Malena Alterio: «La ausencia de papá se hace más pesada y dolorosa con el paso del tiempo cuando voy a su casa»

<p>La carrera de <strong>Malena Alterio </strong>(Buenos Aires, 1974) es hoy un círculo que ha encontrado cierre y se dispone a reiniciarse. Hace 25 años que la actriz presentó su primera película, <i>El palo</i>, aquella historia sobre el atraco a un banco que, en realidad, lo que quería era profundizar en la vida, más que en la obra, de sus cuatro mujeres protagonistas. El mismo propósito, el de la indagación en nuestra existencia, tiene <i><strong>La vida extraordinaria</strong></i>, y de ahí el círculo, que no final, de una intérprete por herencia, casualidad y ahora vocación.</p>

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 La actriz protagoniza ‘La vida extraordinaria’ en los Teatros del Canal, el primer montaje tras el fallecimiento de su padre, el actor Héctor Alterio  

La carrera de Malena Alterio (Buenos Aires, 1974) es hoy un círculo que ha encontrado cierre y se dispone a reiniciarse. Hace 25 años que la actriz presentó su primera película, El palo, aquella historia sobre el atraco a un banco que, en realidad, lo que quería era profundizar en la vida, más que en la obra, de sus cuatro mujeres protagonistas. El mismo propósito, el de la indagación en nuestra existencia, tiene La vida extraordinaria, y de ahí el círculo, que no final, de una intérprete por herencia, casualidad y ahora vocación.

El texto teatral del argentino Mariano Tenconi Blanco -en los Teatros del Canal hasta el 19 de abril- es la vida en sí misma de dos mujeres comunes -como también lo era El palo- que se dejan guiar por la poesía. Son sus relaciones, sus deseos y también sus pérdidas. Y esto es algo que apela directamente a Malena Alterio, que vio irse a su padre, el también actor Héctor Alterio, hace cuatro meses a los 96 años. La figura que involutariamente la atrajo a un oficio que durante años no sintió como suyo y ahora es todo.

«Cada vez que subo al escenario aún me tengo que tatuar que esto solo es una obra de teatro y que no pasa nada si sale mal. Solo me juego mi honor y mi prestigio. A mí me encanta este oficio, me nutre y me enriquece, pero soy una simple actriz. Esas palabras me las repito siempre para sostenerme ante el miedo«, expone la actriz, que también estrena la serie Cochinas en Prime Video el 24 de abril. Y aquí aparece por primera vez, que no última, el padre: «Papá, cuando me notaba nerviosa, me decía: ‘Malena, primero está esta, luego va a venir otra y luego otra y luego otra. No pasa nada'».

Son muchos años y una posición ya consolidada en la actuación, ¿aún sufre esa inseguridad?
Date cuenta que vengo de donde vengo, que la figura de papá siempre es grande y que me metí en el teatro porque fui una muy mala estudiante. Aquí encontré un lugar donde podía jugar y ser libre y poco a poco se fue dando. Nunca tuve una actitud muy rotunda de decir voy a ser actriz, se me fue dando. Sí tenía mucha responsabilidad porque venía de donde venía y con los años me he ido haciendo fuerte, me he ido ratificando en que este es el lugar donde yo quiero estar. Cada vez siento más que es aquí donde puedo ofrecer algo y donde soy alguien.
¿Fue de ese tipo de actrices a las que les cuesta decir que es actriz?
Sí, sí, sí, pero hubo un momento en que ya no quedó más remedio que verbalizarles a mis padres que iba a ser actriz. Aún así me costó mucho hacerlo. Yo ahora veo a mi sobrina que tiene 18 años, que es divina, y hace cinco años que dice que va a ser actriz. Sin ningún pudor, teniéndolo tan claro. Ya podría haberlo tenido yo así de claro. Además es que viene muy potente, ya ha hecho su primera incursión en la televisión y ella hará su camino.
¿El apellido Alterio fue parte de sus dudas sobre si era o no era actriz?
Inconscientemente para mí eso jugaba un papel muy importante porque siempre he sentido una enorme admiración por la figura de papá y por su trabajo. Inconscientemente yo no me sentía capaz de estar ni siquiera cerca de lo que había hecho él. Me sentía insegura porque no quería que la gente pensara que yo estaba aquí porque mi padre había llamado a alguien. Dios mío. Me han rondado muchos fantasmas, pero con el tiempo creo que cada uno acaba encontrando su camino.
¿Cuándo se han acabado esos fantasmas? Si es que se han acabado.
Poquito a poco, no hubo un momento decisivo. Supongo que esos fantasmas se te van cuando te van llamando, cuando ves que gustas y que funciona lo que haces. A mí me dio una cierta seguridad para pensar que valía para este oficio que a la gente le interesaba lo que yo hacía
¿A eso ayuda encontrarse en los inicios con un proyecto muy popular como fue ‘Aquí no hay quien viva’?
Eso afortunadamente me pilló con 27 o 28 años, ya casi en los 30, y tuve la posibilidad de vivir la frustración. A mí no me salían cosas, tuve que hacer bodas, bautizos y banquetes y formarme. Hice todo un camino previo hasta el bombazo que fue Aquí no hay quien viva. En ese previo tuve muchas dudas y me cuestioné mucho si esto era lo mío. Tuve un período, aunque no fue muy largo, en el que no me salía nada. Estar en la familia de Aquí no hay quien viva me dio visibilidad entre el público y sobre todo en la industria donde vieron que podía formar parte de otros proyectos. Si no hubiera pasado eso, quizás no estaríamos hablando tú y yo porque no sé si podría gestionar no trabajar de forma constante.
En este texto de ‘La vida extraordinaria’ hay mucho de reivindicación de lo humano, ¿por qué es importante para usted esa mirada?
Ahora vivimos en un momento donde parece que es más fácil estar juntos con tantas conexiones, pero el estar con amigos cada vez se hace más difícil. Ya ni hablamos por teléfono, nos mandamos audios de whats app que es la forma de que el otro no pueda intervenir en una conversación. Lo que nos rodea en este mundo es muy cruel, muy bestia y muchas veces inhumano. Volver a la esencia, a la amistad, a juntarnos es lo verdaderamente importante. La resistencia del teatro me parece fundamental porque es algo que no va a morir nunca.
Este montaje está atravesado también por la mirada hacia la muerte y el duelo. Su padre falleció hace cuatro meses.
Cuando yo elegí este texto papá estaba presente, pero había algo de las palabras de Mariano Tenconi Blanco que me tocaba muy dentro. Papá se fue con 96 años, supongo que es que ya se venía yendo desde hace tiempo porque la vejez tiene eso. La vida es generosa contigo cuando tus padres se van mayores y de manera natural. La cabeza asimila mejor eso que una muerte abrupta. Yo estoy tratando de gestionar la pérdida de papá calmadamente. Todos hemos tenido pérdidas y, como yo vuelco la mía en la gente que me vea, las suyas también se reflajarán en mí.
Antes me hablaba de cómo su padre la calmaba en los momentos de dudas en su carrera, esta es la primera vez que se enfrenta a un escenario sin estar él. ¿Qué le supone?
Está siendo raro, aún estoy haciendo la digestión porque tengo la sensación a veces de que está aquí. Luego, en el día a día, voy a la casa de mis padres y la ausencia de papá, sobre todo con el paso del tiempo, se hace más pesada y más dolorosa. Ahora que me preguntas por él, lo tengo presente, pero he intentado no tenerlo muy presente para poder sostenerme. En algún momento algo brotará de su ausencia porque papá siempre ha sido un fan incondicional, nunca ha sido nada crítico con nosotros. No era un hombre de consejos, pero nos dejó una forma de hacer y eso no se va nunca.
¿Hay algo bonito en que subirse al escenario también sea un homenaje para quien estuvo sobre uno casi hasta el final?
Mi papá lo hizo todo bien en la vida hasta la manera en la que se fue. Siempre fue generoso, discreto y un apasionado de este oficio. Un mes antes de que se fuera estuvimos con él en Oviedo acompañándolo con su Rey Felipe, que lo recitaba extraordinariamente, y eso es una bendición.
Vivir una pérdida, sumar una carrera que ya es amplia, ¿hace que una mire hacia atrás en su recorrido?
No lo suelo hacer mucho, pero ahora me lo pongo casi como deber para quitarme los miedos. Es lo mismo que me pasa con los estrenos, que tengo que recordarme que ya lo he hecho otras veces y reafirmarme en que lo sé hacer bien. Ahí es cuando miro para atrás, pero empiezo a ver que el camino es largo. El otro día estuve en el Festival de Málaga y me di cuenta de que hace 20 años que Fernando Tejero y yo estrenamos ahí Cinco metros cuadrados.
¿Y qué siente con eso?
Estoy contenta del camino recorrido, me gusta dónde estoy y creo que, en algunos puntos, he madurado. En otros me siento aún una niña inmadura con cosas que debería haber resuelto antes. En general me llevo bien con el paso del tiempo, no estoy nada a disgusto. Me siento afortunada por cómo me han ido las cosas.

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