Carmen Machi: «He parado totalmente de trabajar durante seis meses porque lo necesitaba por salud mental»

Carmen Machi (Madrid, 1963) se mueve muy rápido de un sitio a otro, como un audio a 1.5, mientras todo el mundo le plantea cosas: una foto, un retoque de maquillaje, un cambio de agenda… Lo solventa todo a esa velocidad hasta que se sienta, consigue una caña y se relaja. Ahí pasa a ser otra. Cercana, sin prisa y consciente de los temas que abre su nueva película, ‘Los justos’, sobre un jurado popular al que intentan comprar mientras delibera sobre un caso de corrupción.

 Su loco ritmo de estrenos oculta que ha necesitado un pequeño respiro debido a la ansiedad. «Trabajar no me agota, me agota lo que pasa en las pausas», explica  

Carmen Machi (Madrid, 1963) se mueve muy rápido de un sitio a otro, como un audio a 1.5, mientras todo el mundo le plantea cosas: una foto, un retoque de maquillaje, un cambio de agenda… Lo solventa todo a esa velocidad hasta que se sienta, consigue una caña y se relaja. Ahí pasa a ser otra. Cercana, sin prisa y consciente de los temas que abre su nueva película, ‘Los justos’, sobre un jurado popular al que intentan comprar mientras delibera sobre un caso de corrupción.

¿Te has vendido alguna vez?
Nunca.
Qué tajante. ¿No tienes precio o no han llegado a él?
Por lo que sé hasta ahora, no tengo precio más allá del trabajo. Como ser humano no deberíamos tener precio porque nuestro valor es incalculable. Como actriz sí lo tengo, claro, y se llama caché. De todos modos, nunca he tenido la sensación de haber hecho un papel que no quería hacer de verdad. Desde fuera, con algunos proyectos que pudieran parecer menos serios, hay quien piensa que los he hecho por el dinero, pero se equivocan. Todo lo he hecho porque he querido y lo he disfrutado. Desde muy joven he hecho siempre lo que he querido.
Como el estallido de ‘Siete vidas’ y ‘Aída’ te llegó ya con treinta y tantos, existe la idea de que tu carrera iba regular hasta ahí, pero en realidad llevabas 20 años asentadísima en el teatro.
Yo he sido muy ingenua. Me metí en el teatro con 17 años sin saber nada y me salió bien la jugada. Cuando más he aprendido de esta profesión es cuando he dicho que no de manera rotunda y eso sí pude hacerlo más tarde, pero yo empecé muy joven a vivir razonablemente bien de un trabajo que gozaba muchísimo y he disfrutado muchísimo. Yo no necesitaba el cine ni la televisión para vivir de ser actriz. En el teatro tenía un buen sueldo, he tenido mucha suerte en ese sentido y sé que no es lo común, pero te digo sinceramente que no recuerdo baches gordos en toda mi carrera.
Eres una excepción en el oficio, entonces.
Claro, y me he sentido a veces mal por ello. A menudo parece que todo tiene más mérito cuando te ha costado muchísimo conseguirlo y yo tengo que reconocer que a mí no me ha pasado. Empecé a trabajar joven, tuve mucha continuidad y nunca he sentido que tuviera que picar piedra para estar donde estoy hoy. Tampoco era mi aspiración, en ningún momento tuve pretensiones de acabar haciendo esta entrevista contigo para un periódico importante. Era una actriz de teatro que ya estaba en la mejor compañía que se podía estar, La Abadía, y no quería hacer nada más. Estaba en la gloria bendita, pero de repente apareció ‘Siete vidas’ y ya fue todo rodado sin que yo nunca pretendiera realmente que sucediera lo que sucedió.
Y la actriz de teatro intensa se convirtió en estrella de la comedia.
A mí me encanta hacer comedia, pero no me gusta tanto como espectadora. Como actriz, creo que todos los géneros son lo mismo. Preparación y trabajo. Existe un desconocimiento con la comedia y la gente cree que es más fácil porque la llevas en la sangre, que eres graciosa y ya sale todo solo. Bueno, pues yo no soy graciosa y nunca lo he sido, son graciosos los personajes. Yo soy bastante intensa. En el cine, me gustan el drama y los silencios.
Esta película me pone muy fácil las preguntas porque gira en torno a un caso de corrupción.
Ya, más de actualidad no podía estar y es gracioso porque es un guión que me llegó hace ocho o nueve años.
Claro, es que la corrupción en la política española no es algo de ahora, ¿está en nuestro ADN?
No es algo de España ni sólo de políticos. La corrupción va completamente ligada al poder, el poderoso tiene la tentación de caer en ella porque se cree inmune. Interpreté a Creonte, en ‘Antígona’, y es una persona íntegra que acaba corrompida completamente. Eso está escrito por Sófocles en el siglo V antes de Cristo. La corrupción no es de izquierdas o de derechas, de políticos o de empresarios, es del ser humano. Lo que ocurre es que la corrupción política es más grave y más dolorosa porque nos afecta directamente, nos están robando a nosotros y es algo terrorífico. Por dentro sientes un escalofrío y un cabreo muy grande cada vez que hay un caso, pero que esto pasa ya lo sabían los griegos, que son los creadores de la democracia y de la corrupción.
Carmen Machi posa en el centro de Madrid.
Carmen Machi posa en el centro de Madrid.Sergio González Valero
Dentro de ese jurado popular se representa el hartazgo social desde distintas perspectivas de clase y generacionales. Cuando miras alrededor, ¿tú qué ves? ¿Estamos tan mal?
Noto que me ha pasado una cosa y es que, conforme vas cumpliendo años, entras casi en modo avión. Antes estaba conectadísima todo el rato y ahora, cada vez menos. Es obvio que estamos viviendo tiempos convulsos, con un Donald Trump que está marcando el ritmo del mundo y todo es muy loco. En todo tiempo ha habido problemas, ahora quizás lo peor es para los jóvenes y es verdad que eso está provocando una corriente de gente joven de extrema derecha. Esto es muy peligroso y muy sorprendente.
¿En qué sentido?
Entiendo poco de política porque no me interesa nada, pero sí me llama la atención que una persona se afilie a algo tan radical y que va más de destruir que de construir. Me llama poderosamente la atención porque no puedo entender que llegues a ese extremo. Seguro que algo se me escapa, pero es inquietante porque los jóvenes se supone que son el futuro y ese no es un futuro deseable. El tono de confrontación en que el vive esta sociedad ahora mismo es horroroso. Creo que es puntual, todo se calmará y volverá la normalidad, pero es un momento raro. La sensación es que algo va a pasar y no sabemos qué.
Carmen, llevamos cuatro meses de año y esta es la quinta película que estrenas. ¿No te planteas frenar el ritmo?
Bueno, es que he parado, pero no lo he contado. He parado totalmente seis meses porque lo necesitaba por salud mental. A mí trabajar no me agota, lo que me agota es lo que pasa en las pausas. No soy una adicta al trabajo, en realidad soy una persona vaga, pero cuando no estoy rodando hay otras cosas extras que se hacen en esta profesión y yo no llevo nada bien. Las promociones, los eventos, los viajes, las situaciones personales… Todo eso es lo que me hizo necesitar esta pausa. Trabajar demasiado no es mi problema. En realidad, para mí un rodaje es una zona de protección y de amor, los problemas están fuera.
¿Te ha funcionado el parón?
Sí, porque, además, como se han estrenado de golpe tantas cosas que hice antes nadie lo ha notado. Es el segundo que hago en toda mi carrera. Mi ideal a partir de ahora es trabajar seis meses y parar otros seis, es lo que mejor me vendría personalmente. Otra cosa es poder lograrlo. Veremos.
Has tenido una relación compleja con la fama y sé que odias la palabra.
Detesto eso de famosa, no me lo considero. Si acaso, soy popular. De todos modos, se ha exagerado bastante con que lo he llevado mal. He hablado de algún mal momento puntual y se le ha dado una dimensión exagerada. De hecho, retomar el personaje de Aída, que es el que supone que me creó el problema, en ‘Aída y vuelta’ fue idea mía. Yo no he tenido sufrimiento con ser conocida ni pienso constantemente en ello ni estoy reñida con Aída, aunque sea un coñazo que todavía me llamen a veces como al personaje.
¿Lo llevas con deportividad?
Claro, ¿qué vas a hacer? Que te conozca todo el mundo es cansado, agotador a veces, pero también es una realidad que ya tengo incorporada en mi cuerpo aunque te cambia la vida. Se viven momentos de ansiedad y es todo muy ajetreado. De todos modos, hace poco he vivido una situación que me ha dado la perspectiva. En la vida te pasan cosas buenas y malas, es así de sencillo, y tienes que ponerlas en una balanza. Cuando yo lo hago, entiendo que soy una persona tremendamente afortunada. Recibo muchísimo cariño y gratis, eso es una cosa muy bonita. De todos modos, me gustaría ver a mucha gente en mi pellejo.
¿Qué es lo más incómodo?
Alguien me dijo, y tenía razón, que los actores no somos personas normales. Lo normal es que entres a un restaurante y no te mire nadie, yo de eso me tuve que olvidar hace mucho. Entonces, necesitas incorporar eso a tu realidad y no vivirlo como un daño colateral. Esa exposición permanente es desagradable y genera ansiedad, sobre todo porque soy la persona más tímida del mundo, pero hay que darle la vuelta y asumirlo. Me ha costado, pero lo he hecho. Eso sí, noto muchísimo cuando estoy en un sitio donde no me conoce nadie. Es una paz especial, lo que pasa es que desde que hay Netflix eso se ha acabado. Antes me escapaba a Nueva York y no me conocía nadie, pero la última vez me pidió una foto Minnie Mouse en Times Square [risas].

 Noticias de Cultura

Recomendación