‘Mala persona’: Malena Alterio y Arturo Valls, el tamaño de dos cómicos irrefutables (***)

<p>Intentar definir lo que sea la comedia es tan entretenido como destripar un chiste. Eso o chupar un clavo. Es muy aburrido, vamos. <strong>La comedia es lo que es precisamente por su capacidad para no ser nada de lo que nos empeñamos en que sea.</strong> No me queda claro que la frase se entienda, pero ahí queda. Cuando decimos que una comedia es inteligente, en verdad lo que estamos diciendo es que los inteligentes somos nosotros que nos reímos. Es decir, creemos (o fingimos) definir algo y, en verdad, en un ejercicio de narcisismo muy poco pudoroso, lo que hacemos es propaganda. De la misma manera, cuando decimos eso de que una comedia es chabacana, en realidad lo que intentamos es ocultar que, pese a todo, nos hemos reído. De nuevo, desviamos la atención para hablar indirectamente de nosotros mismos. Siempre así de patético, que no cómico.</p>

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 Fernando García-Ruiz ensucia la comedia con todo lo que mancha de la vida y acierta a construir, gracias a dos intérpretes en estado de gracia, una película tan irreverente como libre y efectiva  

Intentar definir lo que sea la comedia es tan entretenido como destripar un chiste. Eso o chupar un clavo. Es muy aburrido, vamos. La comedia es lo que es precisamente por su capacidad para no ser nada de lo que nos empeñamos en que sea. No me queda claro que la frase se entienda, pero ahí queda. Cuando decimos que una comedia es inteligente, en verdad lo que estamos diciendo es que los inteligentes somos nosotros que nos reímos. Es decir, creemos (o fingimos) definir algo y, en verdad, en un ejercicio de narcisismo muy poco pudoroso, lo que hacemos es propaganda. De la misma manera, cuando decimos eso de que una comedia es chabacana, en realidad lo que intentamos es ocultar que, pese a todo, nos hemos reído. De nuevo, desviamos la atención para hablar indirectamente de nosotros mismos. Siempre así de patético, que no cómico.

‘Mala persona’, y de ahí lo anterior, es comedia por sencillamente inclasificable. No hay forma de saber qué hace que, de repente, nos estemos riendo de la enfermedad terminal de un hombre (ése es el personaje de Arturo Valls), mientras un abogado desaprensivo (éste es Julián Villagrán) se las arregla para estafarle a la vez que le engaña con su mujer (y aquí, la inconmensurable Malena Alterio). Si a eso se le suma que todo ocurre en un barrio del extrarradio de una ciudad arrasado por todas las consecuencias de la pobreza y que, en el frenesí del descontrol, el mejor chiste corre a cuenta de un neonazi de los de toda la vida (de nuevo tiene poco), la sensación de extrañamiento roza el delirio. A ver si no va a ser una comedia pese a lo graciosa que es.

Como decimos, se cuenta la historia de un hombre que, ante la inminencia de la muerte, decide dejar de ser lo que ha sido siempre (bueno) para ser lo que no sabe ser (malo). No lo hace para disfrutar más por aquello de que la maldad sea más divertida o dé más dinero; en verdad, lo hace porque no puede dejar de ser lo que es; es decir, bueno. No quiere que su familia y amigos sufran cuando abandone este mundo y, por ello, en un ejercicio de sacrificio digno de una tragedia existencial (que no comedia), prefiere dejar un muy triste recuerdo.

La idea fue tiempo atrás de Diego San José, artífice de comedias que no lo parecen como ‘Vota Juan’ et alii, y el director Fernando García-Ruiz la lleva a efecto con una alegre perplejidad que, por momentos, entusiasma. ‘Mala persona’ avanza en difícil equilibrio entre la broma y el insulto; entre la escatología y la alta comedia; entre el drama social y el delirio personal; entre el cine familiar y el gamberrismo adolescente; entre el placer propio y la vergüenza ajena. Y en su paso de ‘bulldozer’ ni la Iglesia (aquí, un José Corbacho desatado) se salva. «El secreto de confesión me la pela», se le escucha decir desde el púlpito. Más que humor negro en su acepción más clásica, diríamos que la cosa anda más cerca del humor sucio o, mejor, humor que mancha al menos como la vida misma. Pese a irregularidades y desajustes de ritmo (que los hay), no hay más remedio que rendirse a una comedia cuyo principal atractivo es que nadie diría que lo es.

Y luego están Malena Alterio y Arturo Valls. Nada de lo bueno de esta película tendría sentido sin dos actores tan conscientes de la inconsciencia que les rodea. Como si se tratara de una nueva e imposible reencarnación de la pareja Shirley MacLaine y Jack Lemmon, por poner un ejemplo mayor y porque sí, los dos se manejan con un patetismo a la altura de la más soberbia genialidad entre la carcajada y la desolación, entre lo terrible y lo desconcertante de lo descojonante (con perdón). La pregunta que quedaría por resolver es: ¿qué es comedia? Decía Edgar Neville que es la forma en que las personas inteligentes se comunican entre sí. Probablemente hablaba de sí mismo, pero nos vale.

Dirección: Fernando García-Ruiz. Intérpretes: Arturo Valls, Malena Alterio, Julián Villagrán, José Corbacho, Teresa Lozano. Duración: 99 minutos. Nacionalidad: España.

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