«El hombre a quien el mundo conocería como Theodore Kaczynski llamó nuestra atención en 1978 tras la explosión, en la Universidad de Chicago, de su primera bomba casera rudimentaria». Así arranca el expediente con el que el FBI inauguró la investigación sobre el terrorista que sembró el pánico en Estados Unidos durante casi dos décadas a través de envíos postales, bautizado oficialmente por los agentes como «Unabomber».
En 1995, Ted Kaczynski chantajeó a la prensa estadounidense con un manifiesto antitecnológico que precipitó su captura. Tres décadas después, sus postulados vuelven a ser rescatados por los sectores más apocalípticos
«El hombre a quien el mundo conocería como Theodore Kaczynski llamó nuestra atención en 1978 tras la explosión, en la Universidad de Chicago, de su primera bomba casera rudimentaria». Así arranca el expediente con el que el FBI inauguró la investigación sobre el terrorista que sembró el pánico en Estados Unidos durante casi dos décadas a través de envíos postales, bautizado oficialmente por los agentes como «Unabomber».
Kaczynski falleció a los 81 años. Llevaba recluido desde 1998, cuando fue sentenciado a cuatro cadenas perpetuas consecutivas por perpetrar 16 atentados entre 1978 y 1995. Aquellos ataques, carentes en apariencia de un patrón lógico o un móvil nítido, se saldaron con tres muertos y 23 heridos. En septiembre de 1995 forzó la publicación de su manifiesto en The Washington Post y The New York Times, una extensa advertencia sobre la deshumanización técnica que hoy, con el auge de la inteligencia artificial, vuelve a despertar inquietud y adeptos. Paradójicamente, la difusión pública de aquellas páginas se convirtió en su mayor error táctico.
El fugitivo más esquivo de la historia reciente de EEUU fue desenmascarado por su propio hermano y su cuñada, quienes reconocieron su prosa y giros lingüísticos en el texto impreso. Así concluyó la cacería humana más costosa desplegada por las autoridades federales, una odisea criminal que hoy repasa la película Unabomber en Netflix.
Theodore John Kaczynski nació en Chicago en 1942 en una familia obrera. Con un coeficiente intelectual de 167, muy por encima de la media, despuntó con rapidez como un niño prodigio de las matemáticas. Vecinos y compañeros de habitación lo recordaban como un muchacho «brillante pero solitario». Su capacidad le permitió saltarse cursos y terminar la educación secundaria a los 15 años.
Con apenas 16 años y becado por méritos académicos, ingresó en la Universidad de Harvard, donde se licenció a los 20 años antes de realizar su doctorado en la Universidad de Míchigan. Sus docentes lo describían como un investigador «extraordinariamente original». Con apenas 25 años fue contratado como profesor ayudante en la Universidad de Berkeley, perfilándose como una de las mentes más prometedoras de su disciplina.
Sin embargo, su psique escondía fracturas tempranas: en 1966 acudió a una consulta psiquiátrica contemplando una reasignación de género, pero desistió en la sala de espera; más tarde admitiría haber sentido una furia asesina incontenible hacia la terapeuta durante aquella sesión, señalando el suceso como un punto de quiebre. En 1969, de forma repentina y sin ofrecer explicaciones, renunció a su plaza docente y cortó todo vínculo académico para retirarse al aislamiento absoluto en una pequeña comunidad rural de Montana.
Durante sus años en Harvard, Kaczynski participó en un controvertido experimento de personalidad dirigido por el psicólogo Henry Murray. Décadas más tarde, la propia CIA admitiría que dicho estudio formaba parte del programa secreto MK-Ultra, una operación clandestina orientada al control mental y la manipulación de estados de conciencia mediante interrogatorios abusivos y el suministro de sustancias psicotrópicas.
Aunque existen especulaciones periodísticas sobre el alcance de este experimento en otros perfiles criminales de la época, Kaczynski formó parte comprobada del grupo de 22 alumnos sometidos a las sesiones. Pese a que los informes militares de la época lo catalogaban como «emocionalmente estable», el propio Kaczynski detalló más tarde que fue atado a sillas y conectado a electrodos mientras sufría humillaciones sistemáticas e interrogatorios hostiles. Sus defensores legales sostuvieron que este trauma alteró permanentemente su estabilidad psicológica.
En 1971 levantó con sus propias manos una cabaña en las inmediaciones de Lincoln (Montana), carente de electricidad y saneamiento básico. En una estancia diminuta amontonó libros, un camastro y una estufa. Desde aquel refugio comenzó sus primeras acciones de sabotaje local, prendiendo fuego a construcciones próximas que consideraba una intrusión en el entorno natural.
A partir de 1978 inició una campaña terrorista meticulosa. Sus primeros artefactos tuvieron como objetivo la Universidad Northwestern; uno hirió a un agente de seguridad y el siguiente a un estudiante. Poco después, en noviembre de 1979, introdujo un explosivo en la bodega de carga del vuelo 444 de American Airlines: el mecanismo falló, liberando una densa humareda en cabina que obligó a realizar un aterrizaje forzoso, salvando por poco la vida de decenas de pasajeros. Kaczynski admitió en sus notas privadas haber sentido alivio por el fallo técnico, al juzgar retrospectivamente aquel ataque como «demasiado indiscriminado».
Las bombas continuaron dirigidas contra personal universitario, aerolíneas y directivos vinculados a la industria tecnológica o maderera: Percy Wood, presidente de United Airlines, resultó gravemente mutilado en su vivienda. Varios profesores e investigadores de universidades como Vanderbilt, Berkeley y Utah sufrieron mutilaciones severas y pérdida de visión. Tres víctimas mortales: el dueño de una tienda de ordenadores en Sacramento, Hugh Scrutton (1985); el publicista Thomas J. Mosser (1994); y el presidente de la Asociación Forestal de California, Gilbert Murray (1995), cuya deflagración fue tan violenta que los forenses solo permitieron a la familia reconocer el cadáver de rodillas hacia abajo.
Al carecer de patrones claros, el FBI recurrió al acrónimo provisional UNABOM (University and Airline Bomber) para bautizar al sospechoso desconocido. Construidos a mano con virutas de madera, interruptores domésticos y restos de chatarra, los artefactos no dejaban rastro balístico ni huellas dactilares. La recompensa llegó a ascender a un millón de dólares, con más de 50.000 pistas falsas que colapsaron las líneas de investigación.
El desenlace arrancó en abril de 1995, cuando Kaczynski envió a las redacciones de The Washington Post y The New York Times un ensayo de 35.000 palabras titulado «La sociedad industrial y su futuro». En él exigía la publicación íntegra del texto a cambio de cesar de inmediato los ataques con explosivos.
Lejos de quedar como una reliquia criminal, el documento es objeto de relecturas contemporáneas en foros digitales, donde se acuñó el término «Tedpilling» entre comunidades descontentas con el rumbo de la automatización. Fragmentos concretos del manifiesto advertían literalmente:
- «Las nuevas tecnologías tienden a transformar la sociedad de tal manera que, a la larga, resulta imposible para el individuo funcionar sin someterse a ellas».
- «En el futuro, el trabajo humano dejará de ser necesario».
Personalidades del sector tecnológico, como el propio Elon Musk, han llegado a comentar en redes sociales sobre la advertencia inaugural del texto («La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana»), admitiendo que sus premisas de partida «podrían no estar del todo desencaminadas».
La pista definitiva no surgió de un laboratorio forense, sino de unas vacaciones en Francia. Linda Patrik, filósofa y cuñada de Ted, leía artículos de prensa sobre el manifiesto y reconoció las obsesiones, las expresiones recurrentes y el léxico de su cuñado ausente. Convenció a su marido, David Kaczynski, quien tras comparar el impreso con antiguas cartas familiares acudió a las autoridades.
El 3 de abril de 1996, cuarenta agentes del FBI cercaron la cabaña en Montana. Encontraron a un hombre andrajoso, barbudo y cubierto de mugre, conviviendo con dos artefactos listos para detonar y más de 40.000 folios de diarios manuscritos con el registro exhaustivo de sus experimentos criminales.
Pese a los intentos de sus abogados por declararlo mentalmente incapaz para salvarlo de la pena capital (estrategia a la que Kaczynski se opuso con vehemencia al considerar que invalidaba sus tesis políticas), el terrorista terminó declarándose culpable para eludir la inyección letal.
Ingresó en la prisión de máxima seguridad ADX Florence (Colorado), donde compartió patio y conversaciones teóricas con reclusos como Ramzi Yousef (autor del atentado de 1993 contra las Torres Gemelas) y Timothy McVeigh (el atacante de Oklahoma City). En junio de 2023, recluido en el centro médico federal de Butner (Carolina del Norte), se quitó la vida a los 81 años.
La rústica cabaña de madera donde concibió sus ataques, desmontada y custodiada durante años como pieza judicial y museística, permanece almacenada en una nave de alta seguridad del FBI.
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