Sandra Ollo: «Los extremos ideológicos, los nacionalismos y los radicalismos son los grandes males de este mundo»

<p>Dijo G. K. Chesterton que «el relato de la sociedad humana es el único marco fundamental, fuera de la religión, en el que todo puede quedar en su lugar». Además de ser un sello editorial, Acantilado, fundada junto a Quaderns Crema hace 25 años por Jaume Vallcorba, es el paladín de autores clásicos y contemporáneos que trazan sendas para que el lector emprenda un camino hacia el conocimiento y la comprensión del mundo que lo rodea. Aunque Stephan Zweig, es la referencia común, por sus títulos desfila una cascada de ilustres pensadores, novelistas e historiadores que abarcan desde Montaigne, Yuri Slezkine o el propio Chesteron. Así, Acantilado se erige como un refugio de cosmovisión heterogénea que abandera el pensamiento crítico y lleva como estandarte una visión profundamente europea. </p>

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 La directora Acantilado cumple 10 años al frente del sello editorial fundado por Jaume Vallcorba y repasa su papel en la cultura tras recibir el pasado lunes el Premio Nacional a la mejor labor editorial cultural 2024  

Dijo G. K. Chesterton que «el relato de la sociedad humana es el único marco fundamental, fuera de la religión, en el que todo puede quedar en su lugar». Además de ser un sello editorial, Acantilado, fundada junto a Quaderns Crema hace 25 años por Jaume Vallcorba, es el paladín de autores clásicos y contemporáneos que trazan sendas para que el lector emprenda un camino hacia el conocimiento y la comprensión del mundo que lo rodea. Aunque Stephan Zweig, es la referencia común, por sus títulos desfila una cascada de ilustres pensadores, novelistas e historiadores que abarcan desde Montaigne, Yuri Slezkine o el propio Chesteron. Así, Acantilado se erige como un refugio de cosmovisión heterogénea que abandera el pensamiento crítico y lleva como estandarte una visión profundamente europea.

Cuando Vallcorba falleció en 2014, Sandra Ollo (Pamplona, 1977) tomó las riendas del negocio. El pasado lunes, la editorial recibió el Premio Nacional a la mejor labor editorial cultural 2024. «Estas 24 horas han sido muy emotivas y muy intensas», comenta Ollo desde una habitación discreta y sobria, a través de una videollamada.

Enhorabuena por el galardón. ¿Basta con publicar buenos textos?Habría que preguntárselo al jurado, al fin y al cabo son ellos los que establecen el criterio según el cual deciden a qué empresas o editoriales destacar. Supongo que no basta con eso, aunque un requisito fundamental sí es publicar buenos textos. Quizás también suma el hecho de publicarlos bien y saber buscarles un lugar. Si un libro es bueno, pero no consigues que se haga camino hasta el lector, realmente tu trabajo queda en parte malogrado¿Qué balance haría de la última década?Es un resumen que sólo puede ser positivo, a la luz del premio de ayer. El trabajo ha sido muy intenso, pero ya lo era en mi etapa anterior, antes de asumir la dirección editorial del sello. Estos diez últimos años todavía lo han sido más, de adaptación a muchísimas cosas, pero el reto era apasionante y sigo disfrutando muchísimo de todo. Es cierto que la editorial tiene un lugar en las librerías y entre los lectores, que es lo realmente importante. Al final es lo que refrenda los diez años de trabajo. Acantilado ha sido reconocida por ‘la excelencia del catálogo’. Si el relato de la sociedad humana al que se refiere Chesterton hace que todo quede en su lugar, ¿qué dice el catálogo de Acantilado sobre nuestra sociedad? No sé que dice de nuestra sociedad. Lo que sí que me dice es algo sobre la editorial y su voluntad de expresarse a través de los textos. Lo que intentamos es leer nuestro tiempo y buscar más datos sobre la condición humana. Cada persona tiene una visión del mundo: un libro es una visión del mundo. Cuantas más visiones del mundo podamos tener a nuestra disposición, más herramientas tendremos para comprender el segmento de vida que nos toca vivir. Al final, la literatura y la cultura, como dice mi queridísimo Antonio Monegal, son herramientas para leernos a nosotros mismos, en contexto con el mundo. Cuando veo el catálogo de Acantilado, veo muchas herramientas. Las veo, además, con mucho amor y mucho agradecimiento porque son muchas y muy buenas para vivir una vida mejor, más plena, más consciente.¿Pone peso sobre sus hombros esa labor de proporcionar herramientas?No. Salvo los grandes pensadores de Oriente, que consiguen el equilibrio envidiable que les proporciona la ataraxia -prácticamente la anulación de los deseos y las inquietudes-, cualquier ser humano está igual que yo. No siento más responsabilidad que la que he sentido siempre. Enfoco mi trabajo y la dirección de la editorial de una manera muy tranquila, sin hacer demasiado ruido. Me gustan las labores que componen nuestro día a día, en eso me centro. Lo demás, pasa y llega, como pasó y llegó el premio ayer. Lo disfruto con mucha tranquilidad. Pero no hace que me pese más.Jaume Vallcorba comentó en una ocasión que de su oficio deriva la construcción de una personalidad individual o social. ¿Qué tipo de personalidad social aspira a construir con la editorial?Supongo que Jaume se refería a la vocación de intervención cultural que tiene la editorial. Siempre aspiramos a abrir ventanas al pensamiento. En estos tiempos de velocidad extrema, dogmatismo y pereza intelectual bastante aguda, bastante más. Creo que es importante aportar libros para ralentizar el camino y afinar el espíritu crítico. La lectura, en el mejor de los casos, tiene que ayudarnos a conducirnos por la vida, a saber leer las cosas que nos suceden. A eso aspiran los libros de Acantilado: creemos que nuestros títulos son muy nutritivos en el mejor de los sentidos. Ayudan al individuo a formarse, a entenderse y a desarrollarse como ciudadano responsable y crítico.

«En estos tiempos de dogmatismo y pereza intelectual bastante aguda, aspiramos más que nunca a abrir las ventanas al pensamiento»

¿Cree que se ha perdido la capacidad de mirar el mundo con una actitud crítica?Basta con conocer la historia de nuestro continente y de otros lugares para saber que la presencia del dogmatismo, en un sistema político o en otro, ha sido bastante habitual. Veo que en los últimos años del siglo XX, habíamos pensado que éramos capaces de dibujar un marco socio-político diferente. Y, en los últimos años, lo estamos desbaratando. O, se nos está desbaratando… Pero no creo que ahora sea el momento de desgranarlos.Dijo en una ocasión que le gustaría abrir las puertas a los lectores ‘incomodando si hace falta’. Pero hoy, que todo incomoda y parece espantar, ¿sigue siendo la lectura el bastión para el pensamiento crítico?Claro que lo es. Una cosa es incomodar y otra cosa es tener la piel fina. La incomodidad de la que yo hablo es la del esfuerzo que supone que te replanteen las cosas. Eso hace que te tengas que mover muchas veces de tu posición y esos son los buenos libros. Los que le dicen a la gente que no sea acomodaticia, que sea inquieta, que sea curiosa. Ese es el motor del conocimiento. Algo muy diferente es tener la piel fina y vivimos en unos tiempos en los que eso es terrorífico. Yo pienso en una incomodidad más sutil y, desde luego, más interesante.El premio subraya su mirada europea. Viendo la configuración del tablero internacional, ¿para qué sirve Acantilado en un mundo dominado por los extremos?Como toda la buena literatura y como toda la cultura, para lo que sirve es, precisamente para controlar esa tendencia hacia el extremo, para entender los matices de la realidad del otro, para aproximarse más al otro, para no crear enemigos y huir del pensamiento dogmático y fácil. Desde luego, los extremos ideológicos, los nacionalismos y los radicalismos son los grandes males de este mundo. Pero si ni siquiera tenemos ese bagaje cultural, estamos a merced de todo eso.¿Cree que su oferta de títulos que hablan de otras culturas, como Oriente Próximo, es más relevante ahora? Cuanto más nos acercamos a otras maneras de ver el mundo y a otras culturas, más se van dibujando las individualidades que las conforman. Es habitual una especie de confusión que establece al otro como una especie de desconocido terrorífico. No debería ser así.Proponen ejercicios que requieren cierto esfuerzo. ¿Por qué apostar por lecturas más sofisticadas cuando los ritmos más pausados gustan más?La lectura es una manera extraordinaria de ocio, sin duda alguna, pero puede ser mucho más nutritiva y aprovechable. Es la diferencia entre comer hamburguesas todo el día o decantarse por una dieta mediterránea. Tenemos que entender que podemos aspirar a mucho más: nuestra mente y nuestro espíritu se tiene que nutrir. Y se nutre con otras cosas.Tampoco se pueden dejar de lado los números.Creo que en el dibujo general de la cultura los números no tienen que ser lo fundamental. Si un proyecto editorial como Acantilado no cuida las finanzas de la casa, el proyecto intelectual no va a existir.Y, ¿en qué ha devenido ese proyecto?En una osadía. Dum aude ardua vinces: cuando te atreves, vences las dificultades. Pero te tienes que atrever. Hay que ser osado y Acantilado es así con todas sus propuestas. Cultura

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