El Festival de Cine de Venecia regresa con más política, menos Hollywood, una sola directora y la pareja Penélope Cruz-Javier Bardem

Dos argumentos mayores han presidido la celebración de los últimos certámenes internacionales de cine: la prevención de Hollywood, cuando no miedo, y el exquisito cuidado de las estrellas, cuando no miedo, a hablar de política. De política en general y del genocidio de Gaza en particular. La ola empezó en la Berlinale, donde desde las presidencias, sea la del jurado sea la del propio festival alemán, se previno a la prensa sobre su cansina insistencia en eso de preguntar sobre lo que pasa en el mundo. Meses más tarde, Cannes sorprendía con una programación en la que Hollywood en general hacía mutis por el foro. La edición número 83 de la Mostra veneciana ha tardado menos que nada en volver a congregara a los dos argumentos de moda. Primero, con el anuncio de la sección oficial, donde brillaban por su ausencia algunos de los títulos más esperados de la temporada (por ejemplo, faltaban nombres tan ligados al certamen como el de González Iñárritu que pronto estrenará Digger con Tom Cruise como protagonista). Y después, con una polémica surgida de la nada con el anuncio oficial de que por primera vez en su historia y «por problemas de agenda» no habría rueda de prensa de presentación del jurado. Cerocoma tardó el equipo del presidente Alberto Barbera —en cuanto la noticia empezó a ser repicada al lado de emoticonos con la cara roja— en desdecirse. Hablamos de un tribunal presidido por la comprometida e inquieta cineasta Maggie Gyllenhaal y con la tunecina Kaouther Ben Hania, directora de La voz de Hind, entre sus miembros. Hablamos de una cita tradicionalmente política. Vuelta a la casilla de salida.

 La reciente decisión de la Mostra de, primero, anular y, luego, volver a programar la rueda de prensa del jurado protagoniza el arranque de un festival ignorado por los grandes estudios de Hollywood  

Dos argumentos mayores han presidido la celebración de los últimos certámenes internacionales de cine: la prevención de Hollywood, cuando no miedo, y el exquisito cuidado de las estrellas, cuando no miedo, a hablar de política. De política en general y del genocidio de Gaza en particular. La ola empezó en la Berlinale, donde desde las presidencias, sea la del jurado sea la del propio festival alemán, se previno a la prensa sobre su cansina insistencia en eso de preguntar sobre lo que pasa en el mundo. Meses más tarde, Cannes sorprendía con una programación en la que Hollywood en general hacía mutis por el foro. La edición número 83 de la Mostra veneciana ha tardado menos que nada en volver a congregara a los dos argumentos de moda. Primero, con el anuncio de la sección oficial, donde brillaban por su ausencia algunos de los títulos más esperados de la temporada (por ejemplo, faltaban nombres tan ligados al certamen como el de González Iñárritu que pronto estrenará Digger con Tom Cruise como protagonista). Y después, con una polémica surgida de la nada con el anuncio oficial de que por primera vez en su historia y «por problemas de agenda» no habría rueda de prensa de presentación del jurado. Cerocoma tardó el equipo del presidente Alberto Barbera —en cuanto la noticia empezó a ser repicada al lado de emoticonos con la cara roja— en desdecirse. Hablamos de un tribunal presidido por la comprometida e inquieta cineasta Maggie Gyllenhaal y con la tunecina Kaouther Ben Hania, directora de La voz de Hind, entre sus miembros. Hablamos de una cita tradicionalmente política. Vuelta a la casilla de salida.

Así las cosas, ¿qué cabe esperar del festival que desde hacía ya unos cuantos años se había convertido en la rampa de lanzamiento utilizada por los grandes estudios para la temporada de premios? Que no cunda el pánico, tampoco conviene exagerar. Faltan nombres, sí, pero los que hay prometen. Y su promesa mira tanto a las alfombras rojas que vendrán como a la algarabía política que, en efecto, sigue ahí. De entrada, y por empezar por lo que aquí, la representación española corre a cargo de los más internacionales de los actores de acá. Javier Bardem y Penélope Cruz vuelven a trabajar juntos en Búnker. La última vez que lo hicieron fue a las órdenes del iraní Asghar Farhadi en Todos lo saben. Esta vez lo hacen con Florian Zeller como director. El responsable de El padre y luego El hijo insiste en los dramas claustrofóbicos encerrados en los estrechos muros de la familia. Se cuenta la historia de un magnate tecnológico empeñado en la construcción del búnker del título. La película da para hablar de cine, de interpretación, de Musk, de Trump y, apurando, de Gaza. Más no se puede pedir.

A su lado, la primera línea de la sección oficial se antoja lo suficientemente inquieta y vibrante para hacer trabajar a las glándulas salivales. En primer lugar, destaca la nueva propuesta de Martin McDonagh tras Tres anuncios en las afuera y Almas en pena en Inisherin. Wild Horse Nine, con Sam Rockwell, John Malkovich, Steve Buscemi y Tom Waits en el reparto, es un viaje al fondo de la derrota que, a su modo, recupera algunos de los temas estrella de la cinematografía del director: la amistad masculina, la traición, la culpa y el perdón. Y como telón de fondo el golpe de Estado en Chile de 1973.

Le siguen de cerca, Ink, de Danny Boyle, que además inaugura el certamen; Bucking Fastard, de Werner Herzog; Primetime, de Lance Oppenheim, y Company, de Casey Affleck. En el primer caso, Jack O’Connell y Guy Pearce reconstruyen en la piel de Larry Lamb y Rupert Murdoch respectivamente, el nacimiento del diario sensacionalista The Sun en tiempos de bulos en línea. En el segundo, el director alemán junta a las hermanas Rooney y Kate Mara en una historia que deja pocas dudas: «En busca de una tierra imaginaria donde el amor verdadero es posible, comienzan a cavar un túnel a través de una cordillera». 100% Herzog. En el tercero, Robert Pattinson da vida a un periodista que se adentra en el mundo del crimen organizado y revoluciona la televisión. Y en el cuarto, el menor de los Affleck estrena su tercera película como director en la que destaca la presencia de un gigante como Nick Nolte.

Digamos que esto es lo que tiene que ofrecer el lado más esquinado y menos evidente de Hollywood. El otro, el de las grandes firmas, lo único que ofrece es música. De la mano de Disney, los hermanos Gallagher, Liam y Noel, recopilan los mejores momentos de su gira tras 16 años sin hablarse. Don’t Look Back in Anger quiere ser una experiencia al menos tan catártica como la propia reunificación familiar servida en formato IMAX y firmada Dylan Southern y Will Lovelace. En su interior, el momento más esperado: la primera entrevista conjunta de la pareja en más de 25 años.

En el resto de la sección oficial no faltan nombres propios, y más propios de Cannes, como el italiano Nanni Moretti (Sucederá esta noche), el japonés Hirokazu Kore-eda (Look back) o el coreano Lee Chang-dong (Un amor posible). Y todos ellos, al lado de propuestas tan abrasivas y de natural polémico como el megadocumental de casi cuatro horas de duración de Alex Gibney sobre Elon Musk; el nuevo trabajo de los responsables del documental No Other Land (Yuval Abraham y Rachel Szor) sobre la expropiación de tierras al pueblo palestino por parte de los colonos judíos en Cisjordania que atiende al nombre de NAZA, o la terecera entrega de DAU. Hablamos del monumental proyecto del antes ruso y ahora alemán Ilya Khrzhanovsky en el que invirtió más de dos años para retratar en toda su crudeza la herida aún abierta del estalinismo y de hiriente actualidad, valga la redudante sangre, en la Rusia de Putin. Y así.

Y entre tanto nombre de prestigio y mucho postín –lo habrán notado– un dato para la vergüenza: entre las 21 películas que optan al León de Oro, solo una mujer figura en el apartado de dirección: La danesa de origen egipcio May El-Toukhy, que compite con su película Woman Unknown.

Y dicho el dato menos lustroso y menos digno, hay más. Siempre lo hay. El volcánico Russell Crowe vuelve a dirigir para exhibirse como, atentos, músico en What Love Builds; Paul Schraeder nos habla de la muerte en Basics of Philosophy; Kornél Mundruczó junta a Ellen Burstyn, Taika Waititi y Pamela Anderson en Place to be; Andrea Pallaoro rueda el último guion de Bernardo Bertolucci con Alicia Vikander y Susan Sarandon bajo el título de The Echo Chamber…Y en los puntos suspensivos quedan, entre otros, George Clooney que se acerca a Venecia por enésima vez a recoger su León de Oro a toda la carrera; Gael García Bernal que presenta Hombre al agua, su tercer largometraje como director, y la propia Maggie Gyllenhaal que además de presidir el jurado estrena un cortometraje sobre Marilyn Monroe titulado Flesh Impact. ¿Quién dijo que no había estrellas? ¿Y quién dijo que estrella es un sustantivo femenino?

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