El escritor Luis Goytisolo ha fallecido este lunes en Vimbodí (Tarragona) a los 91 años de edad, según ha confirmado la Real Academia Española (RAE).
El escritor fue galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas e el año 2013 por su «siempre comprometida búsqueda de nuevos territorios literarios»
En Los Goytisolo, la biografía familiar de Miquel Dalmau (Anagrama), Juan Goytisolo era el príncipe destronado, irascible e inaccesible, el más cáustico de los personajes de la saga. José Agustín era su enemigo y su contrario, era el buen chico formal pero sentimental que jugaba al fútbol, sacaba la carrera año a año, escribía poesía sin comprometerse con ella y caía bien a todo el mundo aunque llevara con su carga de dolor y soledad en secreto. Y Luis, casi 10 años menor, era el niño mimado, adorado por las mujeres de la familia. Era el hermano zumbón que se reía de la rivalidad de sus mayores.
El sufrimiento que para Juan representaba el mundo y la literatura y la distancia un poco mediocrática con la que José Agustín tanteó a la poesía parecían lastres comparados con el caso de Luis, niño prodigio y seductor. Luis Goytisolo ha muerto a los 91 años, sin que esa imagen de encantador un poco vampiresco se rompiera nunca. En su carrera aprecen hitos como la entrada en la RAE, el Premio Nacional de Narrativa y la decisión de la República de Francia de elegir su Antagonía como la novela vehicular para los estudiantes de español.
Niño prodigio, decíamos. A los 18 años, cuando compartía habitación en la fantasmagórica torre familiar de Sarrià con Juan, Luis Goytisolo escribió un libro insólito, Las afueras (1958), un conjunto de nueve relatos suburbanos que se leen como una novela y que cambió el género de la novela social española, del propagandismo al minimalismo. Las afueras fundó otra forma de narrar Barcelona y abrió el camino a la tradición que lleva de Juan Marsé hasta Francisco Casavella y Carlos Zanón.
Barcelona, y más bien Cataluña, son también el centro de Antagonía, la tetralogía que Goytisolo escribió entre 1963 y 1979, que se publicó entre 1973 y 1981, y cuya edición en un solo volumen en 2012 fue el libro 500 de las Narrativas Hispánicas de Anagrama, la editorial de su compañero de clase Jorge Herralde. Esa edición-homenaje permitió entender el valor de la obra: obsesiva, hecha a base de mantras y de miniaturas que se ensamblaban las unas con las otras, sexualizada hasta la repugnancia, burlona y claustrofóbica… Antagonía es una novela tan difícil de explicar a través de un argumento como cualquier otra novela total. Sería mejor decir que fue el equivalente de Tiempo de silencio para la generación de los hermanos pequeños y, quizá, la obra más importante de la contracultura de los 60 y 70 en España.
Se podría explicar de otra manera: el mundo que Juan Goytisolo narraba desde el asco y que José Agustín romantizaba a través de la esperanza y el amor, aparecía en Antagonía en los ojos de un narrador que se desprendía de todo, del moralismo y del sentimentalismo, y que se agarraba al sexo en su camino a la locura.
Algo más sobre Antagonía. Goytisolo empezó a escribir su gran obra en Carabanchel, en la cárcel a la que llegó como militante del PCE y preso político, al lado de Dragó, Mújica y compañía. En realidad, es imposible imaginar a un escritor más ácrata (burlón, caprichoso y hedonista) que Luis Goytisolo, que siempre se refirió cómicamente a aquel encierro.
Cómicamente porque Goytisolo ya había roto con el PSUC cuando fue a la cárcel. «Estuve cuatro meses preso por asistir al VI Congreso del PSUC en Checoslovaquia. Cinco semanas fueron de aislamiento total por la huelga de hambre que originó un interno vasco. Éramos tres en la celda. Yo estuve con el dirigente socialista Antonio Amat, que fue quien consiguió que salieran los papeles [la primera parte de Antagonía], que eran un buen paquete. Por entonces ya habíamos leído El cero y el infinito [de Arthur Koestler] y sabíamos lo que pasaba en la URSS, pero el Partido Comunista era lo único que había, los socialistas estaban en Francia», narró Goytisolo en una entrevista con EL MUNDO en 2019.
«Cuando acabé Antagonía pensé que ya lo había escrito todo y seguí escribiendo, aunque los personajes posteriores ya estaban allí, eran variantes», decía Goytisolo en aquella entrevista. «Si hago algo, será ensayo».
Antagonía fue un texto tan abrumador que el mismo Goytisolo aceptó que sus años de madurez creativa se iban a dedicar a las carreteras secundarias: los ensayos, las fábulas, los libros de viajes… La novelas de autoficción antes de la autoficción como Estela del fuego que se aleja… El mundo de Luis Goytisolo, el de los ajoblancos y la nueva acracia había pasado. Al niño prodigio le quedaba por delante las segunda mitad de su vida, ya no como solista sino como observador.
De Javier Marías se dijo cuando murió que «escribía en europeo». A Luis Goytisolo se le podría atribuir ese mismo idioma imaginario, a pesar de que África fuera una de sus obsesiones. Su obra, con los años, se volvió lo contrario al casticismo anfetamínico de El Jarama de Ferlosio, que al principio fue su ídolo y después fue su némesis. Luis Goytisolo escribió hasta bien entrado en los 80 libros sobre la memoria y sobre el oficio de escribir, textos cada vez más pulidos y reflexivos.
Respecto a sus hermanos, aparentó siempre incomodidad. La aparentaron todos. Pero en la entrevista de 2019 en este periódico aparecía citado un detalle: en su cartera, entre el DNI y la tarjeta municipal de transporte, había dos fotos diminutas en blanco y negro, de aquellas de bordes de sierra; en una aparecían él y su hermana Marta; en la otra estaban Luis, José Agustín, con pantalones de golf, y Juan con su cara de Juan Goytisolo.
La saga ha terminado.
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