<p>Fue, seguro, a finales de los años 60 del siglo pasado cuando un joven anglo indio con apetitos literarios accedió por primera vez al <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/museo-del-prado.html» target=»_blank»><strong>Museo del Prado</strong></a>. <strong>Salman Rushdie</strong> paseó varias horas por este caserón de luz escasa que entonces era el Prado. Buscó, encontró y se fascinó con lo que alojaba. Pero de tantos maestros de la pintura, tres quedaron grabados a fuego en su entusiasmo: <strong>El Bosco</strong> por El jardín de las delicias y La extracción de la piedra de la locura, <strong>Velázquez</strong> por Las Meninas y <strong>Goya</strong> por las Pinturas negras. Después de aquella revelación primera, Rushdie volvió otras tantas veces. Incluso cuando le declararon la fatwa y lo buscaban para matarlo por la publicación de Los versos satánicos, regresó al museo. Y otras más cuando parecía que se le calmaba la vida, aunque la paz no era completa. Poco antes del ataque a cuchillo que casi lo tumba definitivamente el 12 de agosto de 2022, cuando un joven musulmán, <strong>Hadi Matar</strong>, le asestó más de 10 puñaladas antes de impartir una conferencia en una ciudad del Estado de Nueva York, también pasó por aquí. Nunca se ha desentendido de ese fervor juvenil de cuando aún estaba por hacer el escritor que es, el contemplador de pintura, el sereno arrebatado ante el espectáculo de los maestros.</p>
El escritor anglo indio ‘regresa’ al Museo del Prado, que visitó por primera vez cuando era estudiante en Cambridge, para rendir tributo a sus maestros de la pintura: El Bosco, Velázquez y Goya
Fue, seguro, a finales de los años 60 del siglo pasado cuando un joven anglo indio con apetitos literarios accedió por primera vez al Museo del Prado. Salman Rushdie paseó varias horas por este caserón de luz escasa que entonces era el Prado. Buscó, encontró y se fascinó con lo que alojaba. Pero de tantos maestros de la pintura, tres quedaron grabados a fuego en su entusiasmo: El Bosco por El jardín de las delicias y La extracción de la piedra de la locura, Velázquez por Las Meninas y Goya por las Pinturas negras. Después de aquella revelación primera, Rushdie volvió otras tantas veces. Incluso cuando le declararon la fatwa y lo buscaban para matarlo por la publicación de Los versos satánicos, regresó al museo. Y otras más cuando parecía que se le calmaba la vida, aunque la paz no era completa. Poco antes del ataque a cuchillo que casi lo tumba definitivamente el 12 de agosto de 2022, cuando un joven musulmán, Hadi Matar, le asestó más de 10 puñaladas antes de impartir una conferencia en una ciudad del Estado de Nueva York, también pasó por aquí. Nunca se ha desentendido de ese fervor juvenil de cuando aún estaba por hacer el escritor que es, el contemplador de pintura, el sereno arrebatado ante el espectáculo de los maestros.
A Salman Rushdie (78 años) también se le ha filtrado esa pasión en la escritura. En el último de sus libros, La hora penúltima (Random House), despliega cinco relatos. En uno de ellos, titulado Oklahoma, da cuerda a una historia en la que El Bosco y Goya son parte principal de la historia. La extracción de la piedra de la locura y las Pinturas negras. Este fue el porqué de la invitación que hizo al escritor Alejandro Vergara, jefe de Colección de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, para charlar un rato de eso mismo: del museo, de su experiencia en el museo, de los artistas, de las pinturas. Y fue ayer: a las siete en punto por conexión telemática. Una vez más, Rushdie paseó de otra manera entre sus maestros: «Este lugar siempre ha sido una gran experiencia para mí. Y tengo tres preferencias: El Bosco, Velázquez y Goya. En el caso del último, el mundo monstruoso de sus Pinturas negras describe muy bien el momento en que estamos ahora. Este mundo oscuro de hoy».
El conjunto, como explicó Vergara, da cuenta del estado de ánimo del pintor aragonés en los últimos compases de su vida. Pintó las escenas en las paredes de su casa de la ribera del Manzanares (Madrid), que se conocía popularmente como Quinta del Sordo. «Que las hiciera ahí, donde vivía, le da una condición aún más extraordinaria, más inquietante», dice Rushdie. «Cómo no apreciar que vienen de un estado de depresión, de desengaños, de hastío. Puedo entender bien esas pinturas. Creo que todos las podemos entender porque se explican solas… Goya es un pintor de gran expresividad, de una furia muy sintonizada con este momento. Un tiempo peligroso en que el presidente de EEUU dice que piensa acabar con la civilización de Irán. Y 48 horas después anuncia que está negociando un alto el fuego con Irán. Estos vaivenes surrealistas dan cuenta del delirio en el que estamos».
Salman Rushdie descubrió casi a la vez el Prado y la obra de Jorge Luis Borges. «Y con ambos me sucedió lo mismo: abrieron ventanas nuevas en mi cabeza. Igual que El Bosco y Goya me enseñaron cómo se podía combinar el juego y la belleza». Porque, al fin y al cabo, también se trata de eso: pintar y escribir tienen algo de jugar y algo de construir de otra manera lo que está ahí delante. Y también dan cuenta de cómo somos en cada momento, y cómo a veces somos lo mismo en todo tiempo. «En algunos de los grandes maestros de la pintura podemos entender un reflejo del presente» explica el autor de Joseph Anton. «Pienso en los retratos de Goya a Fernando VII, El Felón. El eco de aquel rey terrible está reproduciéndose hoy».
Vergara fue guiando con audacia este paseo de Rushdie por la memoria de Rushdie, porque en los cuadros donde uno ha sido feliz hay mucho rastro de ti mismo. «La narrativa siempre está conectada con el presente de una manera u otra. Y, a la vez, la pintura es una gran narración de la historia, aunque funciona a través del tiempo de otra manera. Pienso ahora en las pinturas primitivas de algunas cuevas. Esas que a veces sólo puedes contemplar cuando quienes las preservas las iluminan unos pocos segundos. En ese mínimo instante dan cuenta de algo extraordinario: el enigma del ayer«.
Y de regreso a sus experiencias con Goya y con El Bosco, el escritor explicó el porqué de su afán ante sus obras. «Goya o El Bosco me dicen más de lo yo puedo imaginar». De las Pinturas negras le sobrecoge el conjunto entero, pero si tiene que escoger una, sólo una, ésa es El perro. Otra muestra de agonía. ¿Y Velázquez? «Él nos enseñó a mirar. Y a no saber en verdad quién mira cuando mira». Tiene pendiente una visita al Prado. Una más
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