Una pantera rosa para gobernarlos a todos

La multitud se protegía del frío chorro a presión mientras ella se alzaba, triunfal, los dos dedos corazón en alto con la misma gloria forzada con la que Trump alzó el puño aquella vez que una bala le rozó la oreja. En otro sketch, escapaba a la carrera de la manguera de los CRS, los antidisturbios franceses. Una tercera imagen la captaba justo en el momento en que una porra le golpeaba el abdomen, y su historia alcanzaba el clímax cuando dos policías la portaban en volandas, detenida, con su esponjoso traje hecho añicos en contraste con el doradísimo escaparate de Louis Vuitton que ejercía de fondo.

 «Lo verdadero es un momento de lo falso», advirtió Guy Debord hace más de medio siglo, cuando lo viral todavía se vendía impreso en el quiosco. ¿Qué pensaría si levantara la cabeza y se diera de bruces con el beso que se marcaron Pedro y Begoña el sábado en Fuenlabrada? ¡La fuerza del amor!  

La multitud se protegía del frío chorro a presión mientras ella se alzaba, triunfal, los dos dedos corazón en alto con la misma gloria forzada con la que Trump alzó el puño aquella vez que una bala le rozó la oreja. En otro sketch, escapaba a la carrera de la manguera de los CRS, los antidisturbios franceses. Una tercera imagen la captaba justo en el momento en que una porra le golpeaba el abdomen, y su historia alcanzaba el clímax cuando dos policías la portaban en volandas, detenida, con su esponjoso traje hecho añicos en contraste con el doradísimo escaparate de Louis Vuitton que ejercía de fondo.

«La caída de un héroe», comentaban las redes, ese escenario paralelo que decide, más a menudo de lo que debería, lo que existe y lo que no. Ardía París y todos hablaban de la Pantera Rosa… hasta que los medios, en su inefable ánimo por aguar la fiesta, revelaron que nunca existió: había sido cosa de la IA. Qué mas da, la imagen ya había dado la vuelta al mundo. ¿Cómo no nos íbamos a solidarizar todos con un dibujo animado?

«Lo verdadero es un momento de lo falso», advirtió Guy Debord hace más de medio siglo, cuando lo viral todavía se vendía impreso en el quiosco. ¿Qué pensaría el filósofo francés si levantara la cabeza y se diera de bruces con el beso que se marcaron Pedro y Begoña el sábado en Fuenlabrada? ¡La fuerza del amor!

La sociedad del espectáculo necesita más madera, no nos vaya a dar por leernos un programa electoral… Y si no, que se lo digan al ministro Óscar Puente, agitador en jefe del sanchismo, que ya desde la promo de su entrevista de anoche con Marc Giró tuvo a bien encender los ánimos de propios y ajenos con una broma sobre el cochambroso estado de la Renfe mientras bailoteaba en un ascensor.

Él mismo sabía que lo suyo era puro funambulismo sobre la fina línea que separa venirse arriba de cagarla estrepitosamente: «Si sobrevivo a esto…», comentaba el vídeo en su perfil de Twitter (perdón, X), manual de agitprop donde los haya.

Que Pedro Sánchez es el mejor sobreviviendo a su propia muerte es a estas alturas una obviedad. El arranque de una campaña con todas las hipótesis abiertas y el pueblo hasta las narices de pagar el pato para que otros se den la gran vida (leo que Iván Redondo, poco menos que acampado en Sol de puro indignado, pagó durante 14 años un alquiler social por un piso de lujo y me muerdo el puño para no correr a acamparme yo también) deja claro que la diferencia la marcará quien mejor domine el show. En Moncloa ya están preguntando si alguien conoce a la Pantera Rosa…

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