Teresa de Cabarrús: la española que desafió a Robespierre y rechazó a Napoleón: «Era una mujer afectuosa que sufrió mucho por el trato que le dieron los poderosos de su tiempo»

La Historia tiene una extraña facilidad para recordar a los vencedores y olvidar a quienes los incomodaron. Teresa de Cabarrús pertenece a esa segunda categoría. Nacida en Carabanchel en 1773, hija del ilustrado Francisco Cabarrús -fundador del Banco de España-, sobrevivió a la Revolución francesa, contribuyó a precipitar la caída de Robespierre, rechazó una propuesta de matrimonio de Napoleón Bonaparte y terminó sus días convertida en princesa de Chimay. Sin embargo, durante más de dos siglos su nombre quedó reducido a la caricatura de una mujer hermosa, frívola y de costumbres licenciosas. Poco más que una cortesana.

 La periodista francesa Manon Tallien de Cabarrús reconstruye la vida de su antepasada, una mujer que salvó cientos de vidas durante el Reinado del Terror y cuya influencia política fue opacada por su etiqueta de «bella cortesana»  

La Historia tiene una extraña facilidad para recordar a los vencedores y olvidar a quienes los incomodaron. Teresa de Cabarrús pertenece a esa segunda categoría. Nacida en Carabanchel en 1773, hija del ilustrado Francisco Cabarrús -fundador del Banco de España-, sobrevivió a la Revolución francesa, contribuyó a precipitar la caída de Robespierre, rechazó una propuesta de matrimonio de Napoleón Bonaparte y terminó sus días convertida en princesa de Chimay. Sin embargo, durante más de dos siglos su nombre quedó reducido a la caricatura de una mujer hermosa, frívola y de costumbres licenciosas. Poco más que una cortesana.

Manon Tallien de Cabarrús (1999) plantea una lectura muy distinta de esa biografía extraordinaria. La periodista francesa, descendiente de Teresa en octava generación, llevaba toda la vida conviviendo con un enorme retrato familiar y con una pregunta sin respuesta. Lo que comenzó como una curiosidad genealógica acabó convirtiéndose en una investigación periodística que mezcla archivos, correspondencia inédita y el propio relato de esa búsqueda, que se publicará en agosto en Francia bajo el título Thérésia (Ed. Eyrolles), aún sin traducción en español. «Mis abuelos nunca me contaron su historia, así que tuve que investigarla yo sola», explica. «Escribí este libro para entender qué significa realmente llamarme Tallien de Cabarrús. Ahora me siento muy orgullosa de llevar ese apellido«.

En 2021, Ridley Scott rodó Napoleón y Teresa aparecía entre los personajes del guion. Sin embargo, sus escenas desaparecieron en el montaje final. Aquella nueva desaparición llevó a Manon Tallien a preguntarse quién había sido realmente aquella mujer capaz de cruzarse en el camino de los protagonistas de la Revolución y del Imperio para acabar, una vez más, borrada del relato.

La respuesta fue apareciendo entre cartas manuscritas y documentos conservados en el castillo de Chimay, en Bélgica, donde Teresa pasó sus últimos años. «Fue allí, leyendo cartas escritas de su puño y letra y viendo los objetos que le pertenecieron, cuando dejó de ser un personaje histórico para convertirse en una mujer de carne y hueso. Sentí que me acercaba realmente a ella». Su correspondencia, asegura, «refleja muy bien quién era Thérésia: una mujer afectuosa que sufrió mucho por el trato que le dieron los poderosos de su tiempo«.

Teresa de Cabarrús nunca encajó en el papel que la Historia le reservó. Educada bajo los ideales ilustrados, hablaba varios idiomas, frecuentaba tertulias intelectuales y, con apenas 15 años, asistía a las sesiones de los Estados Generales con una pasión política impropia de una mujer de su tiempo. «Descubrí que era profundamente política. Financió periódicos para atacar a sus adversarios y defendió la educación de las niñas. Desde muy joven organizaba un salón por el que pasaban muchas de las grandes figuras intelectuales de París», cuenta la autora de Thérésia.

A su juicio, los historiadores del siglo XIX solo miraron hacia Robespierre, Danton o Napoleón, mientras ignoraban los espacios de influencia donde muchas mujeres ejercían un poder informal, pero decisivo. Teresa comparte así destino con Olympe de Gouges, Germaine de Staël o Théroigne de Méricourt: mujeres convertidas durante décadas en notas al margen de la Revolución. «Desapareció de los grandes relatos históricos españoles y franceses por pura misoginia«, dice Manon. «Los únicos que se interesaron por ella se fijaron en su vida sexual, cuando había muchísimo más que contar».

Divorciada gracias a una legislación revolucionaria recién aprobada, Teresa se trasladó a Burdeos, donde conoció a Jean-Lambert Tallien, representante de Robespierre en la ciudad. Aquella relación sentimental terminó teniendo consecuencias mucho más profundas que un simple romance: «No era ingenua, había entendido perfectamente que, en aquella época, para que una mujer tuviera peso en la escena política necesitaba tener al lado a un hombre poderoso«.

Explica Manon que su antepasada aprovechó la autoridad de Tallien para frenar la maquinaria represiva y salvar a muchos condenados a la guillotina: intercedió por familias enteras, consiguió liberaciones y ocultó a centenares de perseguidos. «Su legado en Burdeos es colosal. Salvó la vida de cientos de personas, utilizando la influencia que tenía sobre Tallien. Solo por eso ya merecería ser mucho más conocida«, defiende.

Esa misma influencia acabó convirtiéndola en sospechosa ante Robespierre. La madrileña, una figura incómoda para el régimen, fue encarcelada y esperó la muerte en la prisión de los Carmelitas: «Dicen que llevaba anillos en los dedos de los pies para ocultar las cicatrices que le dejaron las mordeduras de las ratas durante su cautiverio. Es un símbolo de su liberación y de su renacimiento».

Durante ese tiempo compartió también celda con Josefina de Beauharnais, primera esposa de Napoleón Bonaparte y emperatriz de Francia: «Tenían una relación muy estrecha y bonita. La leyenda cuenta que incluso escribió a Tallien con su propia sangre cuando ya no tenía tinta». Aquella correspondencia culminó en una carta desesperada que muchos historiadores consideran el detonante emocional del 9 de Termidor. Tallien se volvió contra Robespierre y precipitó su caída y posterior ejecución en julio de 1794. Abandonó la cárcel pocos días después convertida en la célebre Nuestra Señora de Termidor.

Sin embargo, el final del Reino del Terror no supuso el principio del reconocimiento. Al contrario: la mujer a la que el pueblo aclamaba como su señora fue quedando reducida, poco a poco, a un personaje secundario de la Historia. Teresa de Cabarrús acabó convertida en un personaje definido casi exclusivamente por su apariencia y vida sentimental. «Su extraordinaria belleza terminó eclipsando todo lo demás. Como era considerada la mujer más hermosa de París, prefirieron verla como una muñeca antes que como un personaje político«, afirma la periodista del canal privado TF1.

Manon Tallien de Cabarrús, periodista de TF1, descendiente de la madrileña y autora de la biografía 'Thérésia'.
Manon Tallien de Cabarrús, periodista de TF1, descendiente de la madrileña y autora de la biografía ‘Thérésia’.

Sostiene que su antepasada pagó un doble precio. El primero fue el de ser mujer en un mundo donde el poder solo se concebía en masculino. El segundo, el de ser extranjera. «Sufrió mucha xenofobia. Como era española, se sospechaba continuamente de su lealtad hacia Francia«. Durante su investigación encontró caricaturas en las que incluso aparecía representada con rasgos africanos. «Me impresionó muchísimo descubrir aquellos dibujos tan terribles», reconoce.

Su integración en las Merveilleuses, un grupo de mujeres que sustituyeron los pesados corsés del Antiguo Régimen por vestidos ligeros y transparentes inspirados en la Grecia clásica, no respondía únicamente a un capricho estético. Era una declaración de principios: «Llevar atuendos extravagantes era su forma de decir: ‘El Terror ha terminado y soy libre para vestir como quiera’. Fue una pionera en utilizar la moda como instrumento político; incluso coordinaba en ocasiones su indumentaria con la de Josefina de Beauharnais para escenificar públicamente la alianza entre ambas mujeres».

El libro desmonta también otra de las anécdotas más repetidas sobre Teresa de Cabarrús: su supuesto rechazo a Napoleón Bonaparte. En realidad, cuando él intentó conquistarla aún estaba muy lejos de convertirse en emperador. «Era un pequeño general sin destino ni sueldo. Ella incluso le ayudó a instalarse en París», señala su autora. Teresa no supo ver entonces el futuro del joven militar y, según la tradición, Napoleón jamás olvidó aquel desaire.

Tallien no pretende sustituir un mito por otro, y quizá el mayor acierto de Thérésia sea precisamente evitar la tentación de convertir a su protagonista en una heroína perfecta. La niña que creció bajo el retrato de una antepasada envuelta en leyendas había encontrado algo mucho más valioso que un árbol genealógico.

«No me interesaba pintar un retrato idealizado. Quería descubrir quién era realmente, y esa mujer real está llena de claroscuros«. Teresa de Cabarrús fue capaz de salvar a cientos de personas durante el Terror, pero también de organizar fastuosos bailes mientras muchos parisinos morían de hambre y de miseria en los barrios populares: «Seguía siendo una privilegiada. Quizá ni siquiera fuera consciente de esa realidad porque solía vivir dentro de una burbuja», concluye.

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