La fiesta intergeneracional de Estopa en Madrid: «Es el concierto más multitudinario de nuestra historia»

<p>Sus canciones pusieron banda sonora a los primeros amores, desamores y juergas de los jóvenes de los 2000. Han pasado 25 años y siguen consiguiendo que<strong> sus fans canten a pulmón</strong> con sus amigos e incluso con sus padres que <i>se parten la camisa como Camarón</i>, que les <i>falta el aliento, la fuerza y la pasta</i> y que hay <i>un calorro que les arropa</i>. Como su música.</p>

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 Hablar de Estopa es hacerlo de una de esas bandas que tiene el poder de aunar a generaciones, de hacerte sentir que vuelves a la infancia, sin preocupaciones y que estás en familia  

Sus canciones pusieron banda sonora a los primeros amores, desamores y juergas de los jóvenes de los 2000. Han pasado 25 años y siguen consiguiendo que sus fans canten a pulmón con sus amigos e incluso con sus padres que se parten la camisa como Camarón, que les falta el aliento, la fuerza y la pasta y que hay un calorro que les arropa. Como su música.

Hablar de Estopa es hacerlo de una de esas bandas que tiene el poder de aunar a generaciones, de hacer sentir que vuelves a la infancia, sin preocupaciones y que estás en familia. Son como un vino tinto (sí, con los años se hacen más listos). Por eso, seguramente, tras anunciar una gira con motivo del 25 aniversario de su formación, un tour por grandes recintos en el que presentan su último disco, Estopía, y recuerdan las grandes canciones de su carrera, tardaron menos de 24 horas en agotar las entradas de este sábado en el Cívitas Metropolitano de Madrid.

«Buenas noches, Madrid, esto es impresionante», comienzan los de Cornellá ante un estadio lleno de pulseras iluminadas al son de sus palabras poco después de entonar Tu Calorro. Es escuchar la primera frase, «Fui a la orilla del río», y el estadio entra en ebullición, una sensación que perdurará durante más de dos horas y media de concierto. Entre abrazos, saltos (y también gritos), es difícil encontrar a alguien que no se deje llevar por la pasión de las letras que han acompañado tantos momentos de su vida.

Los hermanos Muñoz han recordado su trayectoria en Madrid. Desde aquel primer concierto en la sala Caracol, al que acudió «muy poca gente», hasta las noches en La Riviera y después en el Wizink Center que les han llevado hasta aquí: «El concierto más multitudinario de nuestra historia». «Madrid es nuestro segundo barrio», han dicho, no sin antes recordar, entre bromas, que la capital les haya acogido «tan bien siempre siendo del Barça».

Han pasado 25 años desde que a estos dos hermanos de Cornellá que trabajaban en una fábrica de coches les cambió la vida La raja de tu falda y en esta gira suenan canciones de 1999, 2001, 2004 o 2011 como si el tiempo no hubiera pasado por ellas. Porque así ha sido y ese es el poder de Estopa: han escrito más de 100 letras y buena parte de ellas ha quedado en el imaginario colectivo de jóvenes y ya no tan jóvenes. Porque quienes empezaron escuchándolos con 20 ya cumplen los 50. Y ellos lo saben, cantan en el escenario con una seguridad que abruma. Con cervezas en una mesa, como si estuvieran entre amigos. Y el público lo nota.

«Madrid es la capital del mundo de las terrazas y los bares, es un lugar de acogida. Todo para justificar que nos vamos a tomar otra caña», dicen en un momento del concierto, mientras el público les arropa.

Un SEAT 500 rojo entra en el escenario y acto seguido suena Me falta el aliento, una canción que dedican «a los trabajadores que se levantan a las 5 de la mañana». A ella le sigue Corazón sin salida, continuada de un impresionante solo de batería que deja sin palabras a gran parte de los asistentes. Será uno de los pocos momentos en los que la gente se quede inmóvil.

«Estos son recuerdos que no borra ni el Alzheimer. Nos habéis tratado siempre como si fuéramos madrileños y nos sentimos madrileños», han recordado. Un concierto que los catalanes aseguran que contarán «a sus nietos y bisnietos».

También ha habido espacio para los temas de su último disco, Estopía, una vuelta a sus orígenes, con ritmos rumberos, que juguetea con toques de rock e incluso con el rap. El día que tú te marches, Ke más nos da o la rumba del pescaílla son algunas de las canciones que han levantado a los 55.000 asistentes del Cívitas Metropolitano. Y es que da igual que sean temas nuevos, el público los canta como si no hubiera un mañana. Hay grupos de amigos, familias, parejas e incluso desconocidos coreándolas.

Objetivo conseguido para David y José, que aseguraron en una entrevista con EL MUNDO que querían celebrar este cuarto de siglo de carrera con un disco nuevo y no con un recopilatorio porque quieren «sentirse vivos» y que la gente escuche su nueva música y no sólo recurra a sus grandes clásicos. No querían que el público tuviera la sensación de que no se les había ocurrido «nada nuevo».

Entre el público asistente se encuentra Rosa, de 32 años, que recuerda que conseguir entradas para hoy ha sido «un parto». «Estopa representa un poco la calle. David y José son personas normales, de las que hoy en día es difícil encontrar: personas llanas, sin tonterías», cuenta esta joven que va a ver hoy por primera vez a esta banda que representa para ella todas las etapas de su vida. «Esa es precisamente mi ilusión, venir por fin a verlos después de 25 años de carrera cerrando el círculo de todas esas canciones que me han ido acompañando a lo largo de la vida», señala.

Enrique, de 34 años, asegura que hoy salda «una deuda con mi yo adolescente». También es su primera vez: «Son de los artistas que de mejor humor me ponen por la cercanía de sus letras y lo fácil que es identificarse con ellas».

Como colofón, después de Me quedaré, sonó un último himno, Como Camarón, seguido de un vídeo recordando los orígenes de estos dos hermanos de barrio que han marcado la vida de tanta gente. Dos horas y media de concierto que supieron convertir en una fiesta intergeneracional para no olvidar.

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