Al hablar del Festival del Cante Minero de La Unión y del flamenco que allí descubrió, el poeta y periodista Antonio Lucas tiende a mezclar sus recuerdos con el tema de la amistad. Primero, la amistad aparece como si fuera el sujeto omitido de la oración. Lucas cuenta que su padre, el pintor José Lucas, lo llevaba a escuchar flamenco a La Unión desde la casita familiar de la playa en Mazarrón, «a 40 minutos de coche», y que él vivía aquellos conciertos con estupefacción, como una revelación. Después, al volver a Madrid, Lucas descubría que ninguno de sus amigos del instituto tenía mucho interés por el cante, de modo que el flamenco se convertía en una obsesión secreta y solitaria. «Iba solo a conciertos, a Casa Patas, al Teatro Albéniz. Era un territorio fascinante e insólito para mí».
El periodista y poeta recibe el Castillete de Oro, el galardón del gran festival del verano flamenco, al que está ligado desde que era adolescente y su padre lo llevaba desde Mazarrón. «He reído, he escuchado, he aprendido y he asistido a escenas impresionantes»
Al hablar del Festival del Cante de las Minas de La Unión y del flamenco que allí descubrió, el poeta y periodista Antonio Lucas tiende a mezclar sus recuerdos con el tema de la amistad. Primero, la amistad aparece como si fuera el sujeto omitido de la oración. Lucas cuenta que su padre, el pintor José Lucas, lo llevaba a escuchar flamenco a La Unión desde la casita familiar de la playa en Mazarrón, «a 40 minutos de coche», y que él vivía aquellos conciertos con estupefacción, como una revelación. Después, al volver a Madrid, Lucas descubría que ninguno de sus amigos del instituto tenía mucho interés por el cante, de modo que el flamenco se convertía en una obsesión secreta y solitaria. «Iba solo a conciertos, a Casa Patas, al Teatro Albéniz. Era un territorio fascinante e insólito para mí».
Después, al principio de la vida adulta, Lucas empezó a publicar poesía y frecuentó a los escritores Félix Grande y José Manuel Caballero Bonald. Éste último lo considera su maestro y amigo en la literatura y en el flamenco. Lucas empezó también a trabajar en EL MUNDO. Entonces, ocurrió que regresó a La Unión y que lo que había sido soledad se convirtió en todo lo contrario.
«A partir de los 22 o 23 años, más o menos, el periódico me envió a La Unión cuatro veranos seguidos para hacer reportajes sobre el Cante Minero. Y ahí ya me acuerdo de ir a El Vinagrero, que es un restaurante de magias flamencas alucinantes desde 1910. En El Vinagrero he reído, he escuchado y he aprendido. He gozado de ChanoLobato y de Enrique Morente, he asistido a escenas impresionantes para un periodista y para un aficionado. El flamenco se convirtió en un territorio de alegría», cuenta Lucas.
La amistad está también en el trasfondo de la noticia de esta semana: la banda de rock Viva Suecia y el periodista y poeta Antonio Lucas han recibido el Castillete de Oro, el galardón con el que el certamen reconoce a personalidades que han contribuido a difundir la cultura flamenca y la historia de El Cante de las Minas. Yerai Cortés, Camilo José Cela, Cristina Hoyos, Carmen Linares, Pepe Habichuela, María Pagés, Sara Baras o Paco de Lucía están en el palmarés del Castillete de Oro.
En estos años, Lucas ha correspondido a la amistad que le ha ofrecido La Unión.«Los carteles del festival tienen mucha tradición. Tàpies, Miró, Ramón Gaya, Miquel Barceló… Todos ellos han hecho carteles para El Cante. Y yo he colaborado en que el festival contactara con artistas que también eran amigos: Martín Chirino, Cristina Iglesias, Eduardo Arroyo, Manolo Valdés… Todos dijeron que sí».
Algo más sobre la amistad: al hablar del los cantes mineros, Lucas nombra a Antonio Parra, que es su tocayo y su colega, «poeta y periodista», y «una de las personas más exquisitas con quien hablar de flamenco. He aprendido mucho de él. Bueno, en realidad de todo el pueblo de La Unión, al que le estoy agradecido por el cariño que me han dado desde que era un crío e iba a aprender. Es lo que sigo haciendo un par de días al año: acercarme para seguir aprendiendo». Ahora con amigos como el senador Paco Bernabé y el alcalde Joaquín Zapata, que cuentan con el apoyo total del presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, impulsor del festival desde la Consejería de Cultura que capitanea Carmen Conesa.
El otro interés obvio de Lucas al hablar del Cante de las Minas es el lugar. O sea, el pueblo de La Unión, 21.380 habitantes, vecino al municipio de Cartagena, famoso por sus explotaciones mineras y por su mercado modernista de 1907. «Este sitio tiene una historia interesante. Atrajo a gente de toda España a partir del siglo XIX, cuando se intensificó la explotación de las minas». Plata, plomo, hierro, cinc. «La minería era dura, pero también dejaba dinero. Llegaron, además, franceses y belgas, geólogos e ingenieros… Lo interesante es que de esa mezcla surgió una cultura abierta, un mundo de tolerancia y diversidad». El flamenco fue la expresión de aquella vida de frontera: los mineros volvían del tajo y se juntaban a beber y a cantar sus fatigas. Así nacieron palos como la minera, la cartagenera, la taranta, la levantica o el fandango minero. Las letras tenían la crudeza de la vida del minero, ese halo neorrealista que, obviamente, remite al blues.
¿Y el Mercado? El Mercado de Abastos de La Unión (1907) es el escenario central del Cante de las Minas. Lucas cuenta que sólo al regresar a La Unión de adulto fue consciente de su peso. La Unión, dice Lucas, es también la liturgia de La Unión, es ese escenario que impresiona e intimida un poco y el ambiente que rodea a los actuaciones… «Hay muchos festivales de flamenco en España y muchos son formidables. El de Jerez. La Bienal de Sevilla…Pero La Unión es diferente».
-¿Ha escrito poesía sobre el flamenco o con alguna melodía que remita al flamenco?
– No hasta ahora, pero en el nuevo libro de poemas que entrego en septiembre a Visor, titulado Otra vida, hay un poema que habla del flamenco como una música salvaje, íntima, colectiva, gigante.
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