Cantaba Mari Trini «yo no soy esa que tú te imaginas. Una señorita tranquila y sencilla». Y nunca la realidad estuvo más cerca de la letra de una canción, porque detrás de la mujer que posaba desnuda en el Interviú para la fantasía de los hombres, se ocultaba una mujer lesbiana que vivió 40 años con su novia Claudette, escondiéndose para que su carrera no cayera en picado. Ninguna somos esas que el resto imagina.
Que sirva la historia y la letra de Mari Trini para atestiguar que hubo una época (no hace tanto) en la que, si querías triunfar siendo mujer, tenías que generar ficciones en las fantasías de los hombres
Cantaba Mari Trini «yo no soy esa que tú te imaginas. Una señorita tranquila y sencilla». Y nunca la realidad estuvo más cerca de la letra de una canción, porque detrás de la mujer que posaba desnuda en el Interviú para la fantasía de los hombres, se ocultaba una mujer lesbiana que vivió 40 años con su novia Claudette, escondiéndose para que su carrera no cayera en picado. Ninguna somos esas que el resto imagina.
Que sirva la historia y la letra de Mari Trini para atestiguar que hubo una época (no hace tanto) en la que, si querías triunfar siendo mujer, tenías que generar ficciones en las fantasías de los hombres.
Ahora que la bola se está haciendo grande (me refiero a la historia de María Jesús Marhuenda Irastorza, que ha llenado los titulares culturales esta semana tras la publicación de La bola de Daniel Verdú) y ahora que su figura ha levantado todo tipo de críticas, he vuelto a recordar a Mari Trini y a Mata Hari y a tantas mujeres que tuvieron que ocultarse o utilizar un seudónimo o la seducción o cambiar sus vidas para conseguir hacerse un hueco en un mundo donde solo podían ser siendo musas o amantes.
A mí la historia de María Jesús Marhuenda Irastorza, la fundadora de la revista Jot Down, que se creó el personaje de una rubia italiana despampanante, Mar de Marchis, para seducir a unos cuantos escritores de renombre y hacer que escribieran para ella gratis, convirtiendo una publicación casera en una revolución cultural, me parece fascinante. Y aplaudo a la mujer con agorafobia que estuvo detrás de tremenda estafa divina.
Y ahora estamos las que nunca recibimos ni recibiremos ya una llamada de Mar de Marchis, como los escritores que nunca fueron contactados por Carmen Barcells o Esther Tusquets, otras dos grandes fabuladoras y aduladoras que consiguieron todo lo que se propusieron y cambiaron la industria literaria en España. Creo que hay un antes y un después en esto.
María Jesús Marhuenda, Mar de Marchis para los amigos (y los enemigos), generó un espacio para que las historias y las ficciones de los otros brillaran cuando la más interesante era la suya propia. Nada de lo que se publique o se revele en Jot Down podrá superar nunca la historia de su creadora. Y así es como nace y muere una revista, supongo.
Todos seguiremos sin saber quién fue realmente María Jesús Marhuenda, pero, como mujer metamórfica que puede ser lo que cada uno queramos que sea, si me preguntan a mí diré: esto es lo que fue, una reina.
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