Julio Norte (Salamanca, 2008) se desenvuelve con la palabra con el mismo desparpajo que en la cara del toro, con idéntica frescura y esa cosa que lo distingue: el carisma. Norte apura sus últimos días de novillero antes de la alternativa, que será el 13 de agosto en Dax (Francia), de manos de Roca Rey y en presencia de Pablo Aguado, un cartel de tronío que rematan los toros de Juan Pedro Domecq. Observé en San Isidro la evolución de este salmantino de 18 años, su Puerta Grande cargada de futuro. No sería la más rotunda de las tres salidas a hombros novilleriles que hubo -la más redonda fue la de Álvaro Serrano entre las de Norte y Julio Mendez-, y, sin embargo, la percibí como la de mayor proyección. Respira allí abajo en el ruedo con la tranquilidad del quien se toma un café en la barra de un bar.
Este joven salmantino de 18 años apura sus últimos días de novillero con la misma tranquilidad que gasta en la cara del toro. Su capacidad y su carisma han impulsado el éxito de la etapa que ahora cierra.
Julio Norte (Salamanca, 2008) se desenvuelve con la palabra con el mismo desparpajo que en la cara del toro, con idéntica frescura y esa cosa que lo distingue: el carisma. Norte apura sus últimos días de novillero antes de la alternativa, que será el 13 de agosto en Dax (Francia), de manos de Roca Rey y en presencia de Pablo Aguado, un cartel de tronío que rematan los toros de Juan Pedro Domecq. Observé en San Isidro la evolución de este salmantino de 18 años, su Puerta Grande cargada de futuro. No sería la más rotunda de las tres salidas a hombros novilleriles que hubo -la más redonda fue la de Álvaro Serrano entre las de Norte y Julio Mendez-, y, sin embargo, la percibí como la de mayor proyección. Respira allí abajo en el ruedo con la tranquilidad del quien se toma un café en la barra de un bar.
Los habrá que toreen más clásico o más bonito, pero, como decían los antiguos, el mejor pase vale 25 centavos. Y la personalidad no tiene precio. No digamos el valor. Julio Norte ya lo ha demostrado superando una cornada muy grave a finales de la temporada pasada en San Agustín de Guadalix. Su nombre nunca ha parado de sonar marcado por los triunfos en 2026. Madrid y Sevilla lo avalaron. Encontré a Norte entrenando en un salón del hotel Palacio del Mar una mañana de la pasada feria de Santander y lo abordé con la misma espontaneidad que él gasta.
PREGUNTA. Julio, has estado toreando mucho en tu etapa de novillero, pero lo más importante es que tu nombre ha sonado muchísimo. Y que por donde has pasado has vuelto respaldado por el triunfo. A pocos días de la alternativa para llegar con esa fuerza que se necesita esto es extraordinario.
RESPUESTA. Totalmente. Gracias a Dios he tenido la suerte de triunfar en casi todas las plazas que he pisado y con el objetivo claro de tomar la alternativa, una alternativa que al final se ha anunciado en una feria de categoría máxima, con un cartel de máximo lujo junto a Roca Rey y Pablo Aguado, dos figuras del toreo muy importantes, y con una ganadería de mucho prestigio. He tenido la suerte y la capacidad de triunfar en plazas de máxima categoría.
P. El otro día te decía en la crónica que tenías muchísima capacidad, pero también mucho carisma para conectar con la gente. ¿Tú notas este imán, cómo los públicos prenden enseguida contigo?
R. Eso viene de una entrega. Al final, la entrega es la base de esa conexión. Como dice el maestro El Cordobés (Benítez), son «rayos láser». Esos rayos láser vienen de la entrega a un animal que te está entregando su vida y de la entrega de una persona que se está entregando a un animal. Todo esto te hace conectar con el público, o por lo menos es lo que yo noto. Es muy bonito crear ese conjunto con los aficionados.
P. Esa entrega viene también de un valor natural, de cómo respiras delante de la cara del toro con facilidad. Me imagino que desde ese valor la evolución que has tenido también es mucho más fluida y fácil.
R. Claro, totalmente. Torear da esa fluidez y ese oficio que vas necesitando. El valor es algo que se tiene o no se tiene, pero la mente y la preparación física hacen muchísimo. Esas dos cosas son mis armas, porque también carezco de otras cualidades e intento evolucionar a diario para mantener la frescura y la conexión con los tendidos.
P. Todos los que han seguido tu carrera coinciden en lo mismo: que no has parado de evolucionar.
R. Busco una evolución diaria y constante, no conformarme con nada. Tengo un objetivo muy claro, que por otra parte es casi imposible de conseguir, que es ser figura, por lo que me voy marcando metas cortas para lograr algo muy grande. Muchas veces, tras un triunfo, no salgo satisfecho.
P. Hablando del valor, decías que depende de la cabeza. ¿El valor se entrena?
R. El valor yo creo que se entrena porque entrenas la mente. Sitúas la mente en un momento de máximo riesgo, donde miles de personas te están mirando y te estás jugando la vida. Además, lo entrenas físicamente haciendo deporte y toreando de salón.
P. ¿Y qué espejos o referentes tienes?
R. Me gusta fijarme en todos los toreros porque de todos se sacan cosas extraordinarias, pero mis fuentes principales son los maestros Paco Ojeda, Julián López «El Juli», Miguel Ángel Perera y, actualmente, Roca Rey.
P. Vienes de Salamanca, una tierra rica en ganadería e historia taurina, pero que suele ser muy dura con los suyos. ¿Cómo vives tú Salamanca?
R. No me siento «torero de Salamanca» en cuanto al aficionado. Me siento querido, sí, pero ya he notado su exigencia. Cuando me encerré con seis novillos en Ledesma con un lleno casi espectacular, vi la intransigencia y frialdad de una afición exigente que te mide como a una figura de la provincia. Trato mucho con el maestro El Capea, quien pasó por lo mismo, y me dice que esa exigencia es extraordinaria para medirte, aunque uno siempre desea que en su tierra lo acojan con más cariño. Hay que amoldarse.
P. ¿Qué planes tienes a futuro, Julio? Porque tras la alternativa suele venir un parón complicado.
R. Gracias a Dios, tras la alternativa tengo hechas nueve o diez corridas de toros, la mayoría con figuras del toreo y en carteles buenos. Para la temporada que viene, los planes dependerán de cómo me vaya encontrando con el toro y del acuerdo entre las empresas y mi apoderado. Mi sueño es pisar Madrid y Sevilla, que son las plazas con las que uno sueña.
P. Se te han dado bien las dos de novillero.
R. Sí, en Sevilla corté dos orejas y en Madrid otras dos, saliendo por la Puerta Grande.
P. ¿Fue un punto de inflexión lo de Madrid?
R. Cada una fue un punto de inflexión diferente. En Sevilla quería demostrar que sé torear bien, y en Madrid tuve que darle la vuelta a la tortilla en una tarde donde sabía que me iban a medir y el público empezó a la contra. Logré convencer a la mayoría y, si alguno no quedó de acuerdo, lo intentaré más el próximo día.
P. Existe el peligro de que, por querer demostrar que «sabes torear», renuncies a los rasgos de tu personalidad que te hacen triunfar.
R. Es un riesgo, pero siempre me repito que quien no arriesga no gana. Esa frase viaja conmigo a todos lados. Soy una persona que tiene que arriesgar en todos los aspectos de la vida y lo llevo también a la plaza.
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