¿Sueñan los androides con pagar la hipoteca?

El detective que interpreta Harrison Ford en Blade Runner, ¿qué tal llega a fin de mes? No lo sabemos a ciencia cierta, la mayor traición que hizo la película de Ridley Scott a la novela original de Philip K. Dick fue sustituir la miseria de los protagonistas por un irresistible glamour futurista. En la novela, Deckard acepta un trabajo que pone en peligro su vida para comprarle un capricho a su esposa con la esperanza de que la ayude contra la depresión. En la película, el protagonista es un antihéroe clásico de novela negra: autosuficiente y descreído por fuera, enamoradizo y noble por dentro. No es un reflejo de nuestras angustias ante un futuro incierto, sino una fantasía en la que el público masculino llevamos proyectándonos desde los tiempos de Raymond Chandler.

 Cyberpunk 2077 y Edgerunners son dos obras maestras que convierten a Pondsmith en el George Lucas de la franquicia más sofisticada y relevante a estas alturas del siglo  

El detective que interpreta Harrison Ford en Blade Runner, ¿qué tal llega a fin de mes? No lo sabemos a ciencia cierta, la mayor traición que hizo la película de Ridley Scott a la novela original de Philip K. Dick fue sustituir la miseria de los protagonistas por un irresistible glamour futurista. En la novela, Deckard acepta un trabajo que pone en peligro su vida para comprarle un capricho a su esposa con la esperanza de que la ayude contra la depresión. En la película, el protagonista es un antihéroe clásico de novela negra: autosuficiente y descreído por fuera, enamoradizo y noble por dentro. No es un reflejo de nuestras angustias ante un futuro incierto, sino una fantasía en la que el público masculino llevamos proyectándonos desde los tiempos de Raymond Chandler.

En 1988, Mike Pondsmith publicó Cyberpunk 2013, un manual con toda la información necesaria para organizar un juego de rol ambientado en un futuro sombrío que, a priori, parecía un calco del de Blade Runner. En realidad, la obra de Pondsmith tiene un calado político cuya vigencia se ha multiplicado década a década, adelantando por la derecha a todas sus fuentes de inspiración.

En su universo, la tecnología es tan avanzada que las emociones viajan en disco duro, el cuerpo es un soporte que alberga electrodomésticos, juguetes eróticos y armas de fuego y el cerebro es un sistema operativo que se puede actualizar al gusto. Pero sus personajes están aplastados por deudas económicas, el deterioro mental y una esperanza de vida rídicula. No existen servicios públicos ni normas de convivencia porque no existe autoridad por encima de las empresas que han privatizado cada milímetro de la experiencia humana. El contrato social ha sido sustituido por un millón de suscripciones.

¿Qué posibilidades tenía un producto así de convertirse en un imperio multimedia? Sabemos que la industria del entretenimiento anglosajona está dispuesta a franquiciar todo lo que sea popular y pueda apelar a un público de todas las edades, pero el universo de Pondsmith no es ninguna de las dos cosas. Menos mal que existe Polonia, capital europea de la ciencia ficción. El prestigioso estudio CD Projekt Red, cuyos directivos se obsesionaron con Cyberpunk 2013 de adolescentes mientras el régimen soviético daba sus últimos coletazos, son los responsables de Cyberpunk 2077, un videojuego monumental protagonizado por Keanu Reeves e Idris Elba, y Edgerunners, serie de animación japonesa cuya segunda temporada acaba de estrenar Netflix. Son dos obras maestras que prolongan la obra de Pondsmith sin domesticarla ni un milímetro, convirtiéndole en el George Lucas de la franquicia más sofisticada y relevante a estas alturas del siglo.

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