Julieta Venegas (Long Beach, 1970) es hija de la frontera. Nació en California (Estados Unidos), pero creció en Tijuana (México), una ciudad donde la brisa del mar se funde con el polvo del desierto y la vida transcurre entre despedidas y la ilusión del reencuentro. De ese territorio, marcado por el eco de los pasos rumbo al otro lado -la expresión mexicana de quienes cruzan la frontera-, nace Norteña, que es una radiografía musical de lazos familiares, viejos amores y amistades que se diluyen al migrar.
La cantautora presenta su álbum más íntimo, ‘Norteña’, que está inspirado por las historias de quienes atraviesan la frontera entre México y Estados Unidos. Además, ofrece una reinterpretación de la música regional de su país
Julieta Venegas (Long Beach, 1970) es hija de la frontera. Nació en California (Estados Unidos), pero creció en Tijuana (México), una ciudad donde la brisa del mar se funde con el polvo del desierto y la vida transcurre entre despedidas y la ilusión del reencuentro. De ese territorio, marcado por el eco de los pasos rumbo al otro lado -la expresión mexicana de quienes cruzan la frontera-, nace Norteña, que es una radiografía musical de lazos familiares, viejos amores y amistades que se diluyen al migrar.
Fiel al espíritu de Tijuana como lugar de intercambio, convierte este disco en un auténtico espacio de encuentro. La maestra del acordeón se rodea de figuras clave de la música latina, desde Bronco y Natalia Lafourcade hasta El David Aguilar y Yahritza y su Esencia. Un mapa de colaboraciones en el que cada canción es una historia íntima que refleja una realidad colectiva.
Reconocida con el Premio a la Excelencia de las Mujeres en la Música 2026 que otorga BillBoard, la cantautora comenzó su carrera en la banda de rock y skaTijuana No! para después consolidarse como solista. Tras vivir ocho años en Argentina, regresa a México para grabar su nuevo proyecto: doce canciones que, sin perder su esencia pop, exploran sus raíces a través de guitarras y vientos que dialogan con su identidad.
- Más allá de explorar un género distinto, ¿había una necesidad personal detrás de este álbum?
- Desde hace años sentía la inquietud de crear un disco inspirado en la música popular que escuchaba de niña. No es una producción norteña tradicional, sino una interpretación propia que evoca los sonidos de mi infancia y retrata la vida cotidiana en Baja California, donde el hecho de cruzar la línea para trabajar al otro lado despierta una nostalgia que se alimenta del anhelo de volver a casa.
- ¿Qué parte de su historia personal solo podía contar a través de la música?
- Este disco reúne historias ligadas a mi vida, pero hay una canción muy especial que narra mi llegada a la Ciudad de México siendo muy joven: Terca. Ese era la palabra que mi padre usaba para definir mi empeño en hacer las cosas a mi modo. En nuestra cultura, la terquedad suele verse como un rasgo negativo, pero con los años esa actitud se reconoce como perseverancia o resiliencia. En el fondo, es un tema sobre el valor de escuchar nuestra propia intuición.
- Sus canciones han acompañado a distintas generaciones de mujeres. ¿Qué vínculo existe entre su música y el movimiento feminista contemporáneo?
- Tenemos que luchar contra nuestra propia educación: nos enseñan desde muy pequeñas cómo debe comportarse una mujer. A través de la música, he tenido la oportunidad de reconciliarme con expectativas ajenas. En México estamos cambiando, pero es una transformación estructural lenta. Como dice Rita Segato -a quien admiro profundamente-, es necesario erosionar la piedra poco a poco para cambiar el diálogo sobre el género. En este proceso, la participación de los hombres es indispensable: solas no podemos derribar el sistema. El cambio comienza con quienes nos rodean; se trata de sembrar conciencia de adentro hacia afuera.
- En La línea cantas «te extraño tanto, no puedo sin ti, pero tengo que seguir». Es un verso que aborda la migración desde la ruptura de los vínculos afectivos. ¿Qué la llevó a poner el foco en ese tipo de duelo emocional?
- Cuando hablamos de migración solemos pensar en cifras, pero detrás de los números hay miles de historias. La mayoría de los mexicanos se van a Estados Unidos porque no tienen otra opción. Imagínate lo que significa construir una vida en un lugar tan duro y que, de un momento a otro, te digan que ya no puedes seguir ahí, que tienes que volver. Empezar de nuevo es traumático. Con mis canciones simplemente trato de abrir pequeñas puertas de conciencia sobre lo que significan esas separaciones.
- Las actuales políticas migratorias del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump afectan a miles de migrantes latinoamericanos. Desde su trinchera como artista ¿concebió este álbum como un acto de resistencia o protesta política?
- Yo crecí rodeada de migrantes en Tijuana. Ahora enfrentamos una nueva dosis de crueldad con las deportaciones del ICE, pero esta realidad existe desde hace mucho tiempo. La línea nació hace dos años, mucho antes de este momento, porque yo quería retratar las historias que marcaron mi infancia. La frontera me atraviesa, aunque ya no vivo ahí. Mi familia sigue allá, mis recuerdos también. Cada vez que regreso a Tijuana, me reconozco: mi identidad está forjada en ese lugar.
- Tengo que contarte y Amiga están dedicadas a esos vínculos que, sin darnos cuenta, se pierden con el paso del tiempo. Un homenaje a otro tipo de amor.
- Este disco es un reencuentro en muchos sentidos. La amistad se trata de acompañar y sostener. A veces creemos que estos vínculos son para toda la vida, pero también se pierden. Llega un punto donde ya no conectamos igual y es superduro, por eso me parecía fundamental que ese tema estuviera en el álbum. Hacen faltan canciones que hablen de ese duelo, y al menos yo las he necesitado. Fue hermoso grabar con Natalia Lafourcade; somos amigas, la admiro mucho como artista y la música nos ha mantenido unidas a través de los años.
- En resumen, ¿qué significa ser norteña en México?
- Nacer en la frontera significa crecer entre dos culturas. Tijuana suena a fiesta, tuba y acordeón.
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