Infierno entre fogones: ‘Boiling Point’, la serie sobre cocineros más estresante que ‘The Bear’

<p>Los programas de cocina en tensión han definido la pasada década televisiva, desde los desafíos de <strong>Gordon Ramsay</strong> a <strong>MasterChef</strong>, y ahora están traspasando su influencia a la ficción, tanto en películas que satirizan la <i>Haute cuisine</i> como<i> El menú</i> a dramas entre fogones que dan ansiedad, como la muy premiada <i><strong>The Bear</strong></i>. El formato que ofrecía la serie de Disney+ era una especie de codificación del trabajo de los cocineros de un pequeño local de comidas de Chicago a través de la filosofía de disciplina de la película <i>Whiplash</i>.</p>

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 Movistar+ estrena esta serie nominada a cuatro premios BAFTA que continúa la película que se adelantó a la célebre ficción americana en un restaurante de Londres  

Los programas de cocina en tensión han definido la pasada década televisiva, desde los desafíos de Gordon Ramsay a MasterChef, y ahora están traspasando su influencia a la ficción, tanto en películas que satirizan la Haute cuisine como El menú a dramas entre fogones que dan ansiedad, como la muy premiada The Bear. El formato que ofrecía la serie de Disney+ era una especie de codificación del trabajo de los cocineros de un pequeño local de comidas de Chicago a través de la filosofía de disciplina de la película Whiplash.

Pero no es la primera vez que se veía un tratamiento similar del oficio, y ahora Boiling Point, una nueva serie británica, aparece para recordar quién llegó antes. Y aunque aparezca tres años pasado el estreno del éxito de FX, el camino se empezó a forjar con un corto de 2019 que primero se expandió a largometraje en 2021, narrando un infernal turno de cocina en un restaurante de lujo londinense donde todo le sale mal al chef Andy Jones (Stephen Graham). La clave de su éxito fue que toda la experiencia era desarrollada en tiempo real en una secuencia de 90 minutos sin cortes.

La pesadilla de Jones regresa ahora a BBC One en forma de serie con el reparto y equipo original y, aunque puede verse de forma independiente, Boiling Point es una secuela canónica del film. La acción se reanuda seis meses después, enfocándose ahora en el personaje de Carly de Vinette Robinson. El guionista James Cummings y el director, de nuevo Philip Barantini, solo repiten técnica del plano secuencia durante los 10 minutos iniciales para saber de las vidas de los personajes también en sus casas.

Son inevitables las comparaciones con The Bear, pero a Barantini no le preocupan, quizá porque sabe que él llegó primero, según relata a Big Issue. «Es inevitable que nos comparen, porque es la serie número uno del mundo. Pero creo que ayudará a la nuestra, hay sitio para muchas ficciones de chefs. De repente se ha convertido en un género». Su proximidad en el tiempo —la tercera temporada de la americana acaba de estrenarse en EE.UU—, subraya sus parecidos tanto en el contenido como en la forma, ya que ambas están rodadas frenéticamente y llenas de conflictos interpersonales a punto de ebullición.

Carly se enfrenta a muchos de los mismos obstáculos que Carmy: problemas económicos, dramas personales, presiones empresariales, clientes maleducados y desastres en la cocina. Boiling Point, sin embargo, está más centrada en la experiencia de trabajo sin una meta mágica, como a veces propone The Bear. Barantini, que cuenta sus propias experiencias detrás de las sartenes, no pierde el foco de la presión laboral y el burnout. «Si lo piensas bien, tan solo se trata de ir a trabajar y prepara unas cenas. Entonces, ¿por qué la gente tiene crisis nerviosas o se hacen adictos a las drogas y al alcohol?».

Un retrato de ansiedades más oscuro que su prima del otro lado del Atlántico, sin más comedia que la flema británica justa para equilibrar su intensidad, además de tácticas perversas de suspense, poniendo trampas para aumentar la tensión como una inconveniente sartén de aceite caliente olvidada. The Bear juega con el montaje en corto y muchos gritos, aquí predominan los paseos de steadicam por toda la cocina. Barantini insiste «Es una serie fantástica, pero son dos mundos muy diferentes, dos países muy diferentes y resultados muy diferentes. Hay muchas historias que contar en ese mundo. Las posibilidades de la hostelería son infinitas para el drama y el entretenimiento». Lo que sí hay en común, al fin y al cabo, es la cuota obligatoria de porno gastronómico, el objetivo de tanto estrés, los meticulosos emplatados y sus guarniciones de orfebrería, una cita ineludible para foodies.

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