La revolución sexual de Sara Torres: «Liberar el deseo es un acto de resistencia política»

<p>Hay ciertas preguntas que llevan años latiendo en la obra de <a href=»https://www.elmundo.es/la-lectura/2024/06/04/6650b1bee85ecea50b8b4582.html» target=»_blank»><strong>Sara Torres</strong></a> (Gijón, 1991), quien nunca ha ocultado que el objetivo de su escritura es «la transformación de las sensibilidades y de cómo vivir el deseo» de sus cada vez más numerosos lectores, que <strong>se acercan a su obra lírica y descarnada con fervor casi religioso</strong>. Sea en poemarios como <i>Conjuros y cantos</i>, <i>El ritual del baño</i> o <i>Deseo de perro</i> o en sus celebradas y exitosas novelas <a href=»https://www.elmundo.es/loc/famosos/2022/06/27/62b465b0fc6c83d42c8b459e.html» target=»_blank»><i>Lo que hay</i></a> y <a href=»https://www.elmundo.es/la-lectura/2024/06/04/6650b1bee85ecea50b8b4582.html» target=»_blank»><i>La seducción</i></a>, su inconfundible voz explora temas como el cuerpo, el amor lésbico, el duelo y la feminidad, <strong>entrelazando elementos poéticos y autobiográficos</strong> con un enfoque que cuestiona y desentraña las profundidades de las emociones humanas y las relaciones íntimas.</p>

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 Tras el éxito de su poesía y sus novelas la escritora da el salto al ensayo con ‘El pensamiento erótico’, un texto lúcido y subversivo que propone una mirada alternativa al binarismo heterosexual y una rebelión de los cuerpos y las intimidades. «La monogamia heterosexual es una herramienta del capitalismo»  

Hay ciertas preguntas que llevan años latiendo en la obra de Sara Torres (Gijón, 1991), quien nunca ha ocultado que el objetivo de su escritura es «la transformación de las sensibilidades y de cómo vivir el deseo» de sus cada vez más numerosos lectores, que se acercan a su obra lírica y descarnada con fervor casi religioso. Sea en poemarios como Conjuros y cantos, El ritual del baño o Deseo de perro o en sus celebradas y exitosas novelas Lo que hay y La seducción, su inconfundible voz explora temas como el cuerpo, el amor lésbico, el duelo y la feminidad, entrelazando elementos poéticos y autobiográficos con un enfoque que cuestiona y desentraña las profundidades de las emociones humanas y las relaciones íntimas.

«Quizá lo que me conecta con los lectores sea que no me avergüenza ser honesta con las emociones ni me da pudor reconocer que el cuerpo siente todo tipo de pasiones», explica tímidamente dando un sorbo a su café antes de charlar sobre El pensamiento erótico (Reservoir Books), su primer ensayo. Licenciada en Filología y Literatura por la Universidad de Oviedo, doctora por la Queen Mary de Londres -con la tesis inédita El texto lésbico: fantasía, fetiche y devenires queer– y exprofesora de estudios culturales en la Autónoma de Barcelona, la escritora reconoce que le costó dar el salto a la no ficción. «Tenía bastante reticencia, una cierta incomodidad, a la publicación en tono académico, pues mi obra no habla de verdades científicas, sino de intuiciones vitales», plantea.

Sin embargo, espoleada por su editora, se lanzó, dice, «a escribir desde cero considerando la teoría aprendida en la universidad, pero ensayándolo en la vida, pues todo conocimiento debe ir acompañado de la práctica«. Lleno de lirismo y con cierto toque de ficción, El pensamiento erótico combina la flor y nata de la teoría feminista: Teresa de Lauretis, Audre Lorde, Gloria Anzaldúa, Anne Dufourmantelle o Monique Wittig -de quien en las próximas semanas las editoriales Bamba y Tránsito recuperan sin censura sus novelas El Opoponax y Las guerrilleras, respectivamente-, con otras voces como la de su adorada Anne Carson, Safo e incluso Platón. Pero también con reflexiones de la propia Torres basadas en su experiencia y en la búsqueda de respuestas.

«Este libro trata de contestar a varias cuestiones que llevo mucho tiempo planteándome: ¿Qué tipo de formas de conocer el mundo nos da la sensibilidad poética? ¿Cómo aprendemos a seducir fuera de la norma heterosexual? ¿Qué tipos de sabidurías nos da la dulzura? ¿Como sacar el pensamiento de esa razón occidental que hemos heredado y entender que hay pensamiento e inteligencia en todo lo que vive e inventa algo?», resume. El resultado es un texto lúcido y subversivo que propone una mirada alternativa al binarismo heterosexual, busca alejarse de la forma patriarcal de entender la identidad sexual y elabora una reivindicación vital de los cuerpos y una rebelión de intimidades socavadas durante siglos.

El radical punto de partida de Torres nace de un cuestionamiento de lo que se conoce como pensamiento heterosexual, una educación común a todos que la escritora considera un constructo cultural que debe ser repensado. «Al margen de qué vida o qué orientación tengamos, desde que nacemos todos recibimos una educación heterosexual, una versión oficial del mundo blanca, patriarcal y basada en la idea de los opuestos complementarios«, opina la autora, antes de desgranar este concepto.

«En este tipo de pensamiento se nos inculca que la mujer tiene que ser mujer y el hombre tiene que ser hombre y que verdaderamente ahí hay algo esencial, mágico y profundo que nos divide en pares. Existe la obsesión de que hay que buscar tu opuesto y partiendo de un lugar de tensión, resolverla con un pacto», explica. «Así, el amor se significa con un montón de metáforas bélicas, como ocurre en los documentales de animales, y se nos vende que esa lucha es el destino natural de la vida sexual o de la pasión, la única forma de realizarte afectivamente», denuncia.

«La ideología que nos inculcan a todos de niños nos hace ver el deseo heterosexual como un destino inevitable y nos marca de por vida»

Para Torres, «esta ideología que nos inculcan de niños marca nuestra forma de entender el deseo y el amor. Romper con todo eso es un paso radical y complejo, no ocurre con sencillez, sino con desgarro, porque supone desnaturalizar gestos asimilados y cuestionarte eso que no se cuestiona, lo que se da por hecho, lo que se considera natural, aunque sea una creación artificial», explica la autora, que
lo compara con observar desde fuera el sistema socioeconómico del capitalismo.
«Este sistema también se plantea de forma acrítica como una tendencia natural de la humanidad, como la única vía posible, infiltrada en todos los aspectos del día a día. Analizar el consumismo inherente a él y ser capaces de ver todo lo que implica en nuestra vida supone un esfuerzo, pero nos permite ver el conjunto de poderes, de dominancias, de intereses y de inercias que comportan la realidad y nos abre la posibilidad de intentar sustraernos a ellas», observa Torres.

Esta comparación no es casual ni inocente, pues como abunda la autora este dogma de los opuestos complementarios es una construcción que obedece a un fin. «Este relato interesa a la sociedad porque hace falta producir trabajadores y por eso hay una ansiedad por meter en el inconsciente el deseo de trascender a través de los hijos, esta idea de que somos incompletos y nos completamos reproduciéndonos», sostiene. «Ese es el culmen de este pensamiento, y lo que convierte la monogamia heterosexual en una herramienta del capitalismo«.

Frente a esta lógica la escritora propone otra visión de los afectos, la sexualidad y el deseo que encarna a través del concepto filosófico de cuerpo enamorado, una idea -explorada por pensadores como Michel Onfray, Julia Kristeva, Pausanias o Platón- que describe la corporeización del amor no como una abstracción, sino como una realidad física y ontológica que transforma al ser humano generando una nueva percepción del mundo. «Salir de ese marco heterosexual y abrazar el pensamiento erótico supone la liberación del deseo, de la potencia del deseo, y lo convierte en la fuerza motriz de nuestra existencia», remacha Torres, que defiende este concepto «no como una ideología, sino como una práctica del olvido de la norma. El pensamiento erótico pretende ejercitar nuestra posibilidad de relacionarnos de forma diferente a como nos han enseñado, de mirar al mundo con otros ojos, teniendo en cuenta su infinita complejidad y delicadeza».

«El mundo patriarcal nos ha enseñado a sospechar del amor, nos dice que es de débiles y de afeminados cuando, en realidad, es un acto de resistencia»

Pero más allá de nuestra educación, ¿cuál es el principal escollo para llegar a este estado? Según Torres, todo nace de nuestra equivocada idea del amor. «El relato heterosexual del amor vive la pasión como un accidente. La mitología lo representa como un angelito que te lanza una flecha desde fuera y tú eres víctima de un ataque que te trae belleza, pero también fatalidad. El amor se vuelve sospecha«. Una visión que, para su sorpresa, la autora ya encontró en algo tan seminal para la cultura occidental como la filosofía platónica.

Sara Torres en la plaza de Olavide de Madrid.
Sara Torres en la plaza de Olavide de Madrid.Sergio González Valero

«En un diálogo del Fedro Sócrates habla de la sospecha sobre el cuerpo enamorado, que sus contertulios definen como menos efectivo, menos práctico y menos fiable. Pero él defiende que quien está enamorado tiene mayor potencialidad para la sabiduría y el conocimiento«, resume Torres. «El cuerpo enamorado es una modulación del cuerpo que permite asistir a ciertas formas de verdad. El mundo patriarcal nos ha enseñado a sospechar del amor, nos dice que es de débiles y de afeminados cuando, en realidad, en el mundo actual, se ha convertido en un acto de resistencia».

Una resistencia que, insiste la escritora, está dentro de nosotros y no fuera. «La pasión y la potencialidad del amor están dentro de cada cuerpo vivo y es algo que debemos cultivar y entrenar, no algo externo que nos arrebata y nos inutiliza, sino la materia prima de la vida», matiza. Aquí la autora echa mano de otro concepto clásico, el del Eros dulce-amargo, acuñado originalmente por la poeta Safo para describir la naturaleza contradictoria del amor y explorado también por la canadiense Anne Carson como forma de controlar el deseo ambivalente que nace de la tensión entre el placer de la contemplación y la amargura de la pérdida de autonomía.

«Las lógicas mercantilistas de la sociedad actual enfocan nuestra pasión y nuestro deseo hacia el dinero, el trabajo o el último iPhone»

La clave para Torres es hacia dónde dirigir esa pasión y ese deseo en un mundo como el actual. «El problema es que vivimos en entornos que capturan nuestra pasión con fines productivos, externos a nuestros intereses. Estamos poniendo la pasión en el último iPhone, en conseguir más dinero o en nuestro trabajo, atrapados por las lógicas mercantilistas de la sociedad actual. ¿Qué es nuestro desquiciante ritmo de vida más que una captura sistemática y terrible de la pasión?«, se pregunta. «Debemos canalizar el deseo y la pasión no hacia el poder, que suele ser en nuestro mundo crecimiento, acumulación o dominación, sino hacia la potencia de cambiar la mirada y los relatos sociales de qué es deseable. Abrazar la disidencia, dejar de protegernos contra la creatividad como algo que desestabiliza y celebrar que es posible la diferencia».

El camino que propone Torres para lograrlo es habitar la dulzura, concepto de la filósofa Anne Dufourmantelle que definde como «una herramienta afectiva que produce una inteligencia que te capacita para valorar lo que la vida necesita. Estar en contacto con la dulzura nos permite reconocer la injusticia y la violencia, sobre todo en esta época en la que hay muchos aspectos de la sensibilidad que están neutralizados y adormecidos. Y por eso una actitud esencialmente política y que debe vivirse de forma colectiva», reivindica la escritora, quien aduce que un cambio de mentalidad de esta magnitud transformaría completamente la sociedad. «Toda mi obra intenta proponer un marco de transformación de nuestra forma de vida. No es un concepto científico, no es la verdad. Es una herramienta para una práctica de vida basada en el amor y la dulzura, nada más», concluye con sencillez.

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