree que ha ido evolucionando a mejor. «En Barcelona ahora hay un movimiento importante», señala. Y eso es por varios factores. «Algunos oyentes han ido cumpliendo los 18 años y otros se han dado cuenta de que en estos conciertos también se pueden generar espacios seguros y donde sentirse cómodos«, dice. En cualquier caso, la ejecutiva recalca que quizás no se pueda hablar ya de un «género hyperpop como tal» por su tendencia a la hibridación y a la mezcla con otros sonidos.

«En España no había una correlación entre el éxito online y el éxito de venta de entradas»

Rosa Fernández. Directora de música en España de Dice

«Esta es una escena nacida en internet y, hasta que se ha consolidado, ha hecho falta un proceso. Pero creo que ahora la audiencia ha crecido en edad y en número y ya puede pagar entradas e ir a las salas de conciertos», afirma por su parte Borja Pilato. «En cualquier caso, no ha habido ningún gran hit que haya abierto el género al mainstream. Por eso para mí sigue siendo una música de nicho, algo muy vinculado a una generación», añade.

Además, Pilato habla de unos de los males del hyperpop: la sospecha de que la imagen y, en particular, la vestimenta lo eclipsan todo. «No me parece un valor tan importante. Creo que hay mucha gente que coge referencias de fuera y las replica. No implica absolutamente nada que lleves una estética queer, ciborg o la que sea. Muchas personas se centran en esto de la performance y se olvidan de la música, cuando la música es lo más importante. Se convierten en un pastiche imitando códigos. Ocurre lo mismo con las etiquetas. Hay muchos artistas que suman algunas como ‘música queer’ o ‘comprometido con los derechos LGTIBQ+’ y está bien que apoyen movimientos, pero no es algo estrictamente musical. Muchas veces construyen la casa por el tejado», critica Pilato.

Y, el caso es que nadie niega que ocurra así. «La estética se ha hecho más popular que el propio género», confirma Luna Ki. «No es sólo un género, ya es toda una performance», dice Nina Emocional. Y quizás este sea uno de los factores que hayan provocado que cantantes como la granadina Rakky Ripper, el aragonés MDA o el catalán Rojuu se traten de alejar del género en sus últimos movimientos. MDA y Rojuu llevan un tiempo intentando no relacionarse con reportajes o informaciones que hablen del tema. Rosa Fernández apunta también a una necesidad de huir de las etiquetas que condicionen la actitud del público.

«Muchos se centran en la performance y se olvidan de la música»

Borja Pilato. Cofundador de Cero en Conducta.

«A las nuevas generaciones es algo que no les gusta. Y, si bien el hyperpop es un género transinclusivo y ha venido a dar voz a ciertas personas que no tenían un espacio, esa misma generación rechaza una sola etiqueta, aunque suene contradictorio», argumenta.

La artista María Blaya, por ejemplo, explica sus razones para no considerarse dentro del movimiento del hyperpop. «Yo prefiero que no se me encasille en ningún género, pero, de tener que hacerlo en alguno, diría que mi música es pop experimental», apunta.

Ante la pregunta de cuál es la diferencia entre ambos estilos, Blaya cree que el hyperpop «no es tan libre» como muchos apuntan. Al final, dice, hay ciertos rasgos de estilo que siempre están. Y, lo más importante para ella es el sentimiento de identificación, presentado como problema y no como aliciente. «Yo no me siento identificada. Es una especie de identidad que, o la sientes, o no funciona. Es como si te pones a hacer un dembow y no lo sientes. Yo por modas prefiero no hacer las cosas», zanja.

El tiempo decidirá si el hyperpop es sólo una tendencia o pasa a convertirse en algo mucho más popular. Por el momento, parece el estilo ideal para los tiempos que se avecinan. Porque, como dice Nina Emocional, «la Inteligencia Artificial está llegando a la música y es el género que más cerca está de la tecnología y que más puede investigar».

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