Entre el bullicio de la salida a hombros de Antonio Ferrera y la euforia que acompañaba a los seguidores a su alrededor, una imagen simbólica pasó desapercibida este domingo en el ruedo de Las Ventas. Y es que entre quienes sacaron en volandas al extremeño se encontraba Miguel Ángel Silva, periodista y también -y siempre- matador de toros, protagonista junto a Ferrera de una historia de amistad, gratitud y supervivencia que se remonta 14 años atrás.
Periodista y matador de toros, sufrió una gravísima cornada de novillero en 2012 y la rápida actuación del extremeño, taponando la herida con su puño, fue clave para frenar una hemorragia descontrolada
Entre el bullicio de la salida a hombros de Antonio Ferrera y la euforia que acompañaba a los seguidores a su alrededor, una imagen simbólica pasó desapercibida este domingo en el ruedo de Las Ventas. Y es que entre quienes sacaron en volandas al extremeño se encontraba Miguel Ángel Silva, periodista y también -y siempre- matador de toros, protagonista junto a Ferrera de una historia de amistad, gratitud y supervivencia que se remonta 14 años atrás.
Fue en Hoyo de Pinares, en 2012, en un mano a mano con José Garrido, en la que un astifino novillo de Adolfo Rodríguez Montesinos le corneó de extrema gravedad. «Me partió todo el paquete vascular, arrancándome la femoral desde el tronco, la safena interna y externa. Fue un destrozo, aquello parecía un grifo de sangre tremendo«. Entonces, en aquel bautismo de sangre de Silva, apareció la figura de Ferrera, presente en la plaza, que saltó del callejón y no dudó en actuar. «Me metió casi el puño entero en la herida. Y cortó gran parte de la hemorragia. Llegué a la enfermería, un quirófano móvil de una plaza portátil, en un estado ya de inconsciencia total y habiendo perdido muchísima sangre. Afortunadamente me operaron allí mismo y me salvaron la vida. Todos los médicos nos dijeron que sin la intervención de Ferrera, el desenlace hubiese sido muy trágico«, recuerda.
Aquella fue una tarde marcada por el destino, ya que en un principio Ferrera, anunciado para torear en esa fecha, no iba a estar presente en la novillada. Pero un diluvió obligó a aplazar el festejo a otra fecha y entonces el extremeño sí pudo acompañar a su entonces pupilo Garrido. El gesto de Ferrera quedó grabado para siempre en la memoria del entonces joven torero: «Desde ese día he tenido siempre un vínculo muy especial, mi madre le llama Ángel de la guarda y él después llegó a decirme que Dios le guio la mano«.
Una vez salvada la vida del torero, la preocupación entonces se fijó en la pierna: «No tenía pulso, los médicos les dijeron a mis apoderados que había riesgo de amputación. Decidieron trasladarme a Salamanca donde había vasculares de guardia, y allí me salvaron también la pierna», recuerda Silva.
Por todo eso, la de este domingo era una tarde especial y quiso vivirla en el callejón de la plaza, cerca de su salvador, referente e íntimo amigo. Tras cortar una oreja al cuarto toro y sabido que Paco Ureña no iba a poder salir a torear su segundo toro, hubo un gesto entre ellos. «Cruzamos la mirada, me saludó y yo le hice así como una reverencia. En ese momento se me vino a la mente que tenía una deuda pendiente con él, que aquel día me salvó la vida y bueno, me dije que si cortaba otra oreja saldría a sacarle a hombros. Se me encendió esa luz en el corazón y ahí que fui».
Fue una especie de arrebato, dice, pues tiene prohibido por los médicos coger peso debido a portar una placa dese hace tres años por un problema medular que le impide torear. «De hecho, soy costalero de hace muchos años en mi tierra y lo tuve que dejar. No sabía si iba a poder con él o no, entre los empujones y todo, pero yo creo que fue un momento bonito y me queda una foto que voy a guardar para siempre, como si fuera el cierre del círculo, de la tragedia de aquel día a la felicidad del triunfo juntos en Madrid».
Silva, reportero en el programa Espejo Público de Antena 3, vivió toda la tarde con gran emoción. «Ha sido la tarde más intensa de San Isidro por todo lo que aconteció. Para mí Ferrera actualmente quizás sea el torero más libre de todo el escalafón. Su trayectoria se lo permite. Fue una tarde en ciertos momentos caótica, o desordenada, y en algún momento se llegó a romper la lógica y la matemática del toreo, pero creo que fue en pro del arte y de la pasión. Y Ferrera, si ha demostrado algo, sobre todo en esta última etapa suya, es haber sido ser un torero irracional, apasionado y entregado a al arte, a la inspiración del momento. Un revolucionario en ese sentido. Y el toro a veces necesita de figuras revolucionarias«, dice, todavía con la voz entrecortada quien este domingo llevó sobre sus hombros al hombre que, 14 años atrás, le sostuvo entre la vida y la muerte.
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